martes, 3 de junio de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




(Capítulo XXI)




                En este puntual instante los dos se hallaban conectados por un punto en común de su propio cuerpo, y no deseaban separarse bajo ningún pretexto, aunque este fuese un elemento natural o intencionado que luchase para interponerse entre ambos.
                 ¡Es increíble pensar el alto nivel de sincronización al que pueden llegar a tener dos almas que se encuentran y deciden hacer el amor por vez primera en una ventana!
                 Él movía su pelvis con una intensidad irregular, pero paradójicamente coordinada con la cadera de su amada. Ajustó su pene hasta llegar límite, lo introdujo, y alcanzó el tope de la vagina de su chica; pero deseaba más. Si estuviese en sus manos, invitaría a sus testículos a unirse a la bacanal y que penetrasen por el laberinto sin pausa, con la moral y las intensiones bien encumbradas; pero por desgracia no entraban en los límites de lo posible. ¡Esto no le importó demasiado a él, que continuaba insistiendo como un empecinado buscador de tesoro que había extraviado su mapa, porque en cada pensamiento, volvía a intentarlo!
                Los puntos sensibles de la chica estaban descontrolados por toda su geografía corporal. Su piel, permanecía dilatada y expuesta a los fluidos de su chico, que no cesaba de lamerla por cada espacio. La cara, el cuello,  los hombros, los lóbulos de las orejas, y más, más, y mucho más, hasta que sus hormonas se liberaron del todo esparciéndose por toda la habitación. Un ramillete de estrógenos golpeó los sentidos del joven y lo dejó descolocado, a punto de perder los sentidos.
                 ¡En un impacto llegó a su nariz el bálsamo esperado, y penetró sin permiso hasta los pulmones controlando su respiración! ¡Él sintió que un chorro de esperma intentaba escapar de su interior!
                ¡Ahora no!
                 Se dijo muy seriamente. Aguantó la respiración y detuvo el movimiento de su pelvis, pero ella insistía en continuar.
                 ¡Tengo en la punta una gota que lucha por salir hasta tu vagina!
                 Le dijo a la chica. Ella lo miró y con picardía le contestó.
                 ¡Tengo sed! ¿Me das de beber?
                 Sus palabras fueron un soplo cálido  pero a la vez huracanado sobre las intenciones del joven que en estos instantes había perdido el norte. Palabras provocadoras para un ambiente demasiado caldeado. El joven no quiso pensar, y mucho menos conocer las consecuencias, simplemente deslizó su falo hacia el exterior, pero con mucho cuidado para no provocar un derramamiento innecesario de tan preciado líquido, y solo entonces pudo respirar en profundidad.
                De un salto la chica se puso en pie y con su mano, aprisionó la cabeza de su entrañable amigo erecto, que amenazaba con devolver todo el contenido guardado que se agolpaba en tan escueto espacio. La sostuvo con sus dos manos, y con una habilidad pasmosa la confinó en su boca.
                 ¡No por favor!
                 Le dijo el joven. Ella beso con sus labios mojados la punta del glande y se lo llevo hasta el pecho para que sus pezones jugasen un instante con su vigor.
                 ¿Es que no lo deseas?
                 Le preguntó ella.
                 ¡Lo deseo, pero quiero continuar, deseo que no termine nunca!
                 Le contestó él apretando el esfínter, y pensando en la inestabilidad de la bolsa y la crisis mundial.
                 ¡Cierra los ojos y confía en mí!
                 Fueron las rotundas y certeras palabras de su amada.
                 Entonces él se abandonó, entregando su voluntad a la mujer que no deseaba dejar de amar, para que ella tomase su plenitud desbordada e hiciese con la misma lo que su libre albedrío considerase.


Continuará...............................

miércoles, 7 de mayo de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




(CAPÍTULO XX)

