sábado, 3 de agosto de 2013

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




CAPÍTULO LXXVI.


                 Él y ella de mutuo acuerdo y a un mismo tiempo comenzaron los juegos amatorios. El joven buscó con todo su ahínco la torneada concha que guardaba su amada entre las piernas, y la joven, con demasiado desenfado se adueñó del tensó músculo que bailaba entre las piernas del hombre de sus sueños. Sí queridos lectores, los amantes fueron directamente a una masturbación de sus órganos, y no esperaron a que la escena que tenían ante sus ojos se desarrollase ampliamente y en todos los sentidos.
                 El dedo índice en colaboración con el dedo del medio del chico llegó con prontitud pero con cordura al interior de la vagina de la chica, que de solo imaginárselo desde minutos antes se hallaba lubricada en extremo. Los labios sudaban, rebosaban mares de fluidos que salían por la vulva al encuentro de los compenetrados dedos del amante hurgador. Ella se olvidó por completo que se encontraba en la cala frente a un grupo de desconocidos que al mismo tiempo intentaban disfrutar del placer de la carne, y separó de par en par sus muslos para que los intranquilos dedos se moviesen libremente por su abertura, dejando las puertas abiertas a la imaginación y todo lo que quisiese penetrar.
                 Por su parte el joven sintió la persistente mano de su chica en su falo, porque ella necesitó esta vez la complicidad de sus cinco dedos para dominar al desbocado corcel que no hacía más que cabecear de un lado a otro y parecía imposible de dominar. Tomó la verga con firmeza. Segura de lo que estaba haciendo, y cercándola hasta donde le permitía la extensión de sus dedos la oprimió por unos segundos hasta cortarle la circulación. Esto le gusto al joven sorprendentemente que jadeó a más no poder a la vez que sus dedos se deslizaban por las paredes vaginales de su prometida. Un cúmulo de sangre se agolpó en la cabeza de su verga, que enrojeció por dicha acción y por los libidinosos pensamientos que no encontraban la vía de escape hacia el mar.          
                
Continuará.....................   
fOTOGRAFÍA: ara.    


lunes, 29 de julio de 2013

LOS ENCANTOS OCULTOS.




-- SIETE –


                 Valentín con dos inseguros toques llamó a la puerta de la oficina de su jefe. Era la hora del almuerzo, y este encuentro estaba fuera de lugar. Las piernas, la voz, las manos, y todo su cuerpo temblaron al escuchar al jefe.
__ ¡Pase Valentín, y cierre la puerta, tenemos que hablar usted y yo!
                 Estas palabras  impactaron en los oídos de mi amigo Valentín como incansables campanas en semana santa. Su jefe se encontraba sentado en su gran silla giratoria con un pliego de papel en sus manos, un pliego que le resultaba suma mente familiar.
__ ¡Buenos días señor! –dijo Valentín cerrando la puerta.
__ ¡Pasa Valentín, siéntate, y nada de señor, llámeme por mi nombre! –sentenció el jefe.
__ ¡Es que señor…………nunca lo he llamado por……..su nombre!
                 El pobre de Valentín no sabía muy bien cómo expresarse, se encontraba verdaderamente perturbado ante tal demostración de confianza que le mostraba su jefe.
__ ¡Si no le parece mal a usted y lo desea, le invito a almorzar conmigo, no es nada del otro mundo, pero es comida casera preparada por mi madre, que tiene buena mano para estos menesteres!
                 Esto ya se escapaba de cualquier lógica para el pobre Valentín que no salía de su asombro. El Jefe le pidió que lo llamase por su nombre y a la vez deseaba comer con él, esta actitud no puede ser normal, pensó Valentín, que se vio por un momento con sus dos pies fuera de la empresa. Seguramente el jefe le pondría el dulce en la boca para después despedirlo sin ningún tipo de clemencia.
__ ¿Qué me dice Valentín? –preguntó el jefe.
__ ¿A qué se refiere señor? –preguntó Valentín.
__ ¡A comer juntos Valentín, y ya le dije que no me llame señor, llámeme simplemente Arturo! ¡Ar-tu-ro, porque hace muchos años que nos conocemos!
                 La voz del jefe se escuchó con una sospechosa musicalidad y una pasmosa complicidad.
__ ¡Es que señor……..perdón Artu…….señor Arturo, digo jefe Arturo……!
 __ ¡Está bien Valentín, dejemos este tema de los patronímicos por ahora! ¿Comerá conmigo? –le preguntó el jefe Arturo.
__ ¡Si usted me lo pide! –afirmó Valentín.
__ ¡Relájese hombre, venga conmigo, comeremos en el salón contiguo, donde hacemos las reuniones con los ejecutivos!
                 Valentín lo siguió, y al entrar en la otra habitación, quedó literalmente con la boca abierta. La ancha y larga mesa de caoba estaba dispuesta de punta a cabo. No faltaba un detalle sobre la misma. Un fino mantel, cubiertos de plata, copas de fino cristal, y una extensa y variada degustación. La escasa imaginación de Valentín quedó bloqueada ante tal majestuosidad.  

