viernes, 7 de noviembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

                                      



(CAPÍTULO XXVIII)

                Ella se mantuvo bajo su voluntad y, la de él, con la espalda a una de las hojas de la ventana. En su piel se podía apreciar un mapa de marcas rosadas que se impregnaron desde la cintura a los hombros por la presión continua que hacía el joven para no disminuir el ritmo pélvico. Estas marcas de batallas deseadas se disfrutan con todos los chacras abiertos.
                Un silencio. Una pausa. ¡…….! El pene fue directo al exterior. Ella enredó sus brazos sobre los hombros de él y esperó una explicación. El joven no dijo nada. Con un impulso la levantó. Los brazos se desataron. Ella se vio en el aíre. Flexionó algo más las rodillas y esperó que la joven aterrizara por su peso sobre sus muslos. Él se aferró a cada una de las agradecidas nalgas de ella y acomodó el cuerpo de la mejor forma posible. De modo previsor las piernas de la joven se enroscaron en las piernas firmes de su amado. Él a horcajadas. Ella igualmente pero sobre él. Los dos unidos. Anudados. Uno frente al otro. Se miraron. Esperaron una reacción. Silencio. Cada músculo callado, pero tenso. En ella se avistaba curiosidad. En él perversidad. Algo estaba pasando. Pensó la joven. Nada. La calma. La pausa. ¿La tregua?
                Algunos minutos pasaron. Varios. Pero posiblemente no muchos. En una boca los dientes quedaron asequibles. En la otra estos mordieron los labios. Una respiración profunda. Aletargada. Pero justa en su medida. Sin ser guiado, la cúspide del falo del joven acarició los bordes externos del resquicio de la chica. Un jadeo. El ojo izquierdo de ella le hizo un guiño. El pene se retiró. Un lamento. La vagina comenzó su juego provocativo. Se dilataron sus pliegues y se contrajeron ante la mirada atónita de su amante. El pene comenzó a cimbrear bajo su libre albedrío. Y con un movimiento oscilatorio, adivinó la entrañable entrada maternal. Ella pronunció aún más la pelvis. Él se retiró. Nuevamente fue a la carga. Solamente la punta. Una ínfima parte miró al interior ardiente y jugoso. ¡Nuevamente se retiró!
                Una y otra vez como interminables fotogramas, el joven introducía y extraía su pene de la vagina de la amada. Al principio ella se lamentó, pero con la continuidad descubrió el sentido lúbrico de la situación. También él descifró el placer que andaba buscando en todo este tiempo, y siguió con su estrategia hasta agotar la mayoría de sus fuerzas. Sin orientarlo penetraba continuamente, por sí solo. Le introducía un ápice y, ella lo esperaba con todos sus ligamentos y nervios contraídos para que el visitante no se adentrase nada más que lo necesario, lo justo para un diminuto abrazo y, nuevamente a empezar. ¡Así, una y otra vez lo sacaba y metía! Los mismos milímetros dentro, pero no las mismas sensaciones que se inducían mutuamente alimentándose con la fricción y las múltiples ideas.
               ¡Yo, el que describe estos sucesos, no me encuentro cerca de la ventana, pero siento que dentro de mí, la vida fluye! ¡Tengo los vigores escaldados solamente al imaginarme que mi presencia  pueda irrumpir en el ventanal! 


CONTINUARÁ……………………………..

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

                                      


                                           (CAPÍTULO XXVII)

                En un día aparentemente normal, con una pareja posiblemente corriente, y en un lugar seguramente cómodo, esta dilatación de la libido se hubiese expresado justamente lo necesario para los interesados; pero estos amantes no llegaban a estar satisfechos, y continuaban con su danza sexual hasta que las energías dejasen de fluir de sus músculos y entrañas.
__ ¡Te estaré haciendo el amor más allá de mi cuerpo y de mis tangibles intenciones! ¡Mírame amor mío, ahora estás contra la pared y cabalgas sobre mi delirante falo que desea descubrir tu infinito mundo vaginal! ¿Te gustan mis palabras? ¡Sé que estás muy cerca del orgasmo pero te niegas a claudicar! ¡Escucha esto que te digo! –el joven que la sostenía únicamente con su pene porque la espalda de la joven se apoyaba a una de las hojas del ventanal, la tomó por ambas muñecas y elevó sus brazos a todo lo largo al mismo tiempo en que la besaba por las axilas. Se regodeó infinitamente en cada una de ellas. Las ungió de saliva. Las examinó con sus dientes. Las mordió con toda intención y esperó alguna reacción por parte de ella para continuar con su persecución placentera. Él estaba dispuesto a rebasar los límites establecidos porque en su éxtasis no contemplaba el final-- ¡Te bañaré de humedades y espumas aunque estas últimas no vengan del mar! –Le habló él muy pegado a la cara de la joven. Ella no lo escuchaba, gemía profundamente y desgastaba su espalda una y otra vez contra la hoja de madera del ventanal. La besó en la boca y con su lengua continuó camino hasta la oreja. Una vez allí le dijo-- ¡Solamente deseas sacarme todo el semen que guardo para mañana! ¡Eres insaciable! --ahora le tocaba a ella sentir el efecto delirante de las palabras. Él se complacía con el morbo que desprendía el cuerpo de su amada; pero necesitó una fuerza extra para sostenerla sin que los dos rodasen al suelo. Ella nada más escuchar el susurro de los vocablos al oído, su cuerpo, y en especial su cadera, comenzó a convulsionar intensamente en cualesquiera direcciones. La lanzaba hacia delante, a la izquierda, detrás, a la derecha, hasta formar un círculo cada vez más amplio alrededor de su pelvis. Cuando su ritmo comenzaba a ser monótono, variaba la dirección del movimiento y emprendía nuevamente la formación de la circunferencia amatoria. Él, sabiendo la profundidad de este hecho le dijo con toda intención-- ¡Toma un círculo, acaríciale con lo que puedas, y será, un círculo vicioso! --llegó al punto que esperaba la amante insaciable. Buscaba la extensión de los sentidos, y que el placer emanase de cualquier rincón del cuerpo para confluir en el sexo-- ¡Yo seré el que te detenga en esta ventana! ¡Aquí estaremos, hasta que uno de los dos grite al mar que no puede más porque su avidez se ha satisfecho!  