                Estuvieron varios minutos el uno frente al otro. Él la miraba con la intención de que ella no se olvidase de su rostro. Ella lo comprendió al instante, y lo beso en el lóbulo de la oreja derecha mientras una de sus manos se escapaba furtivamente hacia su pene que no dejaba de balancearse en todas direcciones. Por un momento la joven pensó que tenía en sus manos un metrónomo, esos que utilizan los músicos para no perder el compás.  El órgano del joven percutía en dos tiempos, a un ritmo inconfundible de rock --¡Está ardiendo, y siento que desea escapar para perseguirme por toda la habitación!-- Le dijo al oído la joven, y su amado sonrió. Esto le produjo un placer ilimitado al chico, y sin pensárselo, puso su falo sobre el amplio pubis de la amada, para que ella se diese cuenta, que más que un ritmo, él podía interpretar si se lo propusiese, cualquier melodía --¡Esto es una Bossa Nova! ¿Te gusta?-- Le preguntó el joven con picardía. Ella le respondió. --¡Más que gustarme, me apetece moverme junto a él!-- Y las palabras sobraron.
                Se dejaron llevar por la música que se escuchaba en sus sentidos y no repararon en nada más. Ella continuaba en la ventana, con una pierna apoyada en el cerco y la otra colgando, balanceándose con la cadencia de la melodía que escuchaban solamente los dos. El joven se mantenía de frente y sobre ella, marcando con su báculo cada nota, como un experto director de la mayor de las orquestas.
                 El olor del mar invadió a la pareja. Sin pedir permiso el salitre se adueñó de los jóvenes y controló su privacidad. La esencia de lo imperceptible se adueñó de sus intenciones y de sus cuerpos, que se diluían con cada caricia.
                Silencio total. Dejaron de mirarse el uno al otro a los ojos. Solamente se entregaron al instinto de sus órganos. Él no dejaba de moverse y de recorrer con su pene el ombligo, el bajo vientre, y las torneadas entre piernas de su distendida amada. ¡Eso sí, sin detenerse por mucho tiempo en un espacio concreto! A ella le gustaba, pero decidió sumarse al ritmo de su amor. ¡Si el joven movía su potencia a un lado, ella lo seguía con sus labios mojados y expuestos a cada contorno de piel! --¡Ya no te me escaparás! ¡Siento el corazón entre las piernas y está a punto de un infarto! ¡Si piensas que podrás bailar a tu antojo, estás equivocado!--Hablo con el corazón la joven, y entre sus piernas sostuvo su más preciado tesoro a la vez que se aferraba al torso del amado. Con certeza y convicción lo dejó inmóvil.
                El chico estaba atrapado sin posibilidad de una fuga ni por distracción. Los cuerpos permanecían unidos en la ventana. Ella se hallaba sentada sobre el marco, reteniéndolo esta vez con los brazos y las piernas al mismo tiempo por precaución, porque sabía que su amor se movía más que una veleta sin rumbo. Le hizo nuevamente la llave opresora con sus pies y su vagina. Él estaba atado, solamente las manos se escapaban de este dominio. La mano izquierda se apoyó sobre la ventana, y la derecha fue en busca de una de las nalgas de la chica para poderse defender, y porque lo deseaba con plenitud.
                Y fue entonces cuando comenzó el juego. Sin que ninguno de los dos se pusiese de acuerdo. Ella lo retenía, y él intentaba correr. ¡Disfrutaba el uno del otro! ¡Y los dos sin saberlo se amaban de verdad! En uno de los movimientos inesperados el chico giró la cadera de un golpe y su pene se deslizó desbocado hacia el interior de la vagina de su amada.
                ¡Qué sorpresa! ¡Se quedaron inmóviles, y ella recibió el último elemento que deseaba para afirmar que era suyo y que esta vez sería imposible una retirada! --¡Ahora sí estás dentro de mí! ¡Tengo la sensación de llevar entre mis piernas el maná que todos esperamos! ¡Te siento vivo, siento que me penetras los recuerdos y los sentimientos, dejándome ingrávida junto a este mar inagotable! ¡No sabía que tenerte en mis entrañas me diese tanto placer! ¡No te escaparás! ¡Hoy dejaré que tu amigo duerma en mi interior,  y tú, sobre mi pecho! ¡Te amo!
                ¿Dónde estoy? ¡Todo mi cuerpo se agita y no quiero dejarte! Hablaba el joven con su yo oculto dentro del cálido y excitante túnel de su amada. Había penetrado lo prohibido por descuido y en este instante sus terminaciones nerviosas alucinaban por el encuentro sorpresa. Su piel tensa y expandida disfrutaba como un niño, y como ella, deseaba estar a su lado todo el tiempo posible; aunque el cansancio hiciese de las suyas. No se conformó con permanecer en el sitio, y se movió desesperado buscando rincones nuevos. ¡Entraba, y salía de la vagina de la joven! ¡Volvía a entrar, y desde a dentro intentaba encontrar el final del jardín! En cada intento el brío aumentaba y los movimientos se hacían más cortos pero continuos.

                ¡No estarás solo! Afirmó la joven a la vez que se sumaba al ritmo percutido de la pelvis de su amado. 

Continuará................................ 

martes, 29 de abril de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




                                                 
                                                   (CAPÍTULO XIX)

                --¡Te amo!-- Le dijo el joven mirándola fijamente a la cara. No era la primera vez que se lo decía, pero en esta ocasión le confesaba con firmes intenciones que su amor sería por siempre. Deseaba estar junta a ella más allá de lo que su imaginación podía abarcar, y cuando llegase el final de los tiempos, empezar nuevamente desde el mismo principio. Ella saboreaba las palabras de su amado con sumo cuidado para no desperdiciar ni una letra. Desde entonces se había acostumbrado a escucharlas mientras él la acariciaba y jugueteaba con su cuerpo. ¡Cada uno aprendió del otro a entregarlo todo, y a recibir más de lo merecido! Nunca exigieron un te quiero porque lo demostraban en cada espacio del día. ¡Estas horas vividas son la recompensa por su comprometido amor!
                La luz que entraba por el ventanal comenzaba a cambiar. No era un tono de melancolía, más bien una confirmación que el cielo y la tierra estaban de acuerdo con esta unión. ¡El mar los bendecía, la ventana les dio cobijo, y la fragancia del ambiente los transportó por dimensiones desconocidas!
                 Hicieron una pausa para mirarse. Para descubrir en el otro lo que se habían perdido hasta ahora. ¡Los espacios sutiles que guardamos para momentos especiales! ¡Esa diminuta extensión de piel que nunca antes fue mimada!
                Él no tenía noción de hasta qué punto se podía poner de rosada la piel de su amada. Ahora podía observar cada uno de sus poros. ¡Todo era soberbio! Las mejillas con colores difuminados del pálido al rojo dejaban ver una hermosa cara con ojos pícaros y brillantes. Unos ojos que pedían tregua para disponerse a la batalla final. Los dos sabían que lo que estaba por llegar merecía las mejores intenciones y las mayores energías.


sábado, 19 de abril de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




                                               (CAPÍTULO XVIII)