Continuará…………….
Fotos: ARA.  

  

viernes, 19 de julio de 2013

¡CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO!




CAPÍTULO LXXV

                  ¡Naturalmente que sí, la teta, con su inseparable pezón dialogó amplia y profundamente con la húmeda lengua que no hacía más que moverse de un lado para otro ante tal demostración de carnes al viento! La bacanal de las partes sensibles de cada uno de los cuerpos había comenzado a andar, y posiblemente nada ni nadie sería capaz de detenerla, porque los codos se llevaban demasiado bien con las axilas, los muslos con los pies, los hombros con las nalgas, los testículos con las entrometidas narices, las vulvas, las llamativas vulvas se paseaban por toda la arena dejando un rastro acuoso como el que engendra el caracol en su eterno viaje. Los profundos labios buscaron cualquier detalle, sin importarles las formas, ellos sencillamente deseaban besar, poseer al contrario y no dejarlo escapar por mucho que lo suplicase. Estos labios junto a los demás se entrelazaban en caricias profundas, en entregas más allá del límite y de lo correctamente permitido. ¿Quién dice que unos carnosos labios no son capaces de morder rincones insospechados? ¡Nadie lo puede afirmar, porque “nadie” no existe en esta paradisíaca cala!
                 Y entre la desaforada entrega de cada uno de los presentes, se encontraba nuestra desinhibida pareja, que llegó a este rincón con sus incoherentes demostraciones sexuales por toda la orilla. Él y ella, estaban alucinando ante tal improvisado espectáculo que se originó frente a sus ojos como un acto de magia sin precedente alguno. Por un momento se sintieron culpables, porque ellos fueron la llama que activó en cada uno de los presentes el deseo sexual, pero al mismo tiempo al contemplar la forma en que se prodigaban caricias y tocamientos unos con otros, su libido resurgió como un cristalino manantial dentro de un árido desierto. El joven con una mirada cómplice sugirió a ella que algo debían hacer, que con toda esta locura llevaban un buen tiempo como simples observadores, y debido a sus incontrolables impulsos y a su sed libidinosa, no debían quedarse al margen de los gratificantes hechos que se mostraban ante sus ojos.
__ ¿Nos unimos al grupo? –preguntó el joven a su amada.
__ ¡Me gustaría! –afirmó ella.
__ ¿Y que esperamos? –le contestó el amado.
__ ¡Nada, pero primero podemos disfrutar un poco más del espectáculo para ver hacia dónde se encamina! –dijo ella.
__ ¡Me parece bien! –contestó él.
__ ¡Al mismo tiempo puedes jugar con mi concha marina! –le suplicó ella.
__ ¡Me parece muy bien, pero primero toma entre tus manos a mi desesperado amigo que está cerca de exhalar dentro de tu enigmática concha! –declaró él sin el más mínimo rubor en el rostro.          
                
Continuará.....................   
fOTOGRAFÍA: ara.    


viernes, 5 de julio de 2013

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




 CAPÍTULO LXXIV
                 

                 Las manos se movieron. Las manos se combinaron. Las nada impúdicas manos se dejaron llevar por ellas mismas y se encontraron con nalgas, rodillas, muslos impávidos y rosados, caderas distraídas, y narices dispuestas a esnifar el intenso aroma de la cala que no dejaba indiferente a cada uno de los presentes. Por aglomeración de músculos y carnes, por incitación de las propias manos se creó un caos sobre la esculpida arena de la controvertida playa. Sabedoras del placer que podían producir estas táctiles amigas, “manipularon” la situación para continuar con el control, pero no les resultó, porque a estas alturas los demás elementos corporales habían alcanzado una temperatura fuera de lo normal, y los propietarios de estos brazos, pubis, pies, o sedientas bocas, fueron en busca de cualquier ser viviente que estuviese a menos de un palmo de distancia de ellos.


                 La mujer dejó de ser el centro de las caricias, de las embelesadas masturbaciones, de los imperecederos tocamientos, y de cualquier demostración sensitiva. ¡Ahora, en estos soplos de vientos marinos, los integrantes de la cala se volcaron unos hacia otros y sencillamente se dejaron encaminar! La manoseada mujer pasó a un plano terrenal, y ella, por propia voluntad levantó del suelo su cuerpo y se aferró al primer glande que tuvo a su alcance. Lo saboreó, lo degustó con una placentera sonrisa, porque desde una eternidad su boca no había degustado “bocado” alguno. ¡Bien le sentó a la atrevida mujer el glande con su continuación! Un extenso nervio que parecía no concluir, porque fuera de su boca quedaba al menos quince o veinte centímetros de pene que sostuvo con sus dos manos. ¿Qué puedo decir de ella que pasó de una inactividad pasmosa a una acción beligerante hacia un “miembro” encumbrado del grupo? ¡Absolutamente nada!