  
CONTINUARÁ.......................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

                                         




(CAPÍTULO XXVI)


                __ ¡Vamos mi amor, continua, y no te detengas por nada de este mundo! ¡…….! ¡Así……., te dejo mis labios calientes y húmedos sobre tu pelvis! ¿Te gusta? –el joven asintió con la cabeza sin saber en realidad lo que afirmaba. Ahora, en este momento para él todo significaba, sí-- ¡Mírame, voy a dejar en tu piel mis olores para que nunca más vuelvas a respirar otros cuerpos! ¿Dime si te gusta……? ¡...........! ¡Te deseo! ¡Lo siento! –la pregunta regresó con mayor intensidad, y la respuesta fue la misma; él chico afirmó nuevamente, esta vez no con su cabeza, sino con su pene. La levantó en vuelo, y ella sintió en el borde de su clítoris la fortaleza inexpugnable de su amado que se desbocó cual un corcel antes de ser cabalgado.-- ¡Eso es, dame un poquito más, sí, no pares, mira como tiemblan mis piernas; no voy a detenerme! ¡Estoy aquí mi amor para demostrarte que no me rendiré! ¡Estaré junto a ti hasta el fin de las ansías! ¡Escúchame! ¡Si tu potencia por algún motivo flaquea, no me importará! ¡Me has enseñado lo imposible, lo que jamás imaginé que podía llegar, y estoy dispuesta a tener un orgasmo con sólo mirarte, y si no lo logro, lo inventaré de la propia nada! –estas palabras surtieron un efecto milagroso en él, posiblemente el deseado por ella. Ahora, completamente de pie el joven y, con su amada a horcajadas sobre su cadera, no dejó de moverse. Para no perderle por el camino con tanto movimiento, la sostuvo con firmeza por cada una de sus nalgas y, comenzó la danza a lo inexplorado.-- ¡Ves como en cada segundo me gustas más! ¡Tienes el poder de reinventarte en cada intento, y yo, la habilidad de disfrutarte como nunca antes lo han hecho! ¿Es verdad o no? –ella preguntaba, y él respondía sin dejar de bullir, saltar, y agitarse frente al ventanal, que con las muestras de cariño la vieja madera y sus ventanas abatibles, se creían con todo el derecho de ser parte activa de esta interminable orgía. Esta reflexión, posiblemente imaginada, no la dejó al olvido, y colocó las nalgas de la joven sobre una de las hojas abatibles y prosiguió con su ritmo vibratorio esperando una respuesta de su amada.-- ¡Me gusta por el camino que me llevas; pero deseo más! ¡Sí, estoy como tú sabes que he soñado! ¡Entre la espada y la pared! ¡No es la primera vez que lo digo, pero si te siento como la primera vez! ¡Voy a poner mis piernas sobre tus hombros para que me penetres a gusto mi amor! ¡No me dejes de mirar! ¡...........! ¿Dios mío qué es esto? ¡Que delicioso punto de vista! –ella, con la espalda en una de las hojas del ventanal, comenzó desde su postura a levantar las piernas, y él simplemente deslizó las manos que sostenían al cálido trasero de su chica, hasta que las piernas llegaron a sus hombros. -- ¡Ahora nada quedará fuera de mi control! –dijo ella con seguridad absoluta. 

Continuará................................           

