domingo, 23 de noviembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

                                             "LA VISIÓN"
                                                 (La playa)
(CAPÍTULO XXXVII)
                Al despejar el camino hacia el interior materno brotó la naturaleza. Una perfecta flor con su variedad de pétalos guardaba Diana en su vagina para que Álvaro la conquistase. ¡Pueden imaginar lo que anhelen, pero cinco pétalos de colores variados sorprendieron la mirada del joven! En algún momento Diana deposito la sorpresa para atrapar a su amado, o quizás siempre estuvo allí, eso no lo llegó a saber el joven Álvaro.
__ ¡Es para ti mi amor! ¡Te mereces mucho más, pero la magia es lo que importa! --dijo Diana.
__ ¡Me has dejado sin palabras! ¡No esperaba artimañas! --le contestó Álvaro --¡Déjame seguir buscando por si encuentro algo más!
                El joven extendió sus manos y despejó sus dedos con la misma habilidad que un prestidigitador. Acto seguido los fue colocando uno a uno, los diez, sobre el misterioso laberinto carnal expuesto ante sus ojos. Posiblemente en el viejo mapa de la isla del tesoro los jeroglíficos no fueron tan complicados como la interminable vagina de su amada. Los dedos los movía con arte sobre la piel incidiendo en cualquier duda. ¡Diana emanaba placer por todos sus contornos!
__ ¡Así mi amor! ¡Busca! ¡El que persiste encuentra! --le imploraba Diana retorciendo las piernas-- ¡Tienes unos dedos como los de un concertista! ¡No! ¡No! ¡No los dejes de mover!
                Las manos de Álvaro viajaban de un lado a otro por toda la geografía vaginal de Diana sin detenerse en ningún espacio. Al llegar al pubis se detenía, pero acto seguido los dedos continuaban en sentido contrario hasta encontrarse con el monumental ano repleto de pliegues armoniosos que invitaba al descanso. Aun así, Álvaro no dejó de deslizar sus manos con arte sobre el maravilloso y carnal teclado.
__ ¡Voy a cerrar los ojos para ver la sinfonía que tocas sobre mí!
                 Y Diana levantó la cabeza hacia el infinito, respiró, y dejó caer sus angostos párpados.
__ ¡Silencio, comienza la ejecución!


CONTINUARÁ..................................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XXXVI)
                                             
                                               "LA VISIÓN"
                                                (LA PLAYA)
                Miró y vio. ¡El que busca encuentra! Fueron los pensamientos de nuestro querido Álvaro, que continuó su exploración y alcanzó a destapar sorpresas por el íntimo y floreado camino que había emprendido. No fue suficiente que los muslos de Diana se abriesen y se cerrasen continuamente, él deseaba una visión más específica y personalizada de su objetivo.
                Acercó el dedo pulgar e índice hasta la vulva de Diana. Se detuvo en la misma y, poco a poco, y gradualmente, la fue dividiendo, del mismo modo en que el telón sube la noche del estreno en un teatro. Una comparación distante, pero afin en referencia al éxtasis y a los ocultos enigmas.
                 Ante sus ojos se hizo la luz para dar paso a la majestuosidad de un mundo que nunca antes había explorado.
                 ¡No es lo mismo penetrar una vagina por simple intuición, que disfrutar con la sensación de saber hasta dónde llegaremos cuando se traspasa el umbral!
                 Esto lo tenía muy claro Álvaro, que a petición y en su propio deleite, se adueñó y asaltó la fortaleza impenetrable que ocultaba entre sus piernas Diana.
                Álvaro podía explorar con la potencia de su falo el interior de la vagina de su chica, pero jamás descubrirla, poseerla en esencia.
                 Era conocedor sus recovecos y sus partes más blandas. Y sabía encontrar la humedad deseada hasta saciar cada uno de los poros de su piel. El eterno laberinto de su amada lo conducía a la perdición que demandaba, y por ello estaba dispuesto a entregarlo todo a cambio de nada, o por lo menos, de una entrega sin marcados finales.
                 Nunca se pudo quejar Álvaro, siempre fue complacido en sus penetraciones; pero ahora él, y ella, deseaban una cúpula de cierta manera más sutil, ligera, imperceptible desde cualquier ángulo.
                En esta ocasión los dos buscaban una penetración visual que fuese capaz de subliminal las anteriores demostraciones directas de afectos. Diana se encontraba a gusto sabiendo que Álvaro disfrutaba con la vista panorámica de su extendido monte sobre la cara. Él se quedó sin palabras al despejar con sus dedos el camino hacia lo recóndito.
                 El mar llegaba con sus olas rompiendo con destreza los cuerpos de los amantes. ¡Posiblemente la verdadera intención sería borrar la más mínima huella de sus acciones; pero los amantes, no estaban dispuestos a renunciar a este privilegio!
                Después de despejar algunas curvaturas, Álvaro tropezó con la primera sorpresa de la detallada mañana. Sus ojos se iluminaron al ver lo que ocultaban los primeros pliegues apartados. ¡Detrás de los mismos se hallaba el milagro!


CONTINUARÁ..............................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XXXV)
                
                 Ella estaba en una posición óptima, pero le faltaba el toque final para acomodar su cuerpo. Fue entonces cuando Álvaro utilizando sus manos de pala, agrupó un montón de arena bajo su cuello, y con arte e intuición creo una sólida almohada para descansar la cabeza sobre la misma. Ahora podía aguantar años observando la vagina de su amada sin que el cansancio hiciese mella en él. Así lo hizo Álvaro y, sin prisa, centró la mirada en el complejo meandro de curvas sinuosas que tanto le apasionaba.
                 ¡Posee la complejidad de un cerebro, infinidades de líneas que conducen a un galimatías de formas! ¡Eso es, líneas, eternas lías! ¡¡Aleluya!! ¡Ahora lo comprendo todo, Diana, al dibujar sobre la arena con los pies me ha querido mostrar el perpetuo mapa que conduce a lo desconocido, al entrañable mundo maternal! ¿Cómo no me he dado cuenta antes? ¡No soy más que un iluso, un tonto que hasta ahora se ha dejado llevar por las falsas apariencias que se colocan ante nuestros ojos! ¡Esas primorosas líneas que me llevan a la perdición! Los sentidos, la voz, y el conjunto de Álvaro no cabían en sí mismo, y deseaba compartir su dicha con su amada.
__ ¿Alguna vez te han dicho que tienes los trazos marcados y firmes como los de la palma de la mano?
__ ¡No sé si es un piropo, pero me han gustan las palabras que he escuchado! ¡Nunca me lo habían dicho! --le contesto Diana con zalamería.
                Álvaro la tomó por la parte externa de sus muslos y la invito a cerrar las piernas. De esta forma Diana se puso casi de pie ante la mirada de su amado.
__ ¿Ves? ¡Ahora es una verdadera concha de mar! -le dijo Álvaro sin perderse el más mínimo detalle-- ¡Primero se hallaba desplegado ante mi cara como un mapa con sus ocultas claves que invitaba a descubrir el fabuloso tesoro! ¡Pero en este momento se ha transformado en un cuenco milagroso! ¡Quiero ver cómo se distribuyen los labios al abrirlos y al cerrarlos!
                Y sin perder un segundo Álvaro obró en sentido contrario, despejando los muslos de Diana. Separó uno del otro. Una, dos, tres, cuatro, y las piernas de la amada se alejaban y se acercaban con un leve movimiento de la mano del joven; como por arte de magia. De esta manera los labios mayores y menores no fueron capaces de hacer el menor comentario al margen.
__ ¡¡T-e-a-m-o!! -le dijo Diana articulando las palabras al mismo ritmo que las contracciones brotaban de su vagina.
__ ¡Sigue no te detengas! ¡He descubierto que tu clítoris toma la forma de un trébol de cuatro hojas! --lo señaló Álvaro con la sutileza de un experto detallista.
__ ¡Tú eres el que me hace transformar! ¡Resiste! ¡Te queda mucho por explorar! ¡Puede que te encuentres con sorpresas por el camino! --al parecer Diana sabía de qué hablaba.
__ ¡Veo la piel que se ahoga en una rugosidad, para continuar en un monte violento y abrupto que no se conforma con la quietud! Tienes unos labios gruesos y potentes que definen tu ingle dándole una continuidad infinita. ¡Me quedaría toda una vida contemplando tu vulva hasta descubrir lo que no me ha dejado ver!