                 Una mano fue por un ojo, un pie por una distraída vulva, un codo por un ano expandido, y una lengua, una salada y pegajosa lengua no sabía muy bien que invadir. Ella solamente deseaba lamer rincones insospechados, pero ante un muestrario tan variado y extenso, las dudas colmaron sus pensamientos y la lengua se quedó dilatada al viento. Fue entonces cuando en dos segundos, escasamente en dos segundos, un distraído pecho con su respectivo pezón que iban en busca de un sorbedor confesado, tropezaron con la alocada lengua y se produjo el milagro. La lengua se movía en el aire como pez en el agua, y el pezón a una teta pegada se esparció para llamar la atención del apilado arenal.


                 ¡Eternidad entre todas las permanencias, no dejes que estos cuerpos se marchen de la cala sin saciar su profunda sed! 
      
                
Continuará.....................   
fOTOGRAFÍA: ara.    

lunes, 1 de julio de 2013

VICENTE Y LA ADOLESCENCIA




VEINTICINCO.


                 ……………….. ¡Estamos sobre el lecho, su cuerpo y el mío, Dolores y yo, su vagina frente a mi cara, y mi pene ante sus ojos! ¡Dios de dioses, milagro entre los indisolubles milagros, prodigio infinito concentrado en un instante que no me deja pensar con tranquilidad! ¡Es el tiempo de los lamidos para que nunca lleguen las lamentaciones cuando el resumir haya hecho de las suyas! ¡Dolores, mi Dolores, Dolores de mi vida y mis sentimientos! ¡No sé qué hacer después de estos momentos! ¡Te deseo y te quiero, te quiero y te aspiro, te amo y te pretendo, porque plácidamente atormentas mis sentidos y ya no sé qué hacer sin tí…………………!
                 Escuchamos a Vicente y no lo reconocíamos con estas expresiones tan, tan, tan poco usuales para estos………., no sabemos cómo catalogarlo, realmente no lo sabemos, porque nuestro amigo se encuentra en un estado que podemos llamar de placer-catatónico. En su corta vida sexual jamás había experimentado sensaciones tan inverosímiles como las que está sintiendo junto a esta mujer, que no ha hecho otra cosa que descubrirlo. ¡Sí pudiésemos tener un encuentro parecido o similar al de nuestro amigo con la parnasiana Dolores, con toda seguridad no seríamos los mismos!
                 ……………….. ¡Amigos esta mujer me separó las piernas y se conectó a mi más delicada extremidad, a la voluble extremidad que desde este instante marca los latidos de mi corazón! ¡Yo no quice ser menos y fui hasta sus labios vaginales y me conecté de igual manera! ¡Boca con labios, y labios con falo! ¡¡Estamos conectados recirculando nuestros fluidos y nuestras terminaciones sensitivas para no dejar de alimentarnos!! ¡Qué sensación tan sublime cuando te absorben el sexo y absorbemos a la vez más allá del sexo de la persona deseada! ¡Toma y dame, te doy y lo estoy sintiendo! ¡Frescor dulzura, saliva de melaza que salta por las comisuras de la boca, para impregnar los bordes del clítoris de mi amada que no deja de moverse! ¡Dolores, detente por un momento, para el movimiento de la cadera, porque en cada sacudida se me escapa de la boca tu carnosa colina!...........
                 ¡Amigo Vicente te pedimos encarecidamente que no continúes, al menos de esta manera, porque todos, incluyendo al ecuánime Antonio, estamos a punto de un corrimiento, y no solamente de tierras, sino de aguas, de efluvios, de líquidos, y también de incontroladas emociones! Te escuchamos todos pero no estamos aquí, hasta el parsimonioso Eulalio ha viajado al cuarto de Dolores, y si te fijas, en uno de los bordes de la cama sus saltones ojos están contemplando la escena, por si le das permiso participar respetuosamente. Tus amigos te suplicamos que no seas cruel, sabemos que somos los culpables, porque te hemos pedido que nos cuente hasta el más ínfimo detalle, pero si continúas así Vicente, te prometemos que no podremos responder a partir de este instante.
                 …………………. ¿Me estás mordiendo el glande Dolores? ¡Sí! ¡Qué delicia, alarga este momento mi amor, no te detengas, te voy a pellizcar con mis dientes esos pliegues ondulados que me están provocando desde que los conocí! ¡Eso es, ahora tócame los huevos, lo siento pero no me sale decir testículos, suena a órgano interno de algún ave prehistórica, me siento mejor al escuchar huevos mi amor, huevos, huevos, huevos,……”guevos” mi corazón!     
               

Continuará....................................................  
DISEÑO GRÁFICO: ARA Y MANDY.



domingo, 16 de junio de 2013

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?