EN LA INTIMIDAD

        
             --9--

                 ¡No son papeles, son imágenes fotografías! Asunción oculta entre sus ropas íntimas retratos. Con la toalla alrededor de su cuerpo y varias fotos en sus manos, se deja caer en uno de los bordes de la cama. Eleva el brazo a la altura de su cara y las observa con detenimiento; lo mismo que yo a ella. Mi enfoque visual no llega a tanto, pero por el contorno parecen personas……. Asunción suspira, se inclina, cierra los ojos, y su espalda cae irremediablemente sobre las sábanas. Unas sábanas exentas  de pliegues, porque cuando su marido se levanta cada mañana para ir al trabajo, ella las alisa con la paciencia de un beduino en pleno desierto. ¡Dios! Una de las puntas de la toalla se desprende del improvisado nudo que la mantenía aferrada a sus pechos, y estos, voluptuosamente, salen a flote intentando una decorosa permanencia uno al lado del otro; pero no es posible, se desparrama a la izquierda uno, y el otro, a la derecha. ¡Son hermosos los pechos de la señora Asunción aunque cada uno vaya a su aire!   
                 Esto es completamente nuevo para mí. Asunción, mi vecina, recatada, sobria, beata, y aletargada desde que la conozco, se ha mantenido impoluta de los pies a la cabeza todos estos años. Jamás la había visto con este talante. La ventana del baño la cierra cuando está dentro, y al pasar de este a la habitación, siempre va por el pasillo llevando su eterna bata de andar por casa. Lo único que deja a la vista es la cara, las manos y parte de las zapatillas; pero hoy se ha desatado, y me ha tomado por sorpresa. ¿Cuánta belleza se puede ocultar bajo una insustancial apariencia? ¡Incalculables encantos! Es muy cierto la máxima que versa que las apariencias engañan, y ahora estoy siendo testigo de ello.
                 Tengo la impresión de que Asunción guarda en su memoria, desde mucho antes, las imágenes que componen las fotografías que sostiene su mano; pero aun así, las vuelve a mirar una y otra vez. Creo que desea rescatar hasta el último detalle impreso.
                 Cerró los ojos y, las dejó caer una a una sobre la cama. Al parecer ya no las necesita. Las fotos ahora se hallan dentro de su cabeza, en algún espacio de su memoria.
                 ¡Asunción comenzó a soñar!
                 Apartó lo que quedaba de toalla sobre su piel, y, mis sentidos se conmovieron. Dejó las piernas en franca separación, vulnerables en toda su extensión. Quedando su pubis en el margen de la cama a punto de descender al vacío. Por otro lado, los amplios pechos de la señora Asunción, habitaron el espacio como si fuesen los únicos pobladores del universo. Y qué decir de sus manos, desprendidas y maliciosas andando sin rumbo fijo por su cuerpo. ¿Qué más puedo desear que no fuese continuar mirando? ¡Nada hay más sublime que la soledad de un observador!
                 Un imprevisible rayo de luz irrumpió por la ventana que se hallaba del otro de la habitación, se difuminó sobre el pubis aún mojado de la señora Asunción, y sus ensortijados vellos fulguraron en múltiples colores. El reflejo se expandió, saltó, y su luz rebotó en mis ojos, encandilándolos. Quedé en la oscuridad, en una oscuridad total. Fueron unos segundos apenas, pero me pareció una eternidad. Dejé de ver, y la confusión penetró en mí. ¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy? Las preguntas intentaban formar una cadena al menos lógica dentro de mi cabeza pero no lograron su propósito. Y desde la misma negritud, llegó la señora Asunción a salvarme. La vi frente a mí. Era la primera vez que la olía. Una fragancia extremadamente intensa. Fuerte, acuosa, poderosa, y generosa en esencias. Es como si estuviese olfateando cada uno de los elementos que habitan en la naturaleza.
                 Llegó a mi nariz un intenso olor a salitre, una emoción poderosa de apacibles líquidos. Pude olfatear la solidez de una roca como si estuviese expuesta en varios pedazos, y experimenté una profunda estabilidad en mi interior. Mi pensamiento fue alcanzado por la briza fresca de la razón, y sentí los cabellos de la señora Asunción acariciándome la cara. No dejaban de moverse como si concibiesen una danza sensorial, y me cautivó. Naturalmente que lo hizo. Y por último, mi cara, percibió un intenso ardor, una sensación de calidez penetrante pero al mismo tiempo confortable desde la oscuridad en la que me hallaba habitando, y, plaf……, la luz. Regresó la visión.  
                 Después de tanto tiempo observándola, después de tantas horas dedicadas a su devota figura que jamás me sorprendió, porque en ella, cualquier cosa que hiciese es predecible como la noche y el día; después de todas las vicisitudes y nocturnidades, hoy, ahora, en estos instantes, siento vergüenza de mi comportamiento. Opino que he sido un vulgar mirón, y no tengo justificación alguna. ¡La señora Asunción ha dado un vuelco a mi corazón! ¿Cómo puede ser posible que no la descubriese antes? ¿Y ahora qué debo hacer? ¿Seguir mirándola? ¡No!
                 Dejé mi atalaya y salí de la habitación lo más veloz que pude. Necesito tiempo, tiempo para pensar en lo que me ha pasado. ¿Qué hago? ¿Qué hago? Toda mi investigación como “mirador unificador” ha dado con el traste, he perdido la perspectiva y no sé si eso es bueno o no; pero me es igual, no me importa, después de la experiencia vivida qué más puedo pedir. ¡Ya no me importa el señor Mariano, la fiesta, el…….., un momento! ¡Eso es, la fiesta! Tengo que hablar con el señor Mariano para que lleve a su mujer a la fiesta. De esa manera podré verla de cerca, y hablar con ella.
                 No fue complicado. Le manifesté al señor Mariano que invitase a su señora al encuentro, y así, de esta manera, se sentiría más arropado al compartir con los demás invitados que no conocía de nada, y le pareció estupendo. A él, ya se le había pasado por la cabeza llevar a su mujer, y me lo iba a comentar esa misma noche.
                 El sábado antes de las ocho de la tarde, lo tenía todo controlado. Invité a varios amigos y amigas para que me hiciesen de cuartada; por supuesto, los detalles escabrosos y mis intenciones velas no se las expuse, solamente los suficientes y necesarios para que mi plan funcionase. Preparamos las bebidas, varios platos para degustar, y por supuesto, el proyecto del que le hable al señor Mariano. Unos cuantos folios con una idea central pero no centrada, y otras dispersas por el escrito. Nada en concreto, pero sí con argumentos suficientes para debatir la noche entera si fuese necesario.
                 A las ocho en punto, llamaron a mi puerta. Era el señor Mariano y la señora Asunción. Mis amigos estaban desde antes. Ya los había entrenado en la defensa del proyecto a ultranza para darle un toque de veracidad.
__ ¡Buenas tardes, pasen por favor, están en su casa! –y con un gesto amable los invité a entrar, pero mis ojos no pudieron apartarse de la señora Asunción.
__ ¡Gracias joven! –sentenció el señor Mariano mirando a su alrededor-- ¡Tome, una botella de vino, porque no está bien hacer una visita con las manos vacías! –y me entregó la botella a la vez que pasaba por mi lado en dirección al salón.
__ ¡No tenía que molestarse, pero de todas maneras muchas gracias! –le dije con sinceridad.
__ ¡Y esto también joven, es una tarta de arándanos hecha por mí!
                 Y sin esperar una respuesta por mi parte la señora Asunción dejó caer sobre mis brazos dicha tarta. El señor Mariano había llegado al salón. En el pasillo, en el estrecho pasillo de mi apartamento, coincidimos por primera vez frente a frente la señora Asunción y yo, y lo único que apartaba nuestros cuerpos para que no topasen mutuamente era la dichosa tarta.
__ ¡Muchas…….gracias señora…….Asunción!
__ ¡De nada joven, pero no tiene que llamarme señora, simplemente Asunción!
                Y sentí que varias gotas de sudor bañaban mi frente, mis espaldas, y mis antebrazos.