                No es que Álvaro estuviese en la fase final de su contemplación, no, es que las horas y los días serían algo menos que nada para su talento desbordante de inagotable explorador. 

CONTINUARÁ...................................

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(CAPÍTULO XXXIV)
                                            

                                              “LA VISIÓN”
                                                 (La playa)

                Diana quedó sin nada que le cubriese sus preponderantes muslos, su cadera melódica, su culo alborotador, sus tetas anti-misiles, y su espiritual oquedad. Pensó que mejor sería echar a volar el pareo que rodeaba su pecho para sentir de golpe la brisa en cada uno de los poros de su piel. Y no se equivocó. ¡El aura sublime llegó y en un despliegue de autoridad descontroló toda la parte inferior de su anatomía! ¡La superior perdió el control cuando él con la punta de sus gafas le rozó el clítoris!
                 ¡Sintió que por sus partes más blandas penetraba una revolución de frenesí! ¡Sus pezones erectaron desafiando cualquier admisible lógica!
                Ella sabía que Álvaro se la estaba comiendo con la mirada, y para continuar provocándolo se alejó unos metros de él y, comenzó a dibujar con el dedo gordo de su pie sobre la arena. Su cuerpo jadeaba placer. Una delicia que exponía mediante el contoneo de sus carnes para que su amante ardiese antes de llegar al infierno angelical de sus humedecidas entrepiernas.
                 De esta forma excitaba al joven, y de esta forma también se excitaba ella. ¡Estaba espléndida a contraluz! Una provocadora silueta que de sólo contemplarla provocaba.
                Álvaro se incorporó y no intentó nada más. Antes le había confirmado que deseaba observarla desde cada ángulo con paciencia y malicia. Y ella estaba de acuerdo. Apoyó su antebrazo sobre la arena y dejó que sus pupilas siguieran el movimiento constante de su amada. Diana no dejaba de trazar irreflexivas líneas sobre la arena. De vez en cuando el agua del mar llegaba a sus pies y se llevaba parte de sus líneas; entonces volvía a esbozar con los pies su dibujo hasta dejarlo impecable.
                Algunos minutos que para Álvaro parecieron una eternidad, estuvo Diana dibujando sobre la arena, al terminar fue hasta el agua y se inclino para mojarse las manos. Las piernas abiertas y rectas. El torso doblado a la altura de las rodillas. ¡Era la imagen que andaba buscando Álvaro! Al término de la raja de las nalgas de Diana sobresalía un mundo de sensaciones y volúmenes. Con toda intención desplegó su arsenal, el jugoso laberinto vaginal.
                 A la memoria de Álvaro llegó una de las frutas que había probado en uno de los tantos viajes realizados. Una fruta tropical. ¡El Mamey! Todas las sensaciones se agolparon en sus sentidos. El meloso aroma y el aterciopelado contorno. La intensidad de sus formas que armonizaba con la estructura perfecta que llegaba a sus ojos. Y por último, el sentir delicado y consistente del mejor bocado desplegado sobre el paladar.
                 ¡Así era la vagina de Diana, un apetitoso mamey despejado por la mitad!
                Él, descubrió en esta ocasión, la simbología del alfabeto Morse. El clítoris de su amada comenzó a lanzar señales de socorro desde la orilla. Cada contracción él la interpreto como un S.O.S y no esperó más. Fue hasta ella y se colocó entre sus piernas para estar seguro del mensaje que estaba recibiendo. ¡No quería errar! Tomó cada porción de nalgas con sus manos y delicadamente las fue apartando en sentido contrario hasta que el fragmento del apetecible Mamey quedó expuesto ante sus ojos.
                 De cerca impresionaba. Un diseño irrepetible. ¡En nada se parecía a lo que le había contado su pene! Su pene le dijo que era cálido, húmedo, e infinito. Pero se equivocaba, el Mamey de Diana es contradictorio, laberíntico, y profético. ¡Esas son las sutilezas de las que un pene no es capaz de percibir con su arrogante y lacónico rozamiento! ¡Hay que verlo con el tercer ojo, el que se oculta más allá de la visión! Álvaro lo tenía muy claro, demasiado claro y, por tanto, deseaba redimir cada una de sus anteriores faltas.
                ¡Estoy ante la octava maravilla del planeta! Y sus pulmones lanzaron sus palabras a los cuatro vientos, a cada uno de los elementos de la tabla periódica, a las pandemias, a los cincuenta y siete mares, y las colisiones frontales de los enemigos de la paz.
                 No es que la vagina de Diana fuese categórica o especial, no, todo lo contrario; pero era la primera vez que Álvaro contempla a la luz del día y a menos que nada, la fruta que muchas veces paladeó sin observarla de antemano. Para el joven la vagina de su amada era un prodigio, una “ventana” hacia lo desconocido, que no estaba dispuesto a perderse por más que las malas lenguas se empeñen.
                Deseaba examinar cuanto antes su delicado sabor, pero antes, le pidió a Diana paciencia. ¡Sus ojos serían los primeros que degustarían los recuerdos y el cálido presente!
                 Se acomodó, y para no perderse en conjeturas, comenzó por el lado menos pensado de la amplia estructura vaginal. ¡Partiendo del vello siguió hacia delante, hasta encontrarse primeramente con la tersa piel!


¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


(CAPÍTULO XXXIII)

LA VISIÓN: LA PLAYA.

                 Flexionó aún más las rodillas y, por un extremo de su insuficiente ropa interior, se escapó el cachete izquierdo de sus apetecibles labios vaginales. Completamente desplegada, con todo su contorno y sus pliegues, la media concha vulvaria quedó a una altura aproximada de unos siete centímetros sobre la nariz de Álvaro. ¡Si liberaba la lengua de su boca, podía saborear la apetecible papaya de su amor, que se mostraba desafiante ante la gravedad! Lo pensó Álvaro, pero no llegó a acometerlo porque sabía que no se conformaría con una simple tajada.
                 Él, con una de las patas de sus gafas de sol, apartó el exiguo bañador que cubría las medias vergüenzas de ella, hasta dejar ante sus ojos la apetitosa fruta, completamente al descubierto. ¡Fue entonces cuando se dispuso a disfrutar sin presión de los elementos del exquisito manjar! Ella inclinó aún más la pelvis, y el mapa difuso del laberinto de su rendija se mostró con todo esplendor y lozanía sobre la cara de Álvaro.
                 Podía comenzar cuando le apeteciera a disfrutar de la golosina de sus sueños. Su amada estaba dispuesta y con sus atributos al viento para que él hiciera y desasiera a su gusto. ¡Álvaro se lo pensó! ¿Cuál sería la primera y mejor acción para comenzar el convite? ¡Lo importante permanecía ante sus ojos y en unos segundos sería únicamente suyo!
                  Ella, previsora, apartó con sumo cuidado parte del vello púbico que cubría su clítoris, y toda la belleza oculta quedó al descubierto para que él la apreciase como experto analista.
                 Las olas marinas comenzaron a romper con destreza y con fuerza sobre los cuerpos de los amantes. Álvaro sintió en la arena el agua salada que invadía su trasero y su espalda. ¡Ella lo intentó y no pudo! El mar terminó por hurtarle el equilibrio y calló a horcajadas sobre el cuello del joven. El destino propició que la deliciosa fruta rosase la boca del goloso amante.
                 ¡No era la intención de Diana, pero por culpa del mar, dejó en bandeja salada su rosada vagina cerca de los labios de Álvaro!
__ ¡Antes de comérmelo del todo, lo voy a disfrutar contemplándolo hasta el cansancio! --fue lo que sintió Álvaro, y de esta manera se lo hizo saber a Diana.
__ ¡Espera un momento! --y sin decirle nada más, se levantó, y se quitó del todo el bañador que antes él había apartado con las gafas-- ¡Es toda tuya! ¡Puedes hacer con ella lo que quieras, siempre y cuando me hagas sentir que floto sobre las aguas de este mar!
__ ¡No te defraudaré! ¡Solo te pido paciencia para poder disfrutarla hasta que la luz del sol se apague!
__ ¡Siento que estoy ardiendo! --y con la otra mano terminó de apartar los restantes vellos de su magnífica vulva.


Continuará..........................

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(CAPÍTULO XXXII)
                                          

                                                       “LA PLAYA”

__ ¿Te gusta mi amor? –le preguntó ella a la vez que apartaba con su pies izquierdo parte del pareo del amado.
__ ¡Estoy perdido y no sé cuándo voy a regresar!  
                 Las palabras de Álvaro se fueron alargando, extendiéndose como goma de mascar al mismo tiempo que su falo iba quedando al descubierto. A sus labios llegó la reminiscencia del Tequila, el penetrante y definido aroma del licor que le hace estremecer los sentidos hasta desbocarse las partes más carnosas de su anatomía. ¡Es una delicia! Afirmó para su interior.
__ ¡Si quieres te puedes quedar en tus sueños, yo me comunicaré con tu amigo! –le respondió ella con una sonrisa maliciosa.
                 Y Diana enmudeció. Dejó de hablar para poner con cuidado la planta de su pie sobre la remolona verga de su amor. ¡Estaba flácida, pero no había expirado del todo! Su grosor doblaba la normalidad, sin llegar a su potencia habitual. Con toda seguridad, se dijo, es un pene que desea reflexionar sobre las cosas mundanas y el libre comercio.
__ ¡Tengo mi polla, mi pinga, mi tranca, mi pico, mi tolete, mi morronga, mi pija, mi rabo, mi verga, etcétera, etcétera, y etcétera, en estado de busca y captura!
                 Las referencias de Álvaro respecto a su órgano sexual, al principio, pero sólo al principio, le provocaron a Diana una sonrisa; pero en unos segundos más, su mente la traicionó y comenzó a imaginarse miles de historias con el miembro de su amado. Por su mente se deslizó una fantasía que pondría en práctica cuando alcanzasen la cala.
                 Las papilas gustativas de ella comenzaron a funcionar, y por debajo de la traslúcida tela de su pareo, los retoñados pezones hicieron acto de presencia frente al mar y se expandieron como ejército napoleónico por las difusas praderas de Europa.
                Con el dedo pulgar, pero esta vez de su pie derecho, apartó del todo el pareo de su chico, y el boquiabierto pene se deslizó sobre uno de los muslos fijando la mirada en el extendido horizonte. Al igual que Álvaro, su compañero penial, soñaba con placeres desconocidos que lo estremeciese para mostrarle a Diana la verdadera cara del amor.
__ ¡No lo perderé de vista para que sienta la vergüenza en su propia carne y me mire directamente a la cara! --así le habló Diana al pene, pero mirándole fijamente a los ojos.
__ ¡Si me dejas ver lo que me gusta, lo templaré especialmente para ti! ¡Tienes que adivinar lo que es! --afirmó Álvaro.
                 Segura no estaba, pero sabía que jugaba con ventaja. Cualquier cosa que hiciese ella, él, se perdería por sus huesos, porque en la ventana comprendió que el joven la amaba por encima de cualquier inconveniente.
                 No lo pensó más y se colocó de pie sobre su amado. Puso a cada lado de la cabeza una pierna, cerca de cada oído. Las gafas ahora han perdido todo su sentido, se dijo Álvaro y, se las quitó, decidió apreciar la realidad en cada irregularidad de la misma.