                La boca del joven saltó de la barbilla de la amada con toda intención hasta el nacimiento de sus pechos, pero ante deslizó su nariz por los cuatro puntos cardinales del pecho de la amada para asegurarse que era lo que deseaba desde niño, hasta absorber su piel con intencionados y diminutos mordiscos, concentrándose en cada poro para provocar los colores rosados. ¡La besaba, la olía, la palpaba, y la degustaba con la mirada! Llegó un momento en que se detuvo a contemplarla, descubriendo la belleza que antes no había apreciado. No era la misma, estaba aún más hermosa. Las caricias modelaron su cuerpo y el deseo su rostro. ¡Su intención era disfrutarla más allá del amanecer, hasta que su ímpetu se lo permitiera! ¡Estaba dispuesto a firmar un pacto con cualquier ser mágico y poderoso para mantenerla entre sus brazos, aunque perdiera su alma en el pacto!
                El joven no tenía mucho margen de movimiento, porque la chica se aferró a él como un enajenado pulpo. Lo atrapo, y sin darle tiempo a reaccionar, esparció su fragancia por cada milímetro del cuerpo de su amado para que supiese que no es una broma, que sus intenciones amatorias van en serio. --¡El amor no es solamente hacerlo, el amor hay que sentirlo desde antes, para más tarde experimentar el éxtasis en los sentidos!-- Unas palabras que no dejan dudas de sus inamovibles pensamientos.
                 ¡Pensó que quizás necesitaba algo de margen para que su chico improvisara! Desenroscó las piernas de la espalda del joven y las colocó sobre el borde de la ventana. Una la apoyó en el cerco, pero la otra la dejó balanceándose a su antojo sin llegar a tocar el suelo, pero rosando intencionadamente parte del cuerpo de su amado.
                ¡Ella estaba impresionante sobre la ventana! ¡Tan hermosa que su silueta se fundía con el magnánimo horizonte! Lo miró, y él la descubrió al natural, sin maquillajes y artilugios impostados.
                 La pierna de la chica se movía continuamente como campanas al viento, mientras que el falo del joven marcaba los segundos exactos. ¡Sin duda alguna se habían sincronizados ante la ventana!


viernes, 21 de marzo de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

                                     
 

                                            "EL OLFATO" 

(Capítulo XVII)

                ¡Llenó los pulmones intentando robar todo el oxígeno que rodeaba a su amante, y de un solo golpe respiro su boca y su sudor!
                 La boca del chico jugaba a deslizarse por el rostro de la joven sin miedo al peligro. Con los labios húmedos, producto de todos los fluidos corporales, se dedicó a esquiar desde la frente, hasta la punta de la barbilla de la hermosa doncella. En zigzag la lamía, la besaba, y la chupaba. ¡La estaba disfrutando sin límite de tiempo y sin escatimar recursos! ¡Su vida y sus horas ahora tenían dueño!
                No sabe cómo, pero de tanta entrega se sintió un especialista. --¿Cuál es el secreto para tanto disfrute?-- No lo sabía, pero en realidad no le importaba demasiado. --¡Esto de por sí es especial!-- Se dijo. --¡Porque buscar una explicación, esfuma la magia! ¡Ahora estoy en su barbilla y me voy a lanzar en picada hasta que la piel termine!-- Dicho y hecho, lo cumplió. Extrajo de la boca la lengua, y la depositó sobre el cuello de la chica.
                 ¡Se lanzó!
                Ella no se quedó impasible, se aferró al torso del joven, y con toda intención, le clavó las uñas en la espalda. --¡Así no te escaparás, eres mío!-- Y una amplia sonrisa se vio desde la ventana.
                 Lo había atrapado con sus brazos, pero pensaba que a lo mejor no era suficiente, necesitaba estar segura de que no escaparía. Claro que lo había pensado desde mucho antes. --¡No se escapará si lo rodeo con mis piernas!--
                 Y lo hizo.
                 Sus pies se enlazaron en la espalda, y su vagina cumplió la función de ventosa en el torso del amado.
                 ¡Ahora los dos viajaban sin rumbo, y lo más importante, no deseaban llegar!


¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


                                                  EL OLFATO
(Capítulo XVI)

                ¡Y movió el mundo en su estrecho espacio! ¡Sí que lo movió! ¡La ventana dejó de ser un elemento inerte para cumplir la función de cómplice! La joven, su amado, la ventana, y el salitre marino, se unieron en una danza compacta que amenazaba con no terminar jamás.
                 Los cuerpos sudados se deslizaban armoniosamente en el austero espacio, y el chapoteo de las pieles parecían ventosas implacables que se negaban a continuar haciendo vida por separado.
                 Los torsos desnudos conformaron una escultura única, y las cabezas se movían sin control en busca de una señal de connivencia.
                 ¡Nada estaba pactado, pero todo entregado! ¡Nada estaba previsto, pero sí resuelto!
                 Desde el comienzo del encuentro las sensaciones que estaban viviendo no eran reales. Ella pedía más, y él estaba dispuesto a entregarle lo que no poseía, sin condiciones ni reglamentos. Los brazos de él la sostenían con fuerza, y ella se dejaba llevar. La chica inclinó medio cuerpo al exterior, y el viento creó en su cara una túnica con su pelo. Su voz fue la protagonista. --¡Ahora, por favor, no puedo más! ¡Quiero sentirte dentro de mí!-- Le decía la joven, pero él no deseaba escuchar, estaba dispuesto a dilatar cada minuto, cada fracción de tiempo por miedo a que este justo momento no regresase a sus vidas. ¡Sabía que cuando llegasen al clímax, sería imposible superarlo!
                 ¡Por esto y más, la deseaba poseer sin penetrarla, comérsela de un solo bocado sin dejar huellas, y llevársela consigo hasta el fin de las circunstancias, dónde los ojos de los extraños no hiciesen conjeturas sobre sus intimidades!
                 El joven se imaginó entrando por un estrecho túnel. Un túnel confortable que le incitaba a seguir. Un espacio para no escapar del mismo y recordar los juegos de infancia. Los primeros momentos de vida. El espacio prohibido que deseaba traspasar para quedarse por siempre, con las intenciones de un hechicero.
                 ¡Él permanecía frente a ella como vino al mundo, intentando dominarse, buscando entre los dos un espacio, para que su anhelo no se encontrase cara a cara con el misterio que le guardaba en la gruta! 


sábado, 15 de marzo de 2014

¡CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO!