__ ¿Se siente mal joven?
__ ¡Fernando!
__ ¿Cómo dice joven?
__ ¡Fernando, me llamo…….Fernando…….seño……, perdón, Asunción!
__ ¡Está blanco como el papel, no desea……..!
__ ¡No, no, no es nada, es que aún no ha refrescado!
__ ¡A mí me parece todo lo contrario! ¡Mire!, ¡Me he puesto este jersey por si acaso refresca aún más antes de irnos!
                 No lo pude evitar. Mi cabeza fue invadida por imágenes. Numerosas imágenes, y entre ellas, la más recurrida, los pechos de la señora Asunción, perdón, los pechos de Asunción mi vecina, unos pechos relajados sobre la cama de su habitación que invitaban a sucumbir. La miré, y el jersey, desabotonado, en su totalidad, dejaba percibir debajo una blusa de color blanco. Esta si estaba abotonada hasta el cuello, pero me daba igual, porque yo veía más allá de los tejidos y las apariencias. Ante mí, Asunción permanecía simplemente con su jersey, abierto, dejando al descubierto sus generosas turgencias que observaba con avidez.
__ ¿Podemos pasar? –me preguntó con un tono más bien suplicante.
__ ¡O sí, claro, perdone, es que……., esta semana ha sido muy agotadora, el proyecto, la universidad…….!
__ ¡Lo comprendo jove……., perdón, Fernando, no tiene que disculparse! –me miró, y sonrió con una señal de vergüenza.
__ ¡No se disculpe, es la costumbre, a mí me ha pasado antes!
                 Y amablemente dejé que pasase primero. Cuando llegamos al salón, el señor Mariano, sentado en el sofá, ojeaba el proyecto, y a su alrededor se hallaban mis amigos como moscas en un plato. Tuve la impresión que se encontraba a gusto y completamente relajado. En una mano el proyecto, en la otra un vaso con vino hasta el borde, y en la boca, palabras y más palabras que brotaban de la misma con el ímpetu de un orador en lo alto de una tribuna. El señor Mariano daba la impresión de ser otro. Estaba realmente insultante, seguro de sí mismo, y dispuesto a comerse el mundo y a quien se pusiese ante su destino. Hablaba con la misma seguridad con la que dialogan los que llevan la verdad sobre los hombros. La señora Asunción lo miró inquisitivamente, sus piró, y fue a sentarse en una de las sillas que se hallaba alrededor de la mesa.
__ ¿Desea beber o comer algo señora……? --uno de los amigos encargado de los refrigerio la interceptó.
__ ¡Asunción! --contestó ella.
__ ¿Desea beber o comer algo Asunción? --nuevamente le preguntó.
__ ¿Qué es lo que me ofrece joven?
                 Para no parecer pedante o llamar demasiado la atención, me coloqué en uno de los extremos del sofá aparentando que seguía la disertación del señor Mariano, pero todo lo contrario, mis ojos, mis oídos, y cada uno de mis sentidos, se hallan estacionados en una esquina de la mesa, junto a mi vecina Asunción, que no consigo borrarla de mi mente. Y esa pregunta: ¿Qué es lo que me ofrece joven?, me ha dejado perplejo. Sinceramente me está sorprendiendo su actitud.
__ ¡De beber tenemos zumo, limonada, sangría, y alguna bebida más......., y de picar queso………!            
__ ¿No tiene algo más enérgico para beber joven? –le interrumpió la señora Asunción con una certera pregunta.
__ ¡Bueno! --mi amigo buscó la complicidad en mi mirada, y al no hallar respuesta, porque el primer sorprendido era yo, tomó fuerzas y respondió--¡Hay también cerveza, vino, ron, ginebra, vodka, tequila, y creo que algo más!
__ ¿Cuál de ellas me recomienda como la mejor? --Asunción miró con detenimiento a mi amigo, y al no tener respuesta tomó la iniciativa-- ¡Quiero decir, como la más fuerte!
__ ¿Cómo dice señora?
__ ¡Aquí entre usted y yo, la que tiene más grado alcohólico joven!
__ ¡Ah, le comprendo, le comprendo señora Asunción………!
__ ¡Llámeme simplemente Asunción!
__ ¡Muy bien Asunción, creo que los de mayor grado son el tequila y el vodka!
__ ¡Pues tráigame……., pito, pito, gorgorito, donde vas tan bonito, a la acera verdadera pin, pan, bota, y fuera……., tequila, tráigame tequila, si no le es molestia joven!
__ ¡Naturalmente que no señora……., digo, Asunción, ahora mismo se lo traigo!
__ ¡Un momento joven, cuál es su nombre!
 __ ¡Fernando, mi nombre es Fernando!
__ ¡Gracias por todo Fernando!
                 Nuevamente mi amigo volcó su mirada en mí, pero esta vez me encogí de hombros, qué otra cosa podía respondedle cuando el primero que se hallaba en schok era yo. Fernando tomó rumbo al pasillo para dirigirse a la cocina e ir en busca de la bebida de Asunción, cuando recordó algo, se detuvo, dio media vuelta, y regreso a la mesa.
__ ¿Asunción, lo quiere con hielo o sin hielo?
__ ¡Sin hielo Fernando!
__ ¡En un segundo se la traigo!
__ ¡Gracias!
                 El que necesita realmente un trago soy yo. Esta mujer me está sorprendiendo generosamente. Sin duda no es la misma, no puede ser la misma. La señora Asunción se ha desbocado como una jaca recién herrada, y perdonen la comparación porque no es nada poética, pero el brío que desborda ahora mismo su presencia y su mirada solo es comparable con la vitalidad de un equino en plena libertad. Y no quiero decir con esto que la señora Asunción sea una yegua en celo, pero……., pero, algo sensual, que digo, erótico, la rodea esta noche. Una mujer inversamente proporcional.
                 Cada uno de mis planes, de mis estudios, inclusive, de mis apuntes, en estos instantes no me son válidos, al garete mi investigación de “mirador unificador”, soy un fracaso, ¡no!, soy literalmente un fraude, y no tengo perdón de nada ni de nadie. Lo único que ronda en mi cabeza es la imagen, la sorprendente imagen de la señora Asunción. Poseo un enorme y grandioso deseo por ella, un impío deseo, que no sé muy bien cuál es, pero me trastorna los sentidos y debo encauzarlo antes de cometer una locura.
                 Mariano se había hecho con la situación y era el centro de atención del salón. Se encontraba cómodo, muy cómodo, y entre copas y divagaciones, controlaba hasta las pequeñas pausas. De una cosa me di cuenta. Él, sentía, y es una apreciación personal de mi parte, una curiosa atracción por los hombres que se encontraban junto a él en el sofá. Mis amigos, no sé por qué razón, lo tenían embelesado, y Mariano, con satisfacción, se dejaba cautivar por el momento. Sin embargo las mujeres eran nulas para él, no las escuchaba, ni siquiera las dejaba hablar. Ni una sola vez, al menos las veces en que me acerqué, Carmen, Anita, Marlene, o Susana, fueron centro de su atención. Y a medida que su garganta digería epítetos y licores, su elocuencia se encaminaba más hacia el sexo masculino. Los papeles que sostenía en sus manos, nuestra falsa investigación, dejaron ser motivo de controversia por su parte y se encaminó directamente a la improvisación desmedida. Mariano, como elocuente dialogador, se hallaba cómodo, y yo diría más, realmente excitado, sentado en el centro del sofá, su tribuna, parloteaba y miraba, bebía, parloteaba, y volvía a mirar con insistencia a René, hasta perderse en sus propias incongruencias, en historias que no conducían a ninguna parte. Mariano era feliz, y sobre todo, se había olvidado que tenía una esposa que había abandonado en alguna parte de la casa, pero esto a él, no le importaba para nada.
                 Al fin llegó Fernando con el líquido embriagador. Asunción tomó la copa, la bebió de un golpe de codo, y volvió a pedirle otra a Fernando; pero esta vez le preguntó si no le importaba que fuese con él a por el licor, y Fernando le dijo que al contrario, se encontraba muy a gusto con su presencia y le apetecía conversar y compartir un rato con ella; y así lo hicieron, se marcharon juntos por el pasillo en dirección a la cocina. Y esto no me gustó nada. La señora Asunción al paso de los minutos, se estaba transformando misteriosamente en un ser encantador, sumamente encantador de hombres, o al menos Fernando y yo lo estábamos sintiendo en nuestras propias carnes. Su enigmática aura desde antes, desde mi posición de observador, me cautivó, y ahora, Fernando, que sabía de antemano mis intenciones, se dejó llevar por no sé qué oculto impulso, y me la quería robar impúdicamente.
                ¿Qué estaba haciendo yo postrado en una esquina del salón? ¡Nada! ¡Absolutamente nada! Tengo que ir a la cocina. Tenía la leve sensación de que si me demoraba un segundo más en llegar, Fernando caería irremediablemente bajo el poder de la señora Asunción, que esta noche, al parecer, mostraba una relajación total, y su organismo pedía a gritos beber.
                 Antas de entrar, escuché estentóreas risas desde el pasillo. Fernando emitía carcajadas, y Asunción jadeos continuos que se interrumpían por momentos.