                 La luz, entró de golpe por los ojos de Álvaro, hasta que Diana encontró el punto exacto de sombra entre su cuerpo y el sol, para que él, disfrutase de las mejores vistas que ella le estaba brindando. ¡Dobló las rodillas, se posesionó directamente sobre su cara y, le mostró parte de sus encantos desde una nueva óptica!

sábado, 22 de noviembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XXXI)


“La visión” (LA PLAYA)
                
Álvaro se dejó llevar por sus instintos y comenzó a soñar. Su mundo quedó almacenado entre el marco de sus gafas de sol y las sensaciones que estaba recibiendo del exterior más inmediato. ¿Es posible que el mar pueda cambiar a una persona? Fue una pregunta quizás sin sentido pero se sentía a gusto, y dejó que las ideas flotasen en su cabeza como un velero sobre las aguas. Para él, había comenzado una etapa completamente nueva en su vida. El sexo se le estaba revelando sin escrúpulos y, con la fortaleza de un huracán. ¡En pocas palabras, se sintió como un hombre nuevo, pero sobre todo, vivo!
                 Diana, sintió sobre la cara su cabello que se movía inducido por la brisa marina, pero para nada y, en ningún instante, dejó de hacer la labor que con encomienda estaba realizando. ¡Su pie, continuó sobre las extremidades inferiores de su amado sin intención de detenerse por ahora! Ella rebozaba placer y, sensualidad con cada inclinación de su cuerpo. Y así, los torneados dedos de sus pies, se abrieron cual abanico en pleno verano, y fueron en busca de las zonas más desvalidas del embelesado Álvaro.
                 Ella también pensó que la playa sería un lugar ideal para experimentar nuevas prácticas sexuales.
                 Aún no habían llegado a su cala preferida y, las intenciones, comenzaron a mostrarse tal cual eran de antemano. La sensación que estaba experimentaba Álvaro era muy parecida, sin comparaciones fisiológicas profundas, a la vivida después de una larga noche de juerga donde el nivel de alcohol se mantiene en un porcentaje elevado. Una total resaca apreciaba en sus labios, en el sentido del olfato, y en su valiente pene que buscaba la luz del día entre los disolutos pliegues del pareo.
                   El resoplar de viento salado iba dejando sobre la arena inquietas figuras que se cobijaban entre las sombras de los amantes. ¡Una mañana especial! ¡El litoral desierto, para que él, y, ella, continuasen con su labor de conquista!
                 La cala no estaba lejos, pero el tiempo es oro y los instintos no se pueden detener para planificar los minutos y el entorno. ¡Es preciso entregar el alma al instante!
                  Diana se empeñaba en cada intento, para que sus pies no dejasen de arrullar la anatomía de Álvaro. Su propósito, comenzar desde el interior, y de este modo retenerlo un periodo mayor. Para ello, debía poner todo el empeño de sus piernas, aunque le costase perder el equilibrio.

Continuará……………..

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

(CAPÍTULO XXX)
                                            

                                            LA VISIÓN
                                              (La playa)

                Al llegar la noche descansaron, para que las fuerzas se multiplicasen efusivamente, porque amaneciendo, sus objetivos serían diferentes.
                 Decidieron continuar con su bacanal de los sentidos frente al mar. La playa es el lugar ideal para que la luz influya directamente en los cuerpos y las sombras se agiten a gusto de los interesados.
                Nada más entrar los primeros rayos de sol tomó él la toalla, y ella la crema solar y, juntos, se dirigieron a la cala que se veía desde la ventana de la habitación. Ella llevaba un pareo alrededor de su cuerpo y, debajo del mismo la parte inferior del bañador al estilo de “hilo dental”.
                Él determinó que debajo de su pareo todo se mantuviese libre, para que la brisa del mar oxigenase su miembro y lo dispusiera para que su amada se regodeara en su contemplación. Antes de partir encontró sobre la mesa de la habitación sus gafas de sol, y pensó que no estaría nada mal llevarlas por si la calima humedecía sus ojos.
                Por la orilla de la playa los dos amantes caminaron con sus pies rozando el agua. La arena hizo la función de almohadilla benefactora para sus músculos agotados por las variadas y complejas posiciones frente a la ventana. A ella se le ocurrió lanzar a su chico sobre la arena, y con sus pies desnudos proporcionarle un masaje.
                Él no puso reparos, y como un peso muerto se desplomó boca arriba sobre la húmeda playa. Extendió los brazos, se acomodó las gafas y, en cuatro palabras expresó lo que sentía --¡Diana, soy todo tuyo!-- Se quedó inmóvil, y esperó por la sorpresa de la joven. En estos días pocas veces había pronunciado el nombre de su amada, posiblemente porque el tiempo no fuese suficiente para distribuirlo en otros menesteres.
                Diana con sus pies en el agua los fue deslizando por la arena mientras dejaba una estela de señales a su paso. Llegó a las piernas de su chico y se detuvo en sus dedos --¡Te voy a dar un masaje que jamás olvidaras!-- Le dijo mirándole la figura que se estaba formando debajo del pareo. Para ella era la primera vez, desde que llegaron a la playa, que pronunciaba el nombre de Álvaro, y este simple hecho le pareció sorprendente.

                El sol comenzaba su extensión por el cielo, y los amantes se dispusieron a continuar con sus juegos amatorios. Álvaro sintió por sus piernas la suavidad de los dedos de Diana, y Diana a su vez, fue con cuidado apartándolas hasta abrirlo como un compás. Las gafas de sol propiciaron que la mirada de Álvaro se perdiese solapadamente en la inmensidad del espacio, mientras Diana avanzaba con sus provocadores pies hacia las profundidades de su amado. 

Continuará........................

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(CAPÍTULO XXIX)

                                        
                                                  "LA VISIÓN"

                Lo que para el instinto no es capaz de percibir, para el cuerpo será imposible de alcanzar. Nuestros amantes han rebasado los términos de lo posible, y con sus desbocadas pretensiones intentan llegar a la cumbre de un imposible. Cada una de las articulaciones que conforman sus cuerpos están al día de hoy lubricadas, sus órganos centrados, las motivaciones a flor de piel, y la mirada enfocada a las partes que normalmente no se aprecian por la abundancia de prendas en el cuerpo.
                Ahora necesitan con toda seguridad pasar de la percepción olfativa a la contemplación visual. Él deseaba estar al corriente de la forma exacta de los contornos y bordes de su amada. La plenitud de su espalda. El arco de triunfo que comienza con el nacimiento de su  magnánimo culo para concluir en los carnosos y exaltados muslos. ¡Indagar en el cuerpo desnudo de su amada que le ha estado provocando con explosivas vibración!
                La respiró. Tragó sus olores más personales. Intimó con sus espacios prohibidos. Esnifó sus sudores y, ahora, desea complacer su curiosidad con las peticiones más alocadas de sus ojos. Ella pensaba lo mismo, y dispuso su materia para que el joven investigase sin requisitos. Había llegado la hora de observar para dejar de fantasear. ¡Llegó el instante de poner a prueba lo que llaman “el ojo clínico”!