                   

                                                    "EL OLFATO"

 (CAPÍTULO XV)

                La joven se adueñó de la ventana y de la boca de su amado. Lo retenía contra sus piernas. La cabeza del chico vino a formar parte de un bocado exquisito. Sin avisar, abrió las rodillas en un ángulo mayor de noventa grados. De un golpe, y sin avisar, apoyó las plantas de los pies en la pared de la ventana, proyectó la pelvis hacia delante como un rayo en tiempo de huracanes, y disparó con los músculos de la vagina toda la saliva acumulada aportada por su caballero lamedor.
                 Una mezcla de salitre y fluidos se fundieron en el aire y la cara del joven se pulverizó con la pócima materna. ¡Esto lo detuvo por un instante! ¡Posiblemente quiso ser consciente de este momento especial y guardarlo en el recuerdo por siempre porque no deseaba que nadie le contase lo que experimentó en sus propias carnes! El joven la miró a los ojos simplemente, respiró con profundidad, y sus pulmones se llenaron de aire, pero del aire oculto en las entrañas de su amada. ¡La deseaba con temblores, con el corazón en arritmia, con la piel extenuada y tersa, con su miembro dispuesto a suicidarse por ella para demostrarle que estaba viviendo una ilusión real! --¡Esto es único, y aunque volvamos a intentarlo, seguramente será imposible lograrlo una vez más! ¡Te amo, te deseo tanto que me perdería contigo mar adentro para poseerte en el abismo!-- El joven soltaba las palabras con las letras separadas, con la intención de que no terminasen nunca, para recordarle siempre a su amada, que es especial como la misma ventana y el anchuroso mar.
                  La chica le dijo. --¡Ven!-- Y él aceptó, se incorporó. Ella tenía ante sí a un hombre desnudo, sin pudor a mostrar lo que nunca antes había enseñado. Con su mirada recorrió sin prisas todo su cuerpo, buscando un detalle adverso que al menos le indicase que no lo podía amar con la intensidad con que lo estaba haciendo; pero no lo encontró. ¡Su amado era perfecto!

                 El chico apoyó las palmas de las manos en el cerco superior de la ventana y fue en busca de la boca de la amada. Al comenzar el balanceo de su cuerpo comprendió que eran dos bocas las que debía conquistar. Puso sus labios muy cerca del aliento de la joven y su pene sin pedir permiso rozó la entrada a lo desconocido. No sabía porque, pero se sintió Arquímedes. --¡Moveré el mundo!-- Pensó, y nada más se dejó llevar.

Continuará....................

viernes, 14 de marzo de 2014

¡CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO!


                                                  

                                                     "EL OLFATO" 


(CAPÍTULO XIV)

                Por la abertura de la ventana irrumpía el salitre que golpeaba la espalda de la joven, y de sus entreabiertas piernas, se escapaba el secreto que el joven deseaba esnifar. Sus muslos olían a universo, su piel a concha marina, pero a la recién y despejada concha que se expande de sólo contemplarla. De tanto devenir, de los poros de la amada comenzó a desprenderse minúsculas gotas de sudor que el joven se empeñó en recoger con su dispuesta lengua. --¡Que no termine!-- Se decía una y otra vez para intentar que el tiempo regresase al instante anterior, y así, continuar lamiendo el magnífico cuerpo hasta agotar toda la reserva de saliva y quedar completamente seco.
                 Para sentirla mejor, se apoyó con sus manos en cada una de sus rodillas, y su nariz libremente continuó el camino que le señalaba el infinito aroma de su piel; porque el sexo de su amada, olía estruendosamente a infinito. Era lo que había buscado toda su vida, un sexo que lo llevase a un viaje sin retorno. Estaba pleno en todo su ser y en este momento no deseaba fallar en su intento. Por un instante sintió miedo. No deseaba pensar en el próximo minuto. Hasta ahora el clímax había sido muy alto, y lo único que deseaba era continuar con el temblor que le desencajaba los sentidos y lo alejaba de su estrecho mundo. ¡Deseaba mucho más, y quería saber si su chica estaba dispuesta a seguirlo!
                 Y entonces, sólo entonces, se dio cuenta que lo tenía todo. El mar, la ventana, su amada, y una vitalidad que se le antojaba enorme para la escasa piel que cubría su indomable corcel. Recortó el camino que quedaba entre su nariz y el umbral del paraíso, y acomodando las rodillas en el suelo, despejo con su lengua el diminuto bosque primaveral que velaba al extasiado clítoris que lo esperaba como agua de mayo. Llegó con el salitre impregnado en su boca. Llegó como un imponente festejo, repartiendo lamidos, besos, enjuagues, mordidas, y bautizos. Sintió de muy cerca la vida, el origen, pero también el comienzo de su ser que ahora no era más que dicha. Dejó su lengua libremente para que jugase sin horario de tiempo, para que absorbiese parte de la humedad de las tiernas paredes de su amada, para simplemente desvariar con el chapoteo que produce la mezcla de la saliva con el fluir de la marea vaginal que amenazaba con una inundación sin precedente. Deseaba entrar con sus labios y su boca por el túnel prodigioso de lo desconocido. --¡Me la comería toda, y no daría explicación a nadie de mi conducta!-- Repetía entre demostraciones acuosas.
                 Mientras lamía la inquieta vagina de su amada, su pene marcaba contra la pared, cada uno de los latidos de su corazón.

                 La joven le dijo claramente que esta vez no se escaparía tan fácilmente, y sin decir nada más, lo tomó por la cabeza y lo atrajo a su sexo. Acomodó sus nalgas en la ventana, y de un golpe, cerró sus piernas fuertemente, dejando la cabeza del chico libre de los peligros que acechan en estos tiempos tan inciertos.

¡CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO!