Continuará…………………………..         
       

                  

jueves, 11 de septiembre de 2014

"CELIBATO"

                                                   


                                                              --10--

                 La joven dio unos pasos en mi dirección y se detuvo cuando le faltaba cerca de un metro.
__ ¿Está usted bien? --me preguntó
__ ¡Sí, estoy bien, ha sido un descuido por mi parte! ¡Venía pensando en…..! ¡Últimamente pierdo la cabeza, los pies, y demás partes adyacentes al resto de mi cuerpo! --le dije a la joven que no dejaba de mirarme con el ceño fruncido.
__ ¡Es usted, es……..! --y no le permití que terminase su frase.
__ ¡Sí! ¡Soy un hombre raro joven!
__ ¡No quería decir tal cosa caballero, simplemente…….!
__ Es igual. ¿Trabajas aquí? ¡Qué pregunta más tonta, claro que trabajas aquí, la ropa no engaña! --y ambos reímos.
                 Fue la oportunidad para sin prisas recorrer con la mirada a la joven. Su cuerpo era menudo pero con líneas delimitadas y pronunciadas a pesar del uniforme de trabajo que la mayoría de los casos pertenece a una talla diferente a la persona que lo sobrelleva. La cara es especialmente armónica. Ojos rasgados, mentón firme, nariz respingona sin llegar a ser demasiado pronunciada, frente moderada, y labios profundos y extensos. En la joven había un matiz que la diferenciaba de las demás chicas que han cruzado por mi camino, y esto me estimuló, pero al mismo tiempo me puso en alerta. Voy para seis meses de celibato y es la primera vez que mi alarma interna se ha activado; pero no debo desfallecer. Aunque su belleza en estos instantes me está provocando la psiquis y las partes blandas de mi cuerpo. ¡No puedo relajarme y debo mantener mi posición! La situación es mía, y debo mantener el control en todo momento.
__ ¡Es que andaba buscando un……..! --qué puedo decirle para que su atención hacia mí no disminuya-- ¡Necesito, en realidad lo que quiero es……! --no se me ocurría nada lo suficientemente conmovedor y fascinante-- ¿Tienen semillas de cardamomo, de ajonjolí, o puede que hojas de estragón para condimentar…….?
                 La expresión de la joven fue única. Su cara reflejaba un poema épico. Extasiada y posiblemente alucinada, no apartó en un segundo su mirada de la mía. Con cada una de mis palabras ella experimentaba nuevas sensaciones que no sabía muy bien cómo describir. Por mi parte me encontraba pletórico. Estaba funcionando.
__ ¡Es que esta noche pienso hacer un receta de la India y las especias son fundamentales en este tipo de cocina! ¡Para ellos, quiero decir, para los de la India, el aderezo es fundamental! ¡Los comensales deben salir satisfechos de nuestra casa después de degustar una variedad de platos exóticos y bien condimentados! ¡Es una razón poderosa para venir hasta el mercado y perder algo de tiempo en los pasillos y junto a una encantadora y amable joven!
                 Se lo dije con la mayor creencia del mundo. Mis palabras fueron tan precisan, tan contundentes, y posiblemente tan conmovedoras, que la joven, con una señal de su dedo índice me indicó que la siguiera.
                  Atravesamos la planta baja y nos dirigimos al otro extremo del comercio. Ella iba delante. Yo detrás. Fueron los minutos más sublimes de estos últimos meses en celibato. Estaba disfrutando como un pequeñajo con juguete nuevo. Y aunque en estos instantes era un hombre célibe, mis articulaciones, mis miembros, y mi consciencia, marchaban a pasos agigantados por los interminables pasillos del supermercado con ínfulas de inmortal.  
                 Su manera de andar era, por decirlo de alguna manera, desenfadada, con matices insospechados y con una cadencia irregular implicando cada parte de su estructura ósea y carnal. No me podía dar el lujo de perder ni un sólo detalle. Su pelo, por debajo de los hombros, se balanceaba de uno a otro lado formando figuras en el aire. Los brazos caían a la altura de la cadera y se contoneaban sin una métrica, primero hacia delante, luego al centro, y posteriormente detrás, en una especia de circulo concéntricos hasta topar con cada nalgas. ¡Soy célibe, pero su culo es un portento de ingeniería civil!
__ ¡Puede que lo que busque se encuentre en esta estantería caballero! --y de golpe frenó.
__ ¡Muy bien….! --y sorpresivamente desperté de un sueño bien intencionado.
__ ¡Deseo que halle lo que anda buscando! --tomó aire-- ¡Qué tenga un buen día y una buena noche caballero! --y con un movimiento desenvuelto, giró sobre sus talones dándome literalmente la espalda.
__ ¡Espere! --y mis propias palabras me sorprendieron-- ¡Lo que le voy a decir puede que sea una locura, pero me arriesgaré! --ella detuvo el cuerpo y sus ojos se encontraron con los míos-- ¿Le gustaría probar uno de estos platos esta noche?
                 Un alivio. Respiré profundamente y mi humilde presencia célibe se estremeció.
__ ¿Qué me dice? --respondió ella más que sorprendida, estentóreamente extrañada.
__ ¡Le pregunto si desea compartir estas suculentas hierbas, y demás ingredientes, en variados platos elaborados por mí!
                 Silencio total. Ella no respondió. Se mantuvo callada junto a mí sin saber qué decir o hacer. Al menos no se marchó. Los dos nos miramos. Y la espera se hizo insoportable.   
                  