                ¿Por dónde comenzaría el reconocimiento? Un dilema que no le importaba demasiado al joven, aunque la destreza la consideraba sumamente necesaria, para que su chica sintiese de a poco la mirada penetrante, y todo el vigor desenfadado al intentar comérsela con los ojos. ¡Era el momento justo de exhibir cada uno de los amantes sus veladas posibilidades, para que el otro no dejase nunca de amarle!

viernes, 7 de noviembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

                                      



(CAPÍTULO XXVIII)

                Ella se mantuvo bajo su voluntad y, la de él, con la espalda a una de las hojas de la ventana. En su piel se podía apreciar un mapa de marcas rosadas que se impregnaron desde la cintura a los hombros por la presión continua que hacía el joven para no disminuir el ritmo pélvico. Estas marcas de batallas deseadas se disfrutan con todos los chacras abiertos.
                Un silencio. Una pausa. ¡…….! El pene fue directo al exterior. Ella enredó sus brazos sobre los hombros de él y esperó una explicación. El joven no dijo nada. Con un impulso la levantó. Los brazos se desataron. Ella se vio en el aíre. Flexionó algo más las rodillas y esperó que la joven aterrizara por su peso sobre sus muslos. Él se aferró a cada una de las agradecidas nalgas de ella y acomodó el cuerpo de la mejor forma posible. De modo previsor las piernas de la joven se enroscaron en las piernas firmes de su amado. Él a horcajadas. Ella igualmente pero sobre él. Los dos unidos. Anudados. Uno frente al otro. Se miraron. Esperaron una reacción. Silencio. Cada músculo callado, pero tenso. En ella se avistaba curiosidad. En él perversidad. Algo estaba pasando. Pensó la joven. Nada. La calma. La pausa. ¿La tregua?
                Algunos minutos pasaron. Varios. Pero posiblemente no muchos. En una boca los dientes quedaron asequibles. En la otra estos mordieron los labios. Una respiración profunda. Aletargada. Pero justa en su medida. Sin ser guiado, la cúspide del falo del joven acarició los bordes externos del resquicio de la chica. Un jadeo. El ojo izquierdo de ella le hizo un guiño. El pene se retiró. Un lamento. La vagina comenzó su juego provocativo. Se dilataron sus pliegues y se contrajeron ante la mirada atónita de su amante. El pene comenzó a cimbrear bajo su libre albedrío. Y con un movimiento oscilatorio, adivinó la entrañable entrada maternal. Ella pronunció aún más la pelvis. Él se retiró. Nuevamente fue a la carga. Solamente la punta. Una ínfima parte miró al interior ardiente y jugoso. ¡Nuevamente se retiró!
                Una y otra vez como interminables fotogramas, el joven introducía y extraía su pene de la vagina de la amada. Al principio ella se lamentó, pero con la continuidad descubrió el sentido lúbrico de la situación. También él descifró el placer que andaba buscando en todo este tiempo, y siguió con su estrategia hasta agotar la mayoría de sus fuerzas. Sin orientarlo penetraba continuamente, por sí solo. Le introducía un ápice y, ella lo esperaba con todos sus ligamentos y nervios contraídos para que el visitante no se adentrase nada más que lo necesario, lo justo para un diminuto abrazo y, nuevamente a empezar. ¡Así, una y otra vez lo sacaba y metía! Los mismos milímetros dentro, pero no las mismas sensaciones que se inducían mutuamente alimentándose con la fricción y las múltiples ideas.
               ¡Yo, el que describe estos sucesos, no me encuentro cerca de la ventana, pero siento que dentro de mí, la vida fluye! ¡Tengo los vigores escaldados solamente al imaginarme que mi presencia  pueda irrumpir en el ventanal! 


CONTINUARÁ……………………………..

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                                           (CAPÍTULO XXVII)

                En un día aparentemente normal, con una pareja posiblemente corriente, y en un lugar seguramente cómodo, esta dilatación de la libido se hubiese expresado justamente lo necesario para los interesados; pero estos amantes no llegaban a estar satisfechos, y continuaban con su danza sexual hasta que las energías dejasen de fluir de sus músculos y entrañas.
__ ¡Te estaré haciendo el amor más allá de mi cuerpo y de mis tangibles intenciones! ¡Mírame amor mío, ahora estás contra la pared y cabalgas sobre mi delirante falo que desea descubrir tu infinito mundo vaginal! ¿Te gustan mis palabras? ¡Sé que estás muy cerca del orgasmo pero te niegas a claudicar! ¡Escucha esto que te digo! –el joven que la sostenía únicamente con su pene porque la espalda de la joven se apoyaba a una de las hojas del ventanal, la tomó por ambas muñecas y elevó sus brazos a todo lo largo al mismo tiempo en que la besaba por las axilas. Se regodeó infinitamente en cada una de ellas. Las ungió de saliva. Las examinó con sus dientes. Las mordió con toda intención y esperó alguna reacción por parte de ella para continuar con su persecución placentera. Él estaba dispuesto a rebasar los límites establecidos porque en su éxtasis no contemplaba el final-- ¡Te bañaré de humedades y espumas aunque estas últimas no vengan del mar! –Le habló él muy pegado a la cara de la joven. Ella no lo escuchaba, gemía profundamente y desgastaba su espalda una y otra vez contra la hoja de madera del ventanal. La besó en la boca y con su lengua continuó camino hasta la oreja. Una vez allí le dijo-- ¡Solamente deseas sacarme todo el semen que guardo para mañana! ¡Eres insaciable! --ahora le tocaba a ella sentir el efecto delirante de las palabras. Él se complacía con el morbo que desprendía el cuerpo de su amada; pero necesitó una fuerza extra para sostenerla sin que los dos rodasen al suelo. Ella nada más escuchar el susurro de los vocablos al oído, su cuerpo, y en especial su cadera, comenzó a convulsionar intensamente en cualesquiera direcciones. La lanzaba hacia delante, a la izquierda, detrás, a la derecha, hasta formar un círculo cada vez más amplio alrededor de su pelvis. Cuando su ritmo comenzaba a ser monótono, variaba la dirección del movimiento y emprendía nuevamente la formación de la circunferencia amatoria. Él, sabiendo la profundidad de este hecho le dijo con toda intención-- ¡Toma un círculo, acaríciale con lo que puedas, y será, un círculo vicioso! --llegó al punto que esperaba la amante insaciable. Buscaba la extensión de los sentidos, y que el placer emanase de cualquier rincón del cuerpo para confluir en el sexo-- ¡Yo seré el que te detenga en esta ventana! ¡Aquí estaremos, hasta que uno de los dos grite al mar que no puede más porque su avidez se ha satisfecho!  