Capítulo LXXIII


                 Estas no fueron las dos únicas manos, las privilegiadas manos que traspasaron las fronteras permitidas hasta alcanzar lo racionalmente palpable. En el exterior, sobre la epidermis de la desordenada mujer de mirada perdida, un conjunto, un cúmulo de manos esperaban acariciar lo infinitamente oculto, el interior de cada una de las oquedades que poseía la demostrativa mujer. Cada una de las manos presentes, la izquierda con su compañera la mano derecha, se frotaban de gusto al saber que dentro de algunos segundos se verían inmersas en una apetecible frotación anal o vaginal. ¡Eso sí! Cada mano tomaba el rumbo que sus instintos le ordenaban. ¡En esta cala no hay estereotipadas reglas, solamente emociones confrontadas!
                 Una mano con influencias orientales, se distanció del grupo y fue directamente a los pies de la mujer de las profundas aberturas. Llegó por su propia cuenta y riesgo y las terminaciones nerviosas de la mujer conectaron con la carga positiva de la planta de los pies. ¡Cinco dedos y cinco más se enlazaron! ¡Cinco dedos de manos con cinco dedos de pies! --¡Dios, es una delicia lo que me hacen vosotras delirantes manos!-- Respondieron al parecer los placenteros pies. Más que acariciar, más que seducir, los dedos de la mano de esta persona que actuaba en solitario, embelesaron la consciencia de la distraída mujer que se debatía entre una sensación y otra. ¡Sensaciones dispares pero todas ellas a un mismo tiempo!
                 Al no poder más con su cuerpo, porque el placer se había extendido a diversos y renovados espacios de esta  historiada mujer, ella cerró sus ojos y se entregó en materia y aliento a los multitudinarios tocamientos. La primera vez en su vida que no ha sido penetrada por un miembro erecto y venoso, por uno de los más antiguos dominadores de distantes rincones. La primera vez que su cuerpo se elevó sin necesidad de métodos tradicionales. La primera vez que su orgasmo se misceláneo y sobre la arena inconstante creyó tocar el cielo.
                 ¡Muchas veces lo intentó! Deseó encontrar la palabra justa, la elemental, la precisa para describir lo que había experimentado en este eterno tiempo que deseaba atrapar por siempre. ¡Éxtasis! ¡La gloria! ¡Enajenación! ¡Corrimiento de tierra bajo sus nalgas! ¡Más, mucho más y no sería objetiva, porque pasada algunas horas, esta mujer de mirada extasiada, no había regresado de su dilatado viaje!  


Continuará.....................   
fOTOGRAFÍA: ara.    


viernes, 14 de junio de 2013

CELIBATO




            -- 9 –  




                 La ciudad se mantiene despierta y por sus calles merodea la tentación vestida de continuidad. Voy calle abajo y no tengo ningún orden establecido para provocar mí no-acción. ¿Cómo puedo incitar el apetito si no pienso llegar a una culminación? ¡Verdaderamente ni yo mismo lo sé pero lo intentaré! Lo primero que haré es una preparación de mis sentidos para estar disponible si se presenta el momento. Soy consciente que la oportunidad no llega de manera directa, y el saber discernir entre una coyuntura o un mal entendido es importante, porque no hay más que un paso entre ambas. De este modo llegaré al primer sitio que me encuentre y dejaré que los hechos se vayan desarrollando con suma normalidad.
                 Los mejores espacios se encuentran donde hay una concentración de personas, porque si una situación no funciona podremos recurrir a otra, pero no todos los lugares valen de igual manera, es necesario una cierta tranquilidad, paz, o armonía; no lo sé pero lo primero que me vino a la cabeza fue el cementerio y la iglesia, no, no, es sólo un pensamiento, aunque me gustaría experimentar en estos sitios.
                 ¡Veo un comercio a mi izquierda, y creo que voy a entrar en él!
                 Es un establecimiento como otro cualquiera habilitado para la venta de alimentos. Una tienda, autoservicio, mercado, bodega, o como se le quiera llamar. Las secciones que están atendidas directamente por un personal son la frutería, carnicería, y la pescadería, porque los demás alimentos están dispuestos en sus correspondientes estanterías para que los clientes tomen directamente el deseado. Hay varios pasillos, creo que tomaré el del centro. En realidad no entré para comprar un artículo, mi objetivo es sabido, así que me encuentro algo perdido entre tantos productos que en estos momentos no me interesan, pero debo hacer creer que mi intención es adquirir uno o varios.
                 Pasaba de un pasillo a otro mirando más bien las caras de los clientes, intentando que se produjese algún contacto, pero por varios motivos no se concretaba mi propósito. Yo en realidad intento provocar un encuentro con una persona del sexo contrario, con un margen de edad abundante, pero entre los veinte y tantos, a los cuarenta y tantos, ni muy muy, ni tan tan, lo que llamo una joven madura. Respecto al físico no tengo parámetros o reglas, busco en cada persona la magia, algún íntimo secreto que me descontrole la mirada y me erecte los bellos del cuerpo, esto es mucho más difícil de encontrar que una hermosa morena, una grácil rubia, o una pelirroja descendiente de antiguos Vikingos. La fascinación es un don que no todos lo saben elevar a la categoría de arte. ¡Con esta fundamental cualidad deseo encontrar a mi joven-madura! El color de su pelo, las dimensiones de su pecho, su estatura, la armonía en su rostro, o cualquier detalle en referencia a su físico, no las valoro por encima del embelesador hechizo.
                 Al torcer a mi derecha para cambiar de pasillo, me golpee de frente con una estantería que por descuido mío no había visualizado. ¡Un poco más y lanzo al suelo los botes de conservas que conformaban una curiosa pirámide para llamar la atención de los consumidores!
__ ¿Caballero está usted bien? –una voz me habló.
__ ¡Sí estoy………..bien, muy bien, gracias!
                 Delante de mí una joven vestida con el uniforme del comercio intentó socorrerme.  