Continuará............................
fOTOS:ara.


viernes, 5 de septiembre de 2014

¡CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO!




(CAPÍTULO XXV)

                ¡El joven delirante quiso hacer una prueba! Dejó al descubierto su pene vibrante para comprobar hasta dónde estaba dispuesto a llegar con su osadía. Lo sostuvo en su amplia mano para contemplar su aspecto y  de esta manera comprobar si continuaba firme en su propósito. ¡De forma intermitente el semen continuaba fluyendo con el menor esfuerzo! Cerró la mano y lo sostuvo con fuerza para detener el goteo continuo, pero fue insuficiente, porque el espeso líquido no sólo no dejó de brotar, sino que bañó sus dedos sin ningún reparo y con esplendidez. Cada gota se transformaba en una contracción de ardor que brotaba de sus entrañas cada vez que miraba a la joven con las piernas dispersas y los senos perdidos al vacío entre la ventana y la arena de la playa. La disfrutaba con todos los sentidos, porque el olfato mimado se desquició de tanto placer, y pidió ayuda desesperadamente. ¡Alguna gota perdida se deslizó por sus nalgas hasta mezclarse con su selecto vello púbico en dirección al sonrosado orificio vaginal que lo miraba con prorrogados parpadeos!
                ¡Ella frotaba sus pechos en el marco, y olfateaba el mar que jugaba con los dos amantes perdidos en su intransigencia de no volver a la normalidad!
                 Cada uno viajaba extasiado en su vivencia y regresaba para conducir a su pareja por senderos no explorados. La joven se enfadó por la huida del pene de su vagina, y en un principio quiso una explicación, pero al ver al joven frente a ella, sosteniendo en la mano su virilidad, le produjo un placer inconfesado. ¡Estaba rígido y esplendido, con todas las venas brotando de su escasa piel! --¡Es una hermosura! ¡Dámelo!-- Se lo pidió al joven en una especie de súplica, pero su paciencia fue inexistente. Y sin esperar respuesta lo tomó. Sólo entonces se dio cuenta que en la mano del chico había esperma. --¡La voy a saborear, y me la tragaré toda! ¿No sé si comenzar por la mano o tu verga?-- Dos segundos fueron suficientes para pensárselo. Sosteniendo con seguridad el pene, guió al joven hasta el ventanal, y lo obligó a sentarse sobre él. ¡Se alzó a horcajadas sobre el chico y sin pedir ayuda, se llevó el falo flamante a su vagina dilatada que esperaba anhelante al vomitador de encantos nada prohibidos!
__ ¡Ahora no te escaparás! ¡Te voy retener en contra de tu voluntad y no dejaré que escapes al menos por esta noche!
                 Pero no fue suficiente para conformarse con esta acción. ¡Más y más deseaba!
                  Él acomodó su culo sobre la madera del ventanal, he inclinó la pelvis para que absolutamente todo penetrase de lleno y hasta el final, y si se podía, algo más. Ella tomó su mano y la puso ante su cara. Entre dedo y dedo paseó su lengua sedienta, a la vez que cabalgaba sin rumbo sobre su amante. Más que beber se mojaba los labios, la cara, y las mejillas con el flujo milagroso.
__ ¡Ahora me toca a mí derramar los fluidos de mi interior! ¡Voy en busca de una contracción precisa, nunca antes experimentada!

                 No dijo nada más, y comenzó la carrera a lo desconocido.      

miércoles, 27 de agosto de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?





                                                 (CAPÍTULO XXIV)

                El joven tuvo el tiempo suficiente para extraer su pene de la vagina de la desintegrada amada antes de que este eyaculase de una vez y por todas. Con un alarde de maestría la tomó por los brazos y en un solo giro la colocó de frente a la ventana, inclinándola hasta que sus antebrazos se apoyaron en el marco del ventanal. Muy presto, y con una perfecta habilidad apartó cada una de las piernas de la joven para dar paso a su alocado falo que estallaba en esperma de múltiples colores. ¡Un monte de esperma cubrió las nalgas de la chica, que al parecer por sus movimientos de caderas le producía cuantiosa voluptuosidad! Ella continuó en su posición, pero giró la cabeza para ver al joven, y fue justo cuando un chorro de semen se disparó a toda velocidad hasta bañar su rostro. ¡Una considerable agrupación de gotas espermáticas comenzaron a deslizarse por su mejilla en dirección al suelo, pero ella no lo permitió, y antes que una de estas gotas hiciese realidad la unión con la tierra, su hábil lengua la atrapó hasta degustarla como una experta catadora de exquisiteces exóticas! --¡Te voy a dejar seco, hasta la última gota será mía!-- Se lo dijo mirándole a la cara mientras paseaba su lengua por todo el borde de sus labios.
                Él desde su altura contempló las curvas provocativas del culo de la joven y su excitación aumentó sin medida. Despacio, para que el semen no fluyese íntegramente y mantener en lo posible la máxima reserva, fue con su potencia rodando desde el ano hasta un extremo de la abertura de su hermosa concha para introducir nada más que el comienzo del glande, y dejar inmóvil su pene hasta que las aguas por propia naturaleza tomen su obligado curso.
                  ¡Una labor imposible cuando tenemos en los labios la dulce miel!
                Debía ganar tiempo. Tenía que complacer a su amada. Ella le hizo una petición; pero su líquido reproductor amenazaba con hacerse presente en cada uno de los espacios regando vigorosamente exteriores e interiores. ¡Ella deseaba alcanzar un orgasmo en esa posición! El joven había resistido las milésimas de segundos inerte, ahora, lo que corresponde es una entrega sin  límites. ¡Estaban seguros que se prodigarían en la lujuria sin pensar en la existencia de un futuro que les fraccionase las ansias! 
                La penetró con doble gusto y placer. --¡Atraviésame desde atrás, voy abrir aún más las piernas para que entre sin impedimento y llegue a mis entrañas!-- Ella se lo pidió en muchas ocasiones, que la tomase por detrás y la dejase por unos segundos etérea, sostenida únicamente por el instrumento diabólico del éxtasis y de esta forma alcanzar el cielo. ¡Él la complació con el corazón, la mente, las avideces, y cada una de sus moléculas carnales!