  
CONTINUARÁ.......................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

                                         




(CAPÍTULO XXVI)


                __ ¡Vamos mi amor, continua, y no te detengas por nada de este mundo! ¡…….! ¡Así……., te dejo mis labios calientes y húmedos sobre tu pelvis! ¿Te gusta? –el joven asintió con la cabeza sin saber en realidad lo que afirmaba. Ahora, en este momento para él todo significaba, sí-- ¡Mírame, voy a dejar en tu piel mis olores para que nunca más vuelvas a respirar otros cuerpos! ¿Dime si te gusta……? ¡...........! ¡Te deseo! ¡Lo siento! –la pregunta regresó con mayor intensidad, y la respuesta fue la misma; él chico afirmó nuevamente, esta vez no con su cabeza, sino con su pene. La levantó en vuelo, y ella sintió en el borde de su clítoris la fortaleza inexpugnable de su amado que se desbocó cual un corcel antes de ser cabalgado.-- ¡Eso es, dame un poquito más, sí, no pares, mira como tiemblan mis piernas; no voy a detenerme! ¡Estoy aquí mi amor para demostrarte que no me rendiré! ¡Estaré junto a ti hasta el fin de las ansías! ¡Escúchame! ¡Si tu potencia por algún motivo flaquea, no me importará! ¡Me has enseñado lo imposible, lo que jamás imaginé que podía llegar, y estoy dispuesta a tener un orgasmo con sólo mirarte, y si no lo logro, lo inventaré de la propia nada! –estas palabras surtieron un efecto milagroso en él, posiblemente el deseado por ella. Ahora, completamente de pie el joven y, con su amada a horcajadas sobre su cadera, no dejó de moverse. Para no perderle por el camino con tanto movimiento, la sostuvo con firmeza por cada una de sus nalgas y, comenzó la danza a lo inexplorado.-- ¡Ves como en cada segundo me gustas más! ¡Tienes el poder de reinventarte en cada intento, y yo, la habilidad de disfrutarte como nunca antes lo han hecho! ¿Es verdad o no? –ella preguntaba, y él respondía sin dejar de bullir, saltar, y agitarse frente al ventanal, que con las muestras de cariño la vieja madera y sus ventanas abatibles, se creían con todo el derecho de ser parte activa de esta interminable orgía. Esta reflexión, posiblemente imaginada, no la dejó al olvido, y colocó las nalgas de la joven sobre una de las hojas abatibles y prosiguió con su ritmo vibratorio esperando una respuesta de su amada.-- ¡Me gusta por el camino que me llevas; pero deseo más! ¡Sí, estoy como tú sabes que he soñado! ¡Entre la espada y la pared! ¡No es la primera vez que lo digo, pero si te siento como la primera vez! ¡Voy a poner mis piernas sobre tus hombros para que me penetres a gusto mi amor! ¡No me dejes de mirar! ¡...........! ¿Dios mío qué es esto? ¡Que delicioso punto de vista! –ella, con la espalda en una de las hojas del ventanal, comenzó desde su postura a levantar las piernas, y él simplemente deslizó las manos que sostenían al cálido trasero de su chica, hasta que las piernas llegaron a sus hombros. -- ¡Ahora nada quedará fuera de mi control! –dijo ella con seguridad absoluta. 

Continuará................................           