Continuará............................
fOTOS:ara.


sábado, 8 de junio de 2013

NOVELA a la vista




ESTOS ÚLTIMOS MESES LOS HE DEDICADO A LA TERMINACIÓN DE MI NOVELA. ¡ESTÁ CONCLUIDO!
REGRESARÉ CON LOS TEMAS DEL BLOG EN POCOS DÍAS. 
GRACIAS POR LA ESPERA


                                RamirezNena


lunes, 20 de mayo de 2013

LA MEJOR HORA PARA PROPORCIONARNOS UNA AUTO-COMPLACENCIA.





(CAPÍTULO XXV)
                          

                                       LOS OBJETOS VOLUBLES

                 El Infierno colmado de comensales, y cada uno con un plato humeante de ajiaco sobre la barra o la correspondiente mesa del restaurante, una cortesía de la casa para todos los clientes presentes en este significativo día. Cuando cada plato estuvo colocado frente a cada comensal, el ambiente quedó en un silencio absoluto. No se escuchaba ni la más leve respiración que diese a entender que en el infierno había vida. Juan con su delantal se escurrió las manos y atisbando por el cristal que divide el salón y la cocina, se quedó inmóvil esperando la primera respuesta de sus clientes. Después de tantos años con el negocio por alguna razón el bueno de Juan temblaba tras la puerta esperando la mínima reacción, pero nada, miraban el plato y tal parecía que el humo que se desprendía del mismo los había hipnotizado a todos. La humeante y caprichosa silueta que flotaba por los bordes del plato y continuaba a su antojo ascendiendo por los aires, tenía ensimismado de tal forma a los convidados que daba la impresión que no llegarían a degustar el ajiaco de nuestro amigo Juan.
                    Y sorpresivamente, sin esperarlo Juan, las cucharas se pusieron en funcionamiento. La secretaria, el vigilante, la maestra, el carpintero, la joven pareja, el pensionista de la calle de enfrente, y el resto de clientes habituales, y primerizos, se llevaron como en una acción sincronizada el poderoso y desconocido líquido a la boca. ¡Nuevamente silencio! Tragaron en seco, tomaron aire hasta llenar los pulmones, lo soltaron complacidos, y volvieron a introducir la cuchara hasta el fondo del plato como buscando algún secreto no encontrado. A partir de este instante cada uno continuó con su ritmo. Juan se relajó y regresó al interior de su cocina agradecido. La aceptación fue unánime, tan unánime que en la cuarta o quinta cucharada una especie de euforia colectiva se impregnó en el ambiente. Posiblemente por lo caliente de ajiaco, porque el día estaba caluroso, o porque Juan le agregó una pizca de su ají picante a la receta, los comensales comenzaron a sentir un sofocante calor que les abrazaba la piel, hasta el punto de comenzar a desabotonarse las prendas, pero aun así no dejaban de ingerir la sugerente receta que creó el sensible de Juan. Los hombres llevaban las camisas por el tercer botón fuera de sus ojales, y las mujeres, las que llevaban faldas, elevaron las mismas por encima de las rodillas.
                    
                

Continuará..........................
Fotos: ARA y Mandy.                      


lunes, 13 de mayo de 2013

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




CAPÍTULO LXXII
                 La mano, las manos, y los respectivos dedos con ocultas habilidades instructoras, conquistaron sin ningún recelo la parte más elevada de las entrepiernas de la dilatada mujer. Las dos últimas manos, y sobre todo la derecha, la que hizo que remontase el infinito para ver y sentir cosas que normalmente no hubiese experimentado en un estado cotidiano de complacencia, la liberaron de su falta de oxígeno, y propicio que sus pulmones se expandiesen a la altura de su vulva para percibir la suavidad de sus partes más íntimas. Esta cuantiosa y poderosa mano la despejó de sus dudas, la moldeo a su gusto y semejanza, la perfiló en sus contornos, y más que acariciarla la acunó por las zonas pensadas y deseadas pero calladas, calladas para que la extensa piel no celase de los favores especiales que estaba recibiendo algunas partes púdicas de la mujer.
                Cuando las demás manos aleatorias fueron conscientes que la protagónica mano estaba causando estragos placenteros en el cuerpo de la mujer, se deslizaron deseosas por el vientre, los muslos, y las nalgas de la agonizante que a estas alturas no sabía muy bien dónde colocar sus pupilas  que corrían de un lado a otro sin encontrar acomodo. En pocos segundos, en un tiempo inesperado para estos tiempos, una lluvia de manos confeccionaron para sorpresa de la mujer y de los demás integrantes de la cala, una delicada prenda compuesta por pieles, nervios, huesos, fluidos, arterias, y todo lo posiblemente sensible y sensorial para dejar inconsciente  pero vestido, el sexo de la exhausta mujer de ojos perdidos.
                 Una mano llegó hasta el comienzo de su orificio esplendoroso que palpitaba de éxtasis, y una segunda mano, continuó por la parte posterior en que el diseño de una abertura se bifurcaba en otra. La mano vaginal confrontó su experiencia con la mano anal, y al verse frente a frente una con la otra, primeramente se saludaron como corresponde entre manos ampliamente sociables, y seguidamente intercambiaron impresiones vividas en regiones ajenas pero al mismo tiempo común para el común de los mortales.
__ ¡He visitado unos pliegues desorbitados que me dejaron abrumados de delectación! –le dijo la mano-anal.
__ ¡Y yo he conseguido penetrar por un risco húmedo con paredes volubles que relajaron mis puntos sensibles!
                 Le contestó la mano-vaginal que no se detuvo más tiempo en explicaciones innecesarias porque se notaba que llevaba demasiada prisa.    
Continuará.....................   
fOTOGRAFÍA: ara.    