                                                        EL OLFATO

(Capítulo XIII)

                Con los ojos cerrados ella imaginó al viento sobre sus pezones. La brisa del mar llegaba hasta los mismos bordes de sus pechos y sin avisar se arremolinaba en toda la areola y no se quería marchar sin dejar un recuerdo a flor de piel. Una piel que no estaba dispuesta a sostener una caricia más. Esta piel sabía que si el joven la besaba, no podría soportar nuevamente una subida de temperatura. Ardía la piel, ardía toda ella, y desde el marco de la ventana suplicaba con su cuerpo un glorioso y poderoso orgasmo. --¡Deseo un orgasmo, al menos un diminuto orgasmo aunque sea de aperitivo! ¡Un corrimiento de arenas que desplace la ventana hasta el mismo mar!-- Se decía la joven. --¡Un orgasmo que murmure, que deje mi boca en vibración!
                 Ella insistía y le suplicaba a las fuerzas de la naturaleza que el joven no se fuese nunca de su mente y de su cuerpo. Sin llevar la voz cantante en este acto frente a la ventana, se reveló, y con su mano derecha tomó al joven por la cabeza hasta atraerlo a la altura de sus ojos; dejando la mano izquierda libre para aferrarse a su pene con la pujanza de sus cinco dedos. Abrigó el falo con tal poderío, que el glande se extasió hasta ruborizarse en un leve instante. Con firmeza comenzó a mover su mano de un extremo a otro, y cada vez que llegaba al nacimiento del musculo de su amado, imploraba con cada una de sus inquietas fuerzas.  --¡No dejes nada, por favor, dámelo todo, y mucho más si lo deseas, quiero hasta el último aliento de tu ser!-- Seguidamente, y sin tomar aliento, su mano continuó hasta el comienzo del vigor de su amado, y con su dedo índice escudriño el orificio por donde estaba segura que brotaría la sabia que tanto deseaba lamer. --¡Aún es pronto, hay que esperar un poco!-- Pensó. Y para no arrepentirse de los pensamientos que la inundaban, libero al brioso corcel que tenía entre sus manos, invitándolo a cabalgar sin prisas por sus  profundos e íntimos prados. Y mirándole a los ojos, señaló su vagina.
                 Se acomodó en la ventana lo mejor que pudo, y dejó que el viento jugase con su espeso monte, espeso, pero recién labrado.
                 El joven se quedó sin palabras. Esto era lo que más deseaba desde hacía mucho tiempo, y esperaba que en algún momento se hiciese realidad. En muchas ocasiones lo intentaron, pero los detalles se perdían en la inconsistencia sin llegar a ser especiales, sublime. Esa es la palabra. ¡Sublime! No todos los elementos afloran siempre como en esta ocasión. Él pensó que debía aprovecharse de los mismos. --¡No sería más que práctica!-- Y con la misma práctica pensó lograr el virtuosismo.  --¡Es el momento de dilatar este encuentro!-- Y se dejó llevar. Lo percibió en el ambiente, porque el sexo de su amada, olía a infinito.


martes, 28 de enero de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(Capítulo XII)

                                                    El OLFATO

                La ventana sostenía a ambos cuerpos. Del exterior el viento trajo todos los aromas perdidos que fueron a parar en cada uno de los poros de nuestra pareja. La piel en este instante solamente se dejó intervenir y los olores penetraron en cada una de las partes sensibles del joven, que por petición de su amada se mezclaron en un sólo.
                 Él pensó en miles de historias que surcaron su mente, y se dijo ha sí mismo, que debía seguir tomando la iniciativa, y olfatear sus sitios más púdicos. Siguió con su aliento firme, y apoyando las rodillas en el suelo tomó a la joven por la cintura y la depositó frente a él, sobre el cerco de la ventana. Con las manos en las rodillas de ella la invitó a que sus piernas se fueran separando sutilmente para penetrar en el espacio que tanto deseaba, la flamante y extendida vagina que esperaba cualquier cosa que llegase de su amado. Unos labios lozanos que con cada inhalación del joven se relajaban y se contraían. Dejó simplemente la nariz apoyada en el clítoris de la chica y sus sueños se hicieron realidad. El descanso eterno, fue lo que experimentó el joven cuando su cabeza descansó entre las piernas de la afiebrada joven.
                 Ella llenó sus pulmones con el aire que entraba por la ventana, y él lo recibió con mucho gusto desde su posición. La cara se bañó de humedad y la joven se aferró con las dos manos al cabello del chico, y trajo hacia sí su cabeza con la intención de que se tragase todo su ser. La besó, la degustó paso a paso, y su lengua comenzó el viaje por todo el borde de sus entrepiernas. Con su lengua fue peinando cada vello púbico de la joven, hasta dejar al descubierto el centro de su vagina, y mostrar cada uno de los pliegues voluptuosos y armónicos. Y la luz se hizo en el rostro de la chica. En la punta del pene del joven, asomó una gota de esperma impaciente que se deslizó descuidadamente hasta impactar contra el suelo. Llegó y se detuvo, no quiso continuar por precaución, y en calma respiró hondamente.
                 Su nariz continuó por el trabajado monte de venus hasta caer en el pozo de la vida. Llegó al ombligo, y su saliva abasteció este desconocido rincón con cálidas humedades. Ella quería más, mucho más, que la tomase fuertemente con sus manos y no la dejase nunca. La piel de los senos de tanta sensibilidad cambió de matiz, y fue otra. Él la besaba, la sentía nuevamente, la respiraba, la olía, la dominó desde su abdomen. La tomó por la cintura y pensó retenerla con sus manos por siempre. Fue entonces cuando sintió sobre su cabeza un agradable peso, y continuó hasta meter la nariz en los pechos desbordados de lujuria y placer. Se miraron, y a la vez cerraron los ojos, y cada uno sintió a su amado desde su interior.

De esta forma directa y personalizada, el ejemplo de “cómo hacer el amor en un sitio incómodo” (en la ventana-olfato), propicia mejor la comunicación.
                 La narración real, con personajes verídicos, facilita el mensaje para el lector.


¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


   
 (CAPÍTULO XI)
                                   

                                                EL OLFATO

                Podemos comenzar por aspirar la piel de nuestra amada o amado de un solo golpe, hasta esnifarnos su deseo y su aliento.
                 El pene está tenso y la vagina extendida como flor en primavera esperando la polinización. La experiencia del hombre cuando la sangre se concentra en su miembro es indescriptible. Es la fuerza de un caballo desbocado que no admite órdenes, pero es preciso que la amazona intente dominarle, sino el brioso corcel terminará antes de tiempo la carrera. La vagina de la joven se torna rosada, en algunas pieles con un tono más o menos concentrado, pero aun así en todos los casos su color varía extraordinaria para bien. Los labios externos duplican su grosor creando una hermosa imagen que contrasta con el pubis de líneas amplias. Estos labios apetitosos rodean los otros labios hasta el clítoris, creando una extraordinaria concha donde se concentra el universo apasionante y tentador. Si somos buenos observadores, el dibujo que forma la vagina en su totalidad es un entrañable laberinto que siempre conduce a la perdición de los sentidos, de la voluntad, y de la consciencia más racional.
                 El joven antes de penetrar la enigmática concha, primero debe sentir la esencia de su pareja desde los hombros, porque la piel nos guiará con su poder conductor por la delicada y esbelta espalda de ella. Hay que abordar por detrás, con la nariz apoyada en cada uno de los poros que esperan ser invadidos sin más retraso. El joven inspirará todos los olores concentrados por la espera, y la joven, sentirá el aliento cálido e intenso en su espalda, y no le quedará más remedio que vibrar.
                 Posiblemente los dos olvidaron por un momento que el mar está cerca, y sin llegar a ponerse de acuerdo, decidirán, que el mundo no existe, que es una fantasía, que solamente la brisa y el salitre envuelven sus cuerpos con calidez. --¡Siento en mis labios la historia de tu piel!-- Le dijo el joven a su amada sin pensarlo, y pasó su lengua húmeda en zigzag desde los hombros hasta el nacimiento de su poderoso culo. La joven cerró los ojos cuando sintió un ser vivo, enérgico entre las aberturas de sus nalgas, y pidió con todas las fuerzas de su existencia, que continuase lentamente por el mismo camino hasta llegar a su ano; pero el joven, no estaba dispuesto a perder la cabeza tan pronto, y sosteniéndola por las caderas se puso en pie. Su pene por descuido encalló en la hendidura de su trasero. ¡A los dos le llegó la imagen del mar, cuando los barcos pretenden continuar con su rumbo, y las olas traicioneras se lo impiden para que acaben en las profundidades del océano!
                 Ella se abrió en todos los sentidos frente a la ventana, y sus senos al viento quisieron escapar al vacío, pero el joven se aferró a sus caderas, y esperó que la gravedad trajese a sus manos los redondos pechos que tanto deseaba. Entre su dedo índice y pulgar, de la mano derecha, afloró un dilatado pezón, y entre los cinco dedos de su mano izquierda, una amplia areola con matices irregulares. La joven apoyó su cuerpo en los brazos de su amado, y el joven la disfrutó con la ventana abierta de par en par.
                 --¡Dame más!-- Le dijo ella, y él dobló las rodillas, y su falo fue recorriendo las blancas nalgas que dejaban ver las marcas de una desterrada tanga que esperaba sobre la arena que en algún momento la recogiesen; pero en este instante sería algo así como misión imposible. Ella levantó los brazos, y junto con ellos sus frondosos pechos guiados por él, y se apoyaron en el marco de la ventana para que ningún viento poderoso los alejase de su objetivo. ¡Abrieron las ventanas, pero de la nariz, y todos los pecados entraron con permiso de los dos!

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


                                                  (Capítulo X)


“EL OLFATO

                Después de sentir la fuerza de los olores y hacer de la espera una virtud, comenzaremos por desnudar el cuerpo. La forma o manera en que iremos renunciando a las vestimentas es sumamente importante. Desde tiempos inmemoriales la humanidad hizo del vestuario un arte, creando estilos y tendencias a lo largo de los siglos. El vestir sin saberlo sentó las bases para provocar los sentidos en las relaciones íntimas. El desnudarse se convirtió en un arte complejo y esperanzador. Dejar las carnes al descubierto requiere mucha habilidad y un tanto de sensualidad.
                Quisiera dejar esta acción de desnudarnos a la sensibilidad de cada uno de vosotros. Recuerden que las prisas no son buenas para nada, y que cada cosa lleva su tiempo y proceso. Debemos sacar partido al instante, y experimentar con nuestra pareja cualquier propuesta aunque parezca una locura a primera vista. La práctica continua y renovadora nos lleva al exquisito espacio del virtuosismo. En todo, pero en todo, debemos entregarnos de lleno, como si en ello nos jugásemos la vida. En ningún momento las ropas deben ser un contratiempo. Si comprendemos su lenguaje podremos incorporarlo al instante justo de la relación íntima con la pareja, las vestimentas serán un aliado al que le podremos sacar un buen partido. Desde que en la mente nos formamos las líneas corporales de nuestra amada o amado, hasta comprobar con nuestros ojos, o en este caso el olfato, la realidad de los armónicos contornos de la anatomía deseada, hay un período que se puede alargar antes de llegar a la antesala de los juegos preliminares. Aunque parezca todo lo contrario, no podemos actuar forzados o mecánicamente, las energías como el deseo deben fluir de forma espontánea hasta el último minuto.
                 En este ejemplo en el que el joven (chico, hombre, etc.) toma la iniciativa, como en el ejemplo contrario, la chica, la mente juega un papel en ciertos momentos “traicionadora”. La lujuria se apodera de las terminaciones nerviosas y actúa como un desencadenante egocéntrico y egoísta. A estas alturas el hombre si está bien entrenado y en forma, su pene estará tan duro y tenso que la piel se le hace escasa para su morfología. Esta potencia y apetito desenfrenado debe ser utilizado con la idea de complacer a la persona que tenemos enfrente.
                 Primeramente hay que volcar las energías para que la pareja nos sublime, porque la atracción olfativa desde mucho antes entró en juego con todo lo que comentamos en un principio. Después en la recta final, el orgasmo será nuestro momento “culminatorio”, pero no final. En mi mente y en mi actuación debe existir que mi chica (o chico) se excite tanto que, los poros se dilaten, los bellos se templen, la vagina se humedezca a gusto y que el simple roce de las piernas produzca un chasquido provocador. En resumen, que todos los orificios pensables y penetrables, se orienten al objeto del deseo. Vuelvo a insistir, la entrega total y con todas las consecuencias, transforma los sentidos en superdotados. ¡Cada uno de ellos, desarrollará una habilidad que los hará especiales! 


¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




(Capítulo IX)

                                               “EL OLFATO “

                Hemos respirado profundamente y estamos frente a la ventana. Nuestra pareja sentirá una sensación diferente, que algo está sucediendo, pero en todo caso seguramente será un sentimiento agradable. ¡Recuerden que la palabra hablada está prohibida en este tipo de ejemplo! ¡Hablaremos sin necesidad de utilizar verbos y metáforas! Desde este momento, los sentidos se pondrán en alerta y establecerán inconscientemente un contacto coordinado entre ellos. Nuestro ejemplo frente a la ventana es la mejor vía para invitar a nuestra pareja a tomar y sentir el aire plenamente, como lo haríamos en cualquier otra ocasión.
                 Posiblemente intentará hablar, y saber hasta dónde llegará esta situación, pero se lo impediremos con un gesto de, no te impacientes, que lo mejor está por llegar. Pondremos nuestro dedo índice sobre sus labios, con delicadeza, pero seguros o seguras de nuestros actos, y ciertamente su boca vacilará, entrará en la duda de besar, absorber, sentir, o apartar hasta otras zonas de su cuerpo el dedo provocador que le ha despejado sus dudas y abierto cada uno de los sentidos. Una negación con la cabeza, una complicidad con la mirada, o una completa inhalación sobre la base de su cuello, valdrá, para olvidar por un instante la palabra y entregarnos simplemente al espacio que nos invita a pecar.
                El olfato actuará de lleno como un sentimiento reminiscente y todo será diferente, entraremos en otra dimensión más allá de la acción de comparar olores y aromas. ¡Esto únicamente se logra con una entrega sin límites ni condiciones!
                Todo lo demás está controlado y nos encontramos ante la ventana. ¿Qué podemos hacer después?


jueves, 23 de enero de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



                                                 (Capítulo VIII)

EL OLFATO.

Ejemplo del capítulo III:

                           << Sitios incómodos corporalmente >>

1-- En una ventana que dé al exterior: Los cuerpos visibles de cintura hacia arriba. Lo más importante, el control y desarrollo de los gestos faciales. El trabajo mental es fundamental para llegar al sitio incómodo con alguna ventaja. Un por ciento alto del juego sexual consiste en tener la imaginación algo más entrenada de lo normal.
Pondremos como ejemplo una ventana que de al exterior (la calle, el mar, la montaña, un patio vecinal, etc.) como sitio incómodo, en cada uno de ellos tendremos una amplia y variada gama de olores y sensaciones. El simple hecho de saber que estamos practicando el acto sexual en complicidad con lo que nos rodea y mucho más allá, hasta rosar el infinito, hace que los sentidos se expandan sin límites, convirtiéndonos en seres creativos. La energía nuestra hay que compartirla con el universo, porque de él, la hemos recibido.
                Si hemos hecho todo lo que se indica en los capítulos anteriores, comenzaremos por La ventana. Saben que en este ejemplo nos centraremos fundamentalmente en el olfato.
                Partiremos con una pareja que se halla en el interior de una habitación con vistas al mar. Si el encuentro es programado simplemente para utilizar el sitio incómodo, el juego puede llegar desde antes, extendiéndolo a otro “sitio” que posiblemente no guardaban en mente. Esto ampliaría las posibilidades en la relación, y la imaginación se pondría a prueba. Si el encuentro surge producto de una estancia prolongada, o es nuestra vivienda habitual (esto es en el caso de parejas que conviven), sería un buen pretexto para renovar el mobiliario de las pasiones, y escapar de las relaciones  monótonas y esperadas por ambos.

        Ejemplo de una pareja que se cita en un sitio incómodo:

                ¿De qué forma nos dirigimos a nuestra pareja si es una sorpresa? (este es el ejemplo en que los dos son consciente del encuentro, pero solamente uno, tiene en mente “la ventana al exterior”)
__ ¡¡Hoy vamos a follar, chingar, yacer, templar, liarnos, hacer el amor, empatarnos, aparearnos, acoplarnos, enredarnos, etc., etc., etc.........en la VENTANA!!
                ¡¡NO!! ¡Toda la comunicación debe llegar a través del olfato! Hay que lograr que las hormonas choquen entre ellas y sus olores se disparen hasta escapar por los poros; por supuesto, debe haber una predisposición olfativa y corporal de ambas partes.
                La persona que tiene en mente la ventana, lo primero que hará es, abrirla de par en par, y así el aroma del mar penetrará en la habitación. Es el mejor pretexto para sugerir un acercamiento a dicha ventana. Una vez allí, comenzamos a respirar despacio y profundamente, sintiendo que en cada una de las inhalaciones, poseemos el universo. Con esta táctica comenzará una deliciosa y sensorial excitación. Todo nuestro ser tomará una dimensión mayor. La persona que no sabe de la “ventana al exterior” conectará al instante, dejará de ser objeto pasivo, para ser objeto receptivo; y entre los dos, se formará un puente único de fluidos olfativos.