                 Desde mucho antes había ido dejando su simiente por todos los rincones del cuerpo de la amada y también de la habitación; pero su potencia continuaba intacta, deseosa de una experiencia al borde del abismo, donde estuviesen en juego sus intimidades y limitaciones. ¡Su falo se negaba a bajar la cabeza, y por su orificio estimulado continuaba emanando germen germinador de pasiones indiscutiblemente interminables!   

CONTINUARÁ................. 

lunes, 11 de agosto de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?





(CAPÍTULO XXIII)


                La joven continuó lamiendo el miembro desbordado de su amante que se retorcía entre sus labios. No poseía el valor y el control para detener los pies descalzos sobre el suelo que se movían sin sentidos. El joven daba la impresión de estar ejecutando un baile ancestral frente a la mujer amada, al mismo tiempo que se apoyaba sobre la ventana que había resistido demasiado el peso de cada una de sus intenciones. Él tomó aire nuevamente hasta desbordar los pulmones, pero esta vez no sintió el fuerte salitre al respirar. Inhaló los sudores de su piel con la saliva que derramaba su amante sobre sus testículos comprimidos. ¡Esta vez se juraron que no opondrían resistencia, y se entregarían sin lamentaciones al diluvio que amenazaba con invadir sus cuerpos hasta arrojarlos a la orilla del mar!
                Ella succionaba, absorbía y chupaba, y él se retorcía, se enroscaba y disfrutaba. Ella dejó de lamer y continuó el trabajo con la mano para así poder hablarle al oído. --¡Me gustaría que me penetrases mirando al mar! ¡Quiero que me conquistes por detrás! ¡No……..! ¡No, ahora no!-- Y para que él no tomase la iniciativa, trocó las palabras por el sólido miembro y lo bañó con sus labios hasta quedar seca su garganta. ¡El ejército de mariposas aleteando sobre el glande se fue transformando en olas marinas que llegaban con su ímpetu y arrasaban con cualquier superficie por muy irregular o rígida que estuviese! Ella mostró todas sus armas. Hincó las rodillas al suelo, instaló sus manos alrededor del culo del joven, y declinó en los músculos del cuello la labor continuada y mágica de, ahora lo veo, y ahora me lo trago. ¡Estuvo algunos minutos interrumpidos masturbando con su boca el falo de su amado! Digo algunos minutos, porque él perdió la noción del tiempo, y sabemos que en estos precisos instantes el malogrado tiempo es relativo.
                Hasta este momento las cosas marchaban a un ritmo. A decir verdad más bien lento; pero marchaba. Los dos disfrutaban de este intervalo como si estuviesen ingrávidos o bajo los efectos de una embriagadora y sensual droga. Sus sentidos y sus músculos se desplazaban con una plasticidad pasmosa, con eternas y sutiles pausas que ellos sentían paradisíacamente milagrosas. ¡Cuando el joven depositó su miembro en el interior de la vagina de la joven todo fue contradictorio! En la punta de su falo sintió el corazón a una revolución deslumbradora, pero las sensaciones externas se manifestaban bajo otras reglas más personales. Ella sintió absolutamente la misma alucinación, los cuerpos se alargaban y se transportaban en el espacio junto a los objetos, a un tempo muy especial. Ninguno de los dos le importó para nada a qué velocidad se movía el universo. ¡La joven notó como el pene se frotaba sobre las paredes de su vagina con mucha insistencia y con percusiones continuas, pero para qué insistir sobre las percepciones deseadas!
                ¡Esto fue hasta ahora! ¡Los sentidos, las ansias, la contención, la pasión, el deseo, los cuerpos vibrantes y calientes, las morbosas intenciones, la libido, las fantasías ocultas, los sudores, los fluidos no controlados, los poros, las miradas, el morbo, la piel, el te quiero, el no puedo más, estoy a punto, te comería de una vez, la mordida en el labio, me corro, me vengo…….., dios mío, qué está pasando…….., plasf, plasf, plasf………, el dámela, espera un momento, no, no………., voy a comértela entera…….., bébetela hasta la última gota, que dura está, muérdela, mira cómo te la pongo, tengo en la punta lo que te gusta, si sigues de esa forma voy a perder los pensamientos y con ellos la cabeza, sí, ambas cabezas, perdón………, no quiero ser grosero ahora, olvídalo………, quiero que disfrutes hasta que no puedas más mi amor, espera, muévete más rápido, ahora, hasta que te quedes seco, ¡sí!, ¡eres mala………..!, ya, ya, ya, ya…….., te quiero, no puedo aguantar…….., coño, ahora viene, ya está aquí, así, sí, sí………….., ¿te gusta?, es tuya, trágatela, no, no, no.........te amo…………….!

               

sábado, 9 de agosto de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?






(CAPÍTULO XXII)