domingo, 5 de mayo de 2013

CELIBATO


                                              


                                                         -- 8  --
                 Este día se me antoja diferente y no dejaré de hacer lo que está en mi consciencia y en mis manos para que así sea. Voy calle abajo, y me dejo llevar por la gravedad, por mis impulsos, mis deseos, y por todas las energías que fluyen de mi interior. Siento y tengo el cuerpo dispuesto para emociones fuertes, aunque mi propósito central es continuar siendo célibe, de esta manera debo actuar con extrema habilidad ante lo que me pueda surgir de improvisto, porque las tentaciones son muchas y variadas, y en cualquier esquina puede saltar la liebre y quedarme en el intento
                 La provocación es un arte y me dejaré llevar por la primera oportunidad que se me presente para demostrarme que cuento con las armas suficientes para continuar con mi curiosa experiencia, no será fácil, pero desde el primer instante lo he sabido, el desear y no llegar al clímax provocará mucho más que dolores de cabeza. Estaré dispuesto a soportar una mirada, varias o demasiadas palabras directas o indirectas, inclusive algún que otro tocamiento con buenas y malas intenciones, proposiciones, no de leyes, pero sí de imaginería, espacios provocados, diminutos o grandes espacios, que me lleven al momento justo de poner la mano para decir que hasta aquí estoy dispuesto, no más, porque si continúo se perderán todas las intenciones, las alcanzadas hasta ahora, y las que están por venir.
                 En este intento de continuar siendo célibe involucro cada una de las energías acumuladas por semanas, y dispongo mi cabeza para enfrentarme a lo que pueda llegar, las tentaciones son variadas, disimiles, y está de más afirmar que sorpresivamente inestables. Seré uno más entre la multitud, y en mi andar por la ciudad nadie sabrá, solamente yo, que soy célibe por convicción, pero un célibe provocador, dispuesto con toda intención para entregarme a la pasión más desenfrenada sin llegar a un orgasmo de la carne y el intelecto, pero sí de las emociones y los sentidos. Pienso, y cada día estoy más seguro de ello, que el celibato es por esencia provocador, tentador en cada centímetro de sus atributos e impulsivamente conforme con lo que le ha tocado vivir.
                 Voy calle abajo, pero no por ello me dejo llevar por los impulsos, mis propósitos son claros y tomaré esta manera de no-expresión como la culminación de un objetivo concreto que dejará mi cuerpo dispuesto para cuando decida enfrentarme al sexo de una manera común, pero por ahora el ser, el llamarme, el nombrarme célibe, lo disfrutaré íntegramente. 

               

Continuará............................
fOTOS:ara.

jueves, 2 de mayo de 2013

CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO





                                                    (CAPÍTULO LXXI)


                 El clítoris. Las entrepiernas. Las ocultas oquedades. Los portentosos orificios. La vulva y sus constantes cómplices. Los labios mayores, menores, los internos y externos. La majestuosa armazón carnosa de la concha prodigiosa. La vagina protectora de extraños elementos. El monte guardián que protege el universo extendido de la mujer. Su visible mundo que aguarda la llegada de un sólido elemento que la traslade, que la eleve, que la levante por los cielos y la conduzca al espacio de todos los espacio, al lugar donde los deseos no son una a falacia y sí una rotunda verdad. En esta situación se encontraba la mujer, la dispuesta protagonista de nuestra historia, que sin complejo reposaba desnuda sobre la cálida arena de la encantadora cala. Toda su anatomía, pero sobre todo la mencionada, la llamada prohibida, se encontraba dispuesta, para que las manos, las aludidas manos, dichas manos, las arpegiadas manos la cortejen sin escatimar en abalorios fantasiosos. Ella simplemente espera a la orilla del mar para que las referidas manos alaguen, la manoseen, la esculpan sin cumplidos por cada uno de los bordes y contornos de su cuerpo. Ella esperaba, esperaba, y en su prolongada espera los poros de su piel se dilataron todo lo que pudieron para recibir sin impedimentos, lo que estaba a punto de llegar.
__ ¡No puedo más, deseo que vengan a mí, todas a mí y me colmen con sus tocamientos difusos para sentir que puedo viajar a través de vosotras, alocadas manos!
                 No hubo que esperar mucho, media docena de manos se afanaron en complacerla de lleno, de complacerla en los requerimientos más caprichosos e íntimos que un ser pueda solicitar en estos tiempos que corren. Una mano, de hombre, nada vergonzosa, se posó en la sima del talado monte y no tuvo prejuicio para continuar con la labor de antiguos conquistadores de lascivos cerros, pero en este caso, en el de dicha mujer, su despejado bosque, en muy pocas ocasiones había sido invadido por semejantes seductores, pero ella alucinaba de a poco,  minuto a minuto, en instantes cortos pero intensos en que su afanada vulva se retorcía con cada yema dedo que pasaba por casualidad por allí.  