EN LA INTIMIDAD

        
             --9--

                 ¡No son papeles, son imágenes fotografías! Asunción oculta entre sus ropas íntimas retratos. Con la toalla alrededor de su cuerpo y varias fotos en sus manos, se deja caer en uno de los bordes de la cama. Eleva el brazo a la altura de su cara y las observa con detenimiento; lo mismo que yo a ella. Mi enfoque visual no llega a tanto, pero por el contorno parecen personas……. Asunción suspira, se inclina, cierra los ojos, y su espalda cae irremediablemente sobre las sábanas. Unas sábanas exentas  de pliegues, porque cuando su marido se levanta cada mañana para ir al trabajo, ella las alisa con la paciencia de un beduino en pleno desierto. ¡Dios! Una de las puntas de la toalla se desprende del improvisado nudo que la mantenía aferrada a sus pechos, y estos, voluptuosamente, salen a flote intentando una decorosa permanencia uno al lado del otro; pero no es posible, se desparrama a la izquierda uno, y el otro, a la derecha. ¡Son hermosos los pechos de la señora Asunción aunque cada uno vaya a su aire!   
                 Esto es completamente nuevo para mí. Asunción, mi vecina, recatada, sobria, beata, y aletargada desde que la conozco, se ha mantenido impoluta de los pies a la cabeza todos estos años. Jamás la había visto con este talante. La ventana del baño la cierra cuando está dentro, y al pasar de este a la habitación, siempre va por el pasillo llevando su eterna bata de andar por casa. Lo único que deja a la vista es la cara, las manos y parte de las zapatillas; pero hoy se ha desatado, y me ha tomado por sorpresa. ¿Cuánta belleza se puede ocultar bajo una insustancial apariencia? ¡Incalculables encantos! Es muy cierto la máxima que versa que las apariencias engañan, y ahora estoy siendo testigo de ello.
                 Tengo la impresión de que Asunción guarda en su memoria, desde mucho antes, las imágenes que componen las fotografías que sostiene su mano; pero aun así, las vuelve a mirar una y otra vez. Creo que desea rescatar hasta el último detalle impreso.
                 Cerró los ojos y, las dejó caer una a una sobre la cama. Al parecer ya no las necesita. Las fotos ahora se hallan dentro de su cabeza, en algún espacio de su memoria.
                 ¡Asunción comenzó a soñar!
                 Apartó lo que quedaba de toalla sobre su piel, y, mis sentidos se conmovieron. Dejó las piernas en franca separación, vulnerables en toda su extensión. Quedando su pubis en el margen de la cama a punto de descender al vacío. Por otro lado, los amplios pechos de la señora Asunción, habitaron el espacio como si fuesen los únicos pobladores del universo. Y qué decir de sus manos, desprendidas y maliciosas andando sin rumbo fijo por su cuerpo. ¿Qué más puedo desear que no fuese continuar mirando? ¡Nada hay más sublime que la soledad de un observador!
                 Un imprevisible rayo de luz irrumpió por la ventana que se hallaba del otro de la habitación, se difuminó sobre el pubis aún mojado de la señora Asunción, y sus ensortijados vellos fulguraron en múltiples colores. El reflejo se expandió, saltó, y su luz rebotó en mis ojos, encandilándolos. Quedé en la oscuridad, en una oscuridad total. Fueron unos segundos apenas, pero me pareció una eternidad. Dejé de ver, y la confusión penetró en mí. ¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy? Las preguntas intentaban formar una cadena al menos lógica dentro de mi cabeza pero no lograron su propósito. Y desde la misma negritud, llegó la señora Asunción a salvarme. La vi frente a mí. Era la primera vez que la olía. Una fragancia extremadamente intensa. Fuerte, acuosa, poderosa, y generosa en esencias. Es como si estuviese olfateando cada uno de los elementos que habitan en la naturaleza.
                 Llegó a mi nariz un intenso olor a salitre, una emoción poderosa de apacibles líquidos. Pude olfatear la solidez de una roca como si estuviese expuesta en varios pedazos, y experimenté una profunda estabilidad en mi interior. Mi pensamiento fue alcanzado por la briza fresca de la razón, y sentí los cabellos de la señora Asunción acariciándome la cara. No dejaban de moverse como si concibiesen una danza sensorial, y me cautivó. Naturalmente que lo hizo. Y por último, mi cara, percibió un intenso ardor, una sensación de calidez penetrante pero al mismo tiempo confortable desde la oscuridad en la que me hallaba habitando, y, plaf……, la luz. Regresó la visión.  
                 Después de tanto tiempo observándola, después de tantas horas dedicadas a su devota figura que jamás me sorprendió, porque en ella, cualquier cosa que hiciese es predecible como la noche y el día; después de todas las vicisitudes y nocturnidades, hoy, ahora, en estos instantes, siento vergüenza de mi comportamiento. Opino que he sido un vulgar mirón, y no tengo justificación alguna. ¡La señora Asunción ha dado un vuelco a mi corazón! ¿Cómo puede ser posible que no la descubriese antes? ¿Y ahora qué debo hacer? ¿Seguir mirándola? ¡No!
                 Dejé mi atalaya y salí de la habitación lo más veloz que pude. Necesito tiempo, tiempo para pensar en lo que me ha pasado. ¿Qué hago? ¿Qué hago? Toda mi investigación como “mirador unificador” ha dado con el traste, he perdido la perspectiva y no sé si eso es bueno o no; pero me es igual, no me importa, después de la experiencia vivida qué más puedo pedir. ¡Ya no me importa el señor Mariano, la fiesta, el…….., un momento! ¡Eso es, la fiesta! Tengo que hablar con el señor Mariano para que lleve a su mujer a la fiesta. De esa manera podré verla de cerca, y hablar con ella.
                 No fue complicado. Le manifesté al señor Mariano que invitase a su señora al encuentro, y así, de esta manera, se sentiría más arropado al compartir con los demás invitados que no conocía de nada, y le pareció estupendo. A él, ya se le había pasado por la cabeza llevar a su mujer, y me lo iba a comentar esa misma noche.
                 El sábado antes de las ocho de la tarde, lo tenía todo controlado. Invité a varios amigos y amigas para que me hiciesen de cuartada; por supuesto, los detalles escabrosos y mis intenciones velas no se las expuse, solamente los suficientes y necesarios para que mi plan funcionase. Preparamos las bebidas, varios platos para degustar, y por supuesto, el proyecto del que le hable al señor Mariano. Unos cuantos folios con una idea central pero no centrada, y otras dispersas por el escrito. Nada en concreto, pero sí con argumentos suficientes para debatir la noche entera si fuese necesario.
                 A las ocho en punto, llamaron a mi puerta. Era el señor Mariano y la señora Asunción. Mis amigos estaban desde antes. Ya los había entrenado en la defensa del proyecto a ultranza para darle un toque de veracidad.
__ ¡Buenas tardes, pasen por favor, están en su casa! –y con un gesto amable los invité a entrar, pero mis ojos no pudieron apartarse de la señora Asunción.
__ ¡Gracias joven! –sentenció el señor Mariano mirando a su alrededor-- ¡Tome, una botella de vino, porque no está bien hacer una visita con las manos vacías! –y me entregó la botella a la vez que pasaba por mi lado en dirección al salón.
__ ¡No tenía que molestarse, pero de todas maneras muchas gracias! –le dije con sinceridad.
__ ¡Y esto también joven, es una tarta de arándanos hecha por mí!
                 Y sin esperar una respuesta por mi parte la señora Asunción dejó caer sobre mis brazos dicha tarta. El señor Mariano había llegado al salón. En el pasillo, en el estrecho pasillo de mi apartamento, coincidimos por primera vez frente a frente la señora Asunción y yo, y lo único que apartaba nuestros cuerpos para que no topasen mutuamente era la dichosa tarta.
__ ¡Muchas…….gracias señora…….Asunción!
__ ¡De nada joven, pero no tiene que llamarme señora, simplemente Asunción!
                Y sentí que varias gotas de sudor bañaban mi frente, mis espaldas, y mis antebrazos.