                Los pulmones los tenía impregnados de salitre y de olores múltiples de su amada. El viento entraba de frente por la ventana y su cuerpo desnudo se colmaba de sensaciones desconocidas hasta ahora por él. Apoyó ambas mano en la parte superior del ventanal, mientras ella se deleitaba en la interpretación de una compleja melodía barroca ejecutándola con su instrumento favorito. ¡El joven cerró los ojos y se dejó llevar por los caminos del arte! ¡Un batir de alas de mariposas sintió en su epidermis, en su tersa piel! El viento del sur trajo hasta la costa un ejército de lamparillas multicolores que revoloteaban sobre la punta de su glande produciéndole una sensación indescriptible. ¡Millones de descargas armoniosas entraban de a golpe por cada terminación nerviosa de su falo afinado y presto para el concierto bocal! ¡La joven con una maestría pasmosa, pasaba de la ejecución sublime del instrumento, al dominio cantoral1 ¡Y todo, “a cappella”!
                ¡En realidad no estaba seguro si la elección que había tomado era la correcta o no! Dentro de la vagina poco le falto para perder la cabeza; sin embargo ahora, con el aparato vocal de la joven al completo, podría perder el sentido, la razón, y los testículos. ¡El fabuloso escuadrón de mariposas sobrevolaba con intenciones impías por su verga, y afirmaban que no claudicarían bajo ningún concepto hasta que viesen el mar blanco y espumoso escapar a toda presión por el orificio de su glande! --¿No entiendes que podemos disfrutar un poco más?-- Le dijo a la chica intentando esconder sus vergüenzas entre las piernas. --¿Sabes cómo se llama este movimiento? ¿No? ¡Es el aletear de una bandada de mariposas sobre la luminosidad del espacio!-- Mientras hablaba, la joven ejemplificó con su flexible lengua.
                Con la mano derecha y desde el nacimiento, ella tomó el pene de su amado con decisión y firmeza. Lo mantuvo aprisionado con el aliento justo para que no perdiera la  rigidez o se distrajese con pensamientos nada afines al momento. ¡Ella no deseaba dilatar más el encuentro y pensó que lo mejor era pasar directamente al clímax, aunque su chico fuese el mayor beneficiado de ello! En este instante de tiempo comprendió, que el placer en algunas ocasiones está en ver disfrutar a la persona amada, y no le importaba esperar hasta la tarde, o al siguiente día para disfrutar de un orgasmo pleno. ¡Hasta ahora había experimentado diminutos y constantes orgasmos que electrificaron su cuerpo dejándolo vulnerable pero activo!
            ¡Su piel y sus puntos sensibles comenzaron una evolución sin retorno! ¡Y fue cuando experimentó un sentimiento nuevo que dejó su cuerpo en vibración continua! --¡Amor, creo que estoy sintiendo espasmo por todo el cuerpo! ¡Tengo corriente en la punta de los pezones! ¡Mira como están mis aureolas, el color es más intenso y su tamaño se ha duplicado! ¡Si te fijas en la piel, se notan los poros bien abiertos sin acercarte demasiado! ¡Si ves cómo tengo mí...........!-- El joven no la dejó terminar. --¡Creo que tienes razón, dejaremos los impulsos libres y cuando llegue el momento será el definitivo!-- Los dos deseaban sentir la culminación y vivir  en un solo sentimiento el éxtasis. Él estaba de acuerdo, y ella también, menos en una cosa. --¡Pero antes seguiré con el revolotear de las mariposas, no me gusta dejar las cosas a media, y esto es solamente el comienzo! ¡Después degustaré tus zonas prohibidas hasta encontrar la bendición que tanto he esperado! ¡Cuando termine con mi amplio repertorio te darás cuenta! ¡Te quiero!-- Él no supo que decirle, pero quedó sorprendido por la preparación tan compleja en estos menesteres de su amada. ¡Ella como mismo lo asimiló, lo quiso aplicar frente a la ventana!


 Continuará.................................

martes, 3 de junio de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




(Capítulo XXI)




                En este puntual instante los dos se hallaban conectados por un punto en común de su propio cuerpo, y no deseaban separarse bajo ningún pretexto, aunque este fuese un elemento natural o intencionado que luchase para interponerse entre ambos.
                 ¡Es increíble pensar el alto nivel de sincronización al que pueden llegar a tener dos almas que se encuentran y deciden hacer el amor por vez primera en una ventana!
                 Él movía su pelvis con una intensidad irregular, pero paradójicamente coordinada con la cadera de su amada. Ajustó su pene hasta llegar límite, lo introdujo, y alcanzó el tope de la vagina de su chica; pero deseaba más. Si estuviese en sus manos, invitaría a sus testículos a unirse a la bacanal y que penetrasen por el laberinto sin pausa, con la moral y las intensiones bien encumbradas; pero por desgracia no entraban en los límites de lo posible. ¡Esto no le importó demasiado a él, que continuaba insistiendo como un empecinado buscador de tesoro que había extraviado su mapa, porque en cada pensamiento, volvía a intentarlo!
                Los puntos sensibles de la chica estaban descontrolados por toda su geografía corporal. Su piel, permanecía dilatada y expuesta a los fluidos de su chico, que no cesaba de lamerla por cada espacio. La cara, el cuello,  los hombros, los lóbulos de las orejas, y más, más, y mucho más, hasta que sus hormonas se liberaron del todo esparciéndose por toda la habitación. Un ramillete de estrógenos golpeó los sentidos del joven y lo dejó descolocado, a punto de perder los sentidos.
                 ¡En un impacto llegó a su nariz el bálsamo esperado, y penetró sin permiso hasta los pulmones controlando su respiración! ¡Él sintió que un chorro de esperma intentaba escapar de su interior!
                ¡Ahora no!
                 Se dijo muy seriamente. Aguantó la respiración y detuvo el movimiento de su pelvis, pero ella insistía en continuar.
                 ¡Tengo en la punta una gota que lucha por salir hasta tu vagina!
                 Le dijo a la chica. Ella lo miró y con picardía le contestó.
                 ¡Tengo sed! ¿Me das de beber?
                 Sus palabras fueron un soplo cálido  pero a la vez huracanado sobre las intenciones del joven que en estos instantes había perdido el norte. Palabras provocadoras para un ambiente demasiado caldeado. El joven no quiso pensar, y mucho menos conocer las consecuencias, simplemente deslizó su falo hacia el exterior, pero con mucho cuidado para no provocar un derramamiento innecesario de tan preciado líquido, y solo entonces pudo respirar en profundidad.
                De un salto la chica se puso en pie y con su mano, aprisionó la cabeza de su entrañable amigo erecto, que amenazaba con devolver todo el contenido guardado que se agolpaba en tan escueto espacio. La sostuvo con sus dos manos, y con una habilidad pasmosa la confinó en su boca.
                 ¡No por favor!
                 Le dijo el joven. Ella beso con sus labios mojados la punta del glande y se lo llevo hasta el pecho para que sus pezones jugasen un instante con su vigor.
                 ¿Es que no lo deseas?
                 Le preguntó ella.
                 ¡Lo deseo, pero quiero continuar, deseo que no termine nunca!
                 Le contestó él apretando el esfínter, y pensando en la inestabilidad de la bolsa y la crisis mundial.
                 ¡Cierra los ojos y confía en mí!
                 Fueron las rotundas y certeras palabras de su amada.
                 Entonces él se abandonó, entregando su voluntad a la mujer que no deseaba dejar de amar, para que ella tomase su plenitud desbordada e hiciese con la misma lo que su libre albedrío considerase.


Continuará...............................