     
Continuará.....................   
fOTOGRAFÍA: ara.    

lunes, 8 de abril de 2013

LA MEJOR HORA PARA PROPORCIONARNOS UNA AUTO-SATISFACCIÓN.






(CAPÍTULO XXIV)
                      

                             “LOS OBJETOS VOLUBLES”

                Y así la historia del Infierno concluyó. Los comensales dejaron de ser simples degustadores de productos alimenticios para entrar en la lista de “objetos volubles”, después de este suceso la vida de sus protagonistas no siguió siendo la misma, al igual que el discurrir del pueblo cambió de la noche a la mañana. Lo que en el interior del Infierno ocurrió se mantuvo en el propio interior del Infierno, porque los pobladores no estaban dispuestos a caer en bocas de vecinos fronterizos, pero con el tiempo los comentarios se extendieron a los descendientes como yo, y entonces llegaron las versiones, infinitas versiones que se iban modificando dependiendo de la boca que las contase. Mi familiar, que no era otro que mi abuelo, mi abuelo Juan, fue la parte fundamental en este suceso, y yo, el privilegiado conocer de los hechos, un fidedigno transmisor  Esto fue lo que sucedió, al menos, lo que me contó mi abuelo Juan, único propietario del Infierno.
                Juan presentó por sorpresa y para todos un plato, un solo plato que llamaba ajiaco, una especie de cocido que permitía que se incorporase una infinita variedad de ingredientes al igual que componentes alimenticios. Vegetales, carnes, viandas, hierbas aromáticas, aliños varios y concentrados, y por supuesto el ingrediente sorpresa del maestro culinario Juan, que no pasó por alto el detalle de incorporar su mejunje. Juan adobó este cocido con varios condimentos propios que venía desarrollando desde hace algún tiempo, esto lo sé con lujo de detalles porque Juan, lo dejó plasmado en una especie de diario que llevaba a la par de las recetas de cocina. Lo que ocurrió en el interior del infierno para nada me fue ajeno.
                Uno de los trucos confesables del abuelo Juan, porque el ingrediente secreto se lo llevó a la tumba, radicaba en la elaboración del ajiaco, que se ponía a fuego lento, y despacio, muy lentamente, se le iba incorporando cada ingrediente, con un intervalo de no menos de quince minutos entre uno y otro. El fuego según el abuelo Juan hacía una labor encomiable para reafirmar los aromas y perpetuarlos en un concubinato total.
                Después de al menos ocho horas, menos no, pero más sí en dependencia de la cantidad de ingredientes que se le desee incorporar de más, el ajiaco debe reposar en un pozuelo hondo por varios minutos, y aquí, pasado este tiempo, es cuando intervienen las manos de Juan y hacen de las suyas. Su secreto estaba depositado en la alacena, en la que solamente él portaba la llave, lo tomó y con el mismo aderezo su ajiaco, y solo entonces, no antes, llamó a sus camareros para que repartiesen las vasijas a cada uno de los comensales presentes  en el Infierno, aunque no hallan solicitado el ajiaco del Infierno, esta vez era un obsequio de la casa. Lo que pasó más tarde fue concluyente.

Continuará..........................
Fotos: ARA y Mandy.                      


VICENTE Y LA ADOLESCENCIA





VEINTICUATRO.