__ ¿Se siente mal joven?
__ ¡Fernando!
__ ¿Cómo dice joven?
__ ¡Fernando, me llamo…….Fernando…….seño……, perdón, Asunción!
__ ¡Está blanco como el papel, no desea……..!
__ ¡No, no, no es nada, es que aún no ha refrescado!
__ ¡A mí me parece todo lo contrario! ¡Mire!, ¡Me he puesto este jersey por si acaso refresca aún más antes de irnos!
                 No lo pude evitar. Mi cabeza fue invadida por imágenes. Numerosas imágenes, y entre ellas, la más recurrida, los pechos de la señora Asunción, perdón, los pechos de Asunción mi vecina, unos pechos relajados sobre la cama de su habitación que invitaban a sucumbir. La miré, y el jersey, desabotonado, en su totalidad, dejaba percibir debajo una blusa de color blanco. Esta si estaba abotonada hasta el cuello, pero me daba igual, porque yo veía más allá de los tejidos y las apariencias. Ante mí, Asunción permanecía simplemente con su jersey, abierto, dejando al descubierto sus generosas turgencias que observaba con avidez.
__ ¿Podemos pasar? –me preguntó con un tono más bien suplicante.
__ ¡O sí, claro, perdone, es que……., esta semana ha sido muy agotadora, el proyecto, la universidad…….!
__ ¡Lo comprendo jove……., perdón, Fernando, no tiene que disculparse! –me miró, y sonrió con una señal de vergüenza.
__ ¡No se disculpe, es la costumbre, a mí me ha pasado antes!
                 Y amablemente dejé que pasase primero. Cuando llegamos al salón, el señor Mariano, sentado en el sofá, ojeaba el proyecto, y a su alrededor se hallaban mis amigos como moscas en un plato. Tuve la impresión que se encontraba a gusto y completamente relajado. En una mano el proyecto, en la otra un vaso con vino hasta el borde, y en la boca, palabras y más palabras que brotaban de la misma con el ímpetu de un orador en lo alto de una tribuna. El señor Mariano daba la impresión de ser otro. Estaba realmente insultante, seguro de sí mismo, y dispuesto a comerse el mundo y a quien se pusiese ante su destino. Hablaba con la misma seguridad con la que dialogan los que llevan la verdad sobre los hombros. La señora Asunción lo miró inquisitivamente, sus piró, y fue a sentarse en una de las sillas que se hallaba alrededor de la mesa.
__ ¿Desea beber o comer algo señora……? --uno de los amigos encargado de los refrigerio la interceptó.
__ ¡Asunción! --contestó ella.
__ ¿Desea beber o comer algo Asunción? --nuevamente le preguntó.
__ ¿Qué es lo que me ofrece joven?
                 Para no parecer pedante o llamar demasiado la atención, me coloqué en uno de los extremos del sofá aparentando que seguía la disertación del señor Mariano, pero todo lo contrario, mis ojos, mis oídos, y cada uno de mis sentidos, se hallan estacionados en una esquina de la mesa, junto a mi vecina Asunción, que no consigo borrarla de mi mente. Y esa pregunta: ¿Qué es lo que me ofrece joven?, me ha dejado perplejo. Sinceramente me está sorprendiendo su actitud.
__ ¡De beber tenemos zumo, limonada, sangría, y alguna bebida más......., y de picar queso………!            
__ ¿No tiene algo más enérgico para beber joven? –le interrumpió la señora Asunción con una certera pregunta.
__ ¡Bueno! --mi amigo buscó la complicidad en mi mirada, y al no hallar respuesta, porque el primer sorprendido era yo, tomó fuerzas y respondió--¡Hay también cerveza, vino, ron, ginebra, vodka, tequila, y creo que algo más!
__ ¿Cuál de ellas me recomienda como la mejor? --Asunción miró con detenimiento a mi amigo, y al no tener respuesta tomó la iniciativa-- ¡Quiero decir, como la más fuerte!
__ ¿Cómo dice señora?
__ ¡Aquí entre usted y yo, la que tiene más grado alcohólico joven!
__ ¡Ah, le comprendo, le comprendo señora Asunción………!
__ ¡Llámeme simplemente Asunción!
__ ¡Muy bien Asunción, creo que los de mayor grado son el tequila y el vodka!
__ ¡Pues tráigame……., pito, pito, gorgorito, donde vas tan bonito, a la acera verdadera pin, pan, bota, y fuera……., tequila, tráigame tequila, si no le es molestia joven!
__ ¡Naturalmente que no señora……., digo, Asunción, ahora mismo se lo traigo!
__ ¡Un momento joven, cuál es su nombre!
 __ ¡Fernando, mi nombre es Fernando!
__ ¡Gracias por todo Fernando!
                 Nuevamente mi amigo volcó su mirada en mí, pero esta vez me encogí de hombros, qué otra cosa podía respondedle cuando el primero que se hallaba en schok era yo. Fernando tomó rumbo al pasillo para dirigirse a la cocina e ir en busca de la bebida de Asunción, cuando recordó algo, se detuvo, dio media vuelta, y regreso a la mesa.
__ ¿Asunción, lo quiere con hielo o sin hielo?
__ ¡Sin hielo Fernando!
__ ¡En un segundo se la traigo!
__ ¡Gracias!
                 El que necesita realmente un trago soy yo. Esta mujer me está sorprendiendo generosamente. Sin duda no es la misma, no puede ser la misma. La señora Asunción se ha desbocado como una jaca recién herrada, y perdonen la comparación porque no es nada poética, pero el brío que desborda ahora mismo su presencia y su mirada solo es comparable con la vitalidad de un equino en plena libertad. Y no quiero decir con esto que la señora Asunción sea una yegua en celo, pero……., pero, algo sensual, que digo, erótico, la rodea esta noche. Una mujer inversamente proporcional.
                 Cada uno de mis planes, de mis estudios, inclusive, de mis apuntes, en estos instantes no me son válidos, al garete mi investigación de “mirador unificador”, soy un fracaso, ¡no!, soy literalmente un fraude, y no tengo perdón de nada ni de nadie. Lo único que ronda en mi cabeza es la imagen, la sorprendente imagen de la señora Asunción. Poseo un enorme y grandioso deseo por ella, un impío deseo, que no sé muy bien cuál es, pero me trastorna los sentidos y debo encauzarlo antes de cometer una locura.
                 Mariano se había hecho con la situación y era el centro de atención del salón. Se encontraba cómodo, muy cómodo, y entre copas y divagaciones, controlaba hasta las pequeñas pausas. De una cosa me di cuenta. Él, sentía, y es una apreciación personal de mi parte, una curiosa atracción por los hombres que se encontraban junto a él en el sofá. Mis amigos, no sé por qué razón, lo tenían embelesado, y Mariano, con satisfacción, se dejaba cautivar por el momento. Sin embargo las mujeres eran nulas para él, no las escuchaba, ni siquiera las dejaba hablar. Ni una sola vez, al menos las veces en que me acerqué, Carmen, Anita, Marlene, o Susana, fueron centro de su atención. Y a medida que su garganta digería epítetos y licores, su elocuencia se encaminaba más hacia el sexo masculino. Los papeles que sostenía en sus manos, nuestra falsa investigación, dejaron ser motivo de controversia por su parte y se encaminó directamente a la improvisación desmedida. Mariano, como elocuente dialogador, se hallaba cómodo, y yo diría más, realmente excitado, sentado en el centro del sofá, su tribuna, parloteaba y miraba, bebía, parloteaba, y volvía a mirar con insistencia a René, hasta perderse en sus propias incongruencias, en historias que no conducían a ninguna parte. Mariano era feliz, y sobre todo, se había olvidado que tenía una esposa que había abandonado en alguna parte de la casa, pero esto a él, no le importaba para nada.
                 Al fin llegó Fernando con el líquido embriagador. Asunción tomó la copa, la bebió de un golpe de codo, y volvió a pedirle otra a Fernando; pero esta vez le preguntó si no le importaba que fuese con él a por el licor, y Fernando le dijo que al contrario, se encontraba muy a gusto con su presencia y le apetecía conversar y compartir un rato con ella; y así lo hicieron, se marcharon juntos por el pasillo en dirección a la cocina. Y esto no me gustó nada. La señora Asunción al paso de los minutos, se estaba transformando misteriosamente en un ser encantador, sumamente encantador de hombres, o al menos Fernando y yo lo estábamos sintiendo en nuestras propias carnes. Su enigmática aura desde antes, desde mi posición de observador, me cautivó, y ahora, Fernando, que sabía de antemano mis intenciones, se dejó llevar por no sé qué oculto impulso, y me la quería robar impúdicamente.
                ¿Qué estaba haciendo yo postrado en una esquina del salón? ¡Nada! ¡Absolutamente nada! Tengo que ir a la cocina. Tenía la leve sensación de que si me demoraba un segundo más en llegar, Fernando caería irremediablemente bajo el poder de la señora Asunción, que esta noche, al parecer, mostraba una relajación total, y su organismo pedía a gritos beber.
                 Antas de entrar, escuché estentóreas risas desde el pasillo. Fernando emitía carcajadas, y Asunción jadeos continuos que se interrumpían por momentos.

Continuará…………………………..