Continuará.................................


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                                                     (Capítulo VII)

 EL OLFATO (su práctica)

                 El sitio incómodo puede estar dispuesto de ante mano por las partes implicadas, es decir cada uno es conocedor del aroma que destila el lugar (lo mismo en sitios internos como en externos), y al mismo tiempo aportando el propio. De esta forma llevaremos un recuerdo aromático que utilizaremos para comenzar la excitación desde antes. Se puede llegar a este espacio por separado o a la vez, este detalle no es importante, cada uno lleva consigo sus armas secretas.
                 Cuando el encuentro es por vez primera hay que ir con pies ligeros. Todo terreno que se explora sin ningún conocimiento anterior puede ser en todos los sentidos apasionado, pero muchas veces llega cargado de sorpresas para las cuales no estábamos preparados. Las relaciones íntimas se van madurando con la entrega continua, hasta llegar a formar una maquinaria bien engrasada que funciona a la perfección; pero un encuentro sorpresa, tiene sus encantos si tenemos buen olfato. Lo uno o lo otro, lo importante es entregarnos sin límites. Recuerden que me estoy refiriendo en todo momento a un “sitio incómodo”, y a la utilización de todos los “sentidos”. Fornicar por fornicar es un instinto animal que no necesita preparación, solamente simples impulsos.
                 Antes que los cuerpos queden liberados de las vestimentas, hay que desnudarlos con el olfato. Como el sitio incómodo nos marca la primera pauta, el sentido del olfato debe trabajar en armonía con este lugar. Hay que decir que este encuentro debe ser de mutuo acuerdo, y si no lo fuese, una de las partes debe tener alguna noción de los gustos olfativos de su amada o amado. De todas formas si es la primera vez, no se debe dejar los cabos sueltos a la improvisación. La liberación absoluta, solamente trae consigo el caos.
                 Antes de continuar, los ejemplos, referencias y experiencias están abiertos a las posibilidades de cada persona, cada uno de nosotros somos un mundo, y nada está establecido, las reglas están para ser saltadas o cambiadas. La experiencia íntima se vive desde nuestro cuerpo, y el género y cantidad de participantes en cada encuentro es una decisión de cada uno de los implicados y de nadie más. Las ataduras de cualquier índole las dejamos estrictamente para la política y las doctrinas. No han pensado que el idioma, las razas, los principios morales, las creencias establecidas, saltan en pedazos y no son tomadas en cuenta cuando el deseo y la pasión hacen de las suyas. Nos comunicamos por la piel, cuando nos llega el sexo mezclado con el viento cálido y agradable, cuando los ojos quieren ver mucho más que la carne, y cuando escuchamos la palabra libertad; porque sabemos, que nuestro cuerpo, es el único sitio dónde el poder no puede penetrar.
                 *Hablaremos del ejemplo número 1 del capítulo III (sitios incómodos corporales), respecto al olfato.


Continuará.................................

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                                                         (Capítulo VI)


El olfato.
                 Si por los oídos escuchamos a la piel, gracias al olfato somos capaces de entramos por cada curvatura, por cada rincón abrupto, por cada zona húmeda, o cada nuevo despertar si nos sorprende el amanecer. El olfato es transcendental, y en la mayoría de los casos es utilizado primitivamente, estrictamente para aceptar o rechazar en el primer contacto que se tiene. El olfato es algo más que apreciar los aromas naturales o artificiales a los que se recurren para engatusar a la persona amada. Hay que embriagarse con la piel en una sola inhalación, la nuestra y la de los demás. El recuerdo de un aroma, nos marca para toda la vida y llega a ser premonitorio.
                 Lo especial de este sentido, es que lo podemos educar en cada relación para que sea más eficiente, y sacarle el mayor partido posible. El tema de los olores es muy amplio y variado. No todos los olfatos poseen la sensibilidad necesaria para distinguir y delimitar un aroma de otro. Aquí juega un factor sumamente importante el patrón establecido por la sociedad de cuales son agradables y cuáles no, de cuales debemos rechazar y cuales aceptar. Lo peor es no abrir las fosas nasales para sentir cada espacio del cuerpo del contrario. No importa la hora del día. Los amantes que deciden entregarse el uno al otro en un sitio incómodo después de atravesar media ciudad, y exponer el cuerpo a cada uno de los elementos externos e internos, llegan al encuentro con una historia en la piel que debe ser examinada por nuestra nariz. Este historial son los olores del día, que no siempre son los mismos, pero que hay que saber absorber.
                  Esta práctica se puede realizar si la entrega es total. Tener relaciones sexuales las tienen todos los seres vivos, pero hacer el amor en un sitio incómodo y con todos los sentidos al máximo es otro tema. Es otro tema por muchas razones, y la más importante, hacerlo con una persona especial, sin trabas ni limitaciones, con la entrega del cuerpo y el alma, sin pedir nada, solamente una entrega honesta, con los tabúes al rincón del olvido. Si ambos se funden en este concepto los esquemas establecidos saltarían a los cuatro vientos, y no solamente sentiríamos el aroma del contrario, también, el espacio que nos rodea con cada uno de los elementos que lo componen. La piel es un buen conductor de fragancias y esencias. La piel sobre la madera es especial, sobre una madera que espera con los poros abiertos olores y sudores para entremezclaros con su sabia potente y su textura exquisita o áspera. Hacemos el amor con todo, el entorno, la persona amada, los sentidos, y si queremos con el aíre y la lluvia. A nuestro propio cuerpo también le hacemos el  amor, naturalmente, si él está dispuesto a dejarse.
                 En el próximo capítulo pondré un ejemplo práctico del olfato y sus andaduras. Recuerden que, abrir la mente nos hace especial.

Continuará......................................