                ¡Nuestro amigo es un gran catador! Fue lo que pensamos todos cuando Vicente nos contaba la continuación de sus peripecias amorosas. --¡No cabe la menor duda Vicente que si continúas así te podrás convertir en todo un degustador de vulvas en el aire!-- Comentamos y por supuesto a continuación llegó la risa. Con estas bromas había que tener mucho cuidado porque Vicente se podía enfadar y quedarnos sin saber la continuación de sus episodios sexuales. Nos callamos, le miramos, y esperamos con paciencia que se dignara al menos continuar con su narración.
                Nos dijo Vicente. Proseguía degustando las intimidades de Dolores pero mi alocado miembro erguido no me dejaba concentrarme en mis asuntos. Constantemente se tensaba aún más y daba bandazos de un lado a otro como un mástil en medio de una tempestad. Es una sensación que siendo hombre no sé muy bien cómo describir. Cuando el pene está sólido, firme, tieso a más no poder la reivindicación se concentra precisamente en esta parte de nuestro cuerpo, indicándonos que esta vez nuestro plexo-solar es una verga que cual veleta se orienta hacia las poderosas carnes de la persona que tenemos a nuestro lado, porque desea con toda solidez ser oprimido, ahogado, machacado, estrujado en exceso para extraerle su zumo. Yo lamía los labios húmedos de Dolores, pero a la vez le estaba pidiendo un poco de compasión con la mirada. Deseaba que tomase en sus manos y con la colaboración de sus cinco dedos mi verga, para sentirla más allá del propio músculo, y de la propia piel.
                No dejé de degustar su vulva pero a la vez alcé lo más que pude mi pelvis al poniente para experimentar mi veleta por los aíres y dominar el espacio. No es que fuese un dolor en sí, pero sí portaba en toda mi zona íntima un malestar gustoso que estaba dispuesto a claudicar si Dolores no hacía algo al respecto y con urgencias. ¡Milagro! El milagro llegó. Posiblemente mis corrimientos de pupilas fueron suficiente para que mi amada se diese cuenta que necesitaba con solidez que tomase mi pene con lo que fuese porque estaba a punto de perderme en el espacio. Dolores me miró, continuó en su posición ahorcajada porque no estaba dispuesta a perder este privilegio, y posiblemente leyendo en mi interior torció el tronco, se giró, y tomó de una vez mi verga con su mano, mi verga que ahora quedaba por extensión de piernas a la altura de su pecho. ¡Es una delicia! Tensó sus dedos, sus cinco dedos, y comencé a respirar con cierta normalidad. Ahora Dolores tenía en sus manos a mi monstruo cabeceador.
                ¡Dios mío lo está zarandeando! ¡Dolores no te detengas ahora mi amor! En este preciso instante fue casi imposible concentrarme en la labor que hasta ahora venía llevando, pero como no me quedaba más remedio porque tenía ante mi cara expuesta en todo su esplendor la vagina de Dolores, hice un distanciamiento y busqué una analogía para proseguir de la mejor manera que podía. Esta vez mi lengua sería mi tirante pene que por ahora estaba en manos de mi amada, y su vulva el valle que deseaba habitar sin límites ni restricciones. El comienzo de mi lengua, la justa y precisa punta viajó entre las paredes blandecidas y perdí el horizonte que avistaba firme y seguro, entré en un laberinto que no podía controlar, pero estaba dispuesto a permanecer aunque mi saliva se extinguiese de mi boca. ¡Me quedé sin contar con el perseverante tiempo.  
               

Continuará....................................................  
DISEÑO GRÁFICO: ARA Y MANDY.



martes, 2 de abril de 2013

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


                              

                              EL TACTO (Los cuerpos)


CAPÍTULO LXX.
                Naturalmente que llegaron. Un caudal. Un torrente. Un advenimiento de manos se agolpó ante las firmes carnes de nuestra espontánea protagonista que desde mucho antes no deseaba dejar de ser el centro. Ella esperaba lo imposible ante los devenires continuos de manos indecorosas, de manos que no llegaron a plantear nada, porque ellas, las manos, simplemente ejecutaron directamente sobre el cuerpo de la fogosa mujer sus artes amatorias, hasta distender el más empequeñecido poro que estaba dispuesto a vibrar con el más leve roce de cualquiera de los centenares de dedos que danzaban sobre su morfología.
                La mujer respiró profundamente. Llenó sus pulmones y exclamó.
__ ¡Es hora de que encuentren mis puntos débiles afanosas manos!
                Y seguidamente por alguna razón inesperada se lanzó sobre la arena quedando boca arriba con las piernas y los brazos extendidos y separados entre sí, como los ángeles que se forman con los cuerpos sobre la nieve. La primera mano no se lo pensó y fue directamente hasta la harmoniosa pelvis de la entregada mujer que tal parecía que esperaba como Penélope la llegada de Odiseo. Las demás manos se contuvieron, posiblemente deseaban ser testigos mudos de lo que pasaría en los siguientes minutos. La lanzada mano llegó planeando con sus cinco dedos unidos entre sí y descendió a todo lo largo del bajo vientre de la mujer y descansó justamente sobre la relajada oquedad que esperaba un aterrizaje forzoso.
                En este momento los ojos, los centenares de ojos observantes se aglutinaron sobre la zona pudorosa de la afiebrada mujer para alcanzar el mejor ángulo antes de conquistarla de lleno. Estos ojos, al igual que las respectivas manos, solicitaron un desembarco en toda regla sobre el desnudo clítoris, que desde tiempos inmemoriales esperaba como un vigía la llegada de cualquier intruso. 
    
Continuará.....................   
fOTOGRAFÍA: ara.    

lunes, 25 de marzo de 2013

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?





(CAPÍTULO LXIX)
                           

                                         EL TACTO (Los cuerpos)

                 Una de las personas entregadas sin condiciones a las tentativas manos fue la mujer que con su valentía dio un paso al frente en los primeros instantes del colectivo encuentro. Ella decidió ser intervenida por estas afortunadas manos que se confesaban fieles apasionadas de suntuosas pieles. Dos manos. Fueron dos manos las que comenzaron el viaje por el cuerpo de la mujer que disfrutaba sin medida, pero en un descuido de las anteriores manos, una tercera mano llegó, se acercó, y se incorporó al eminente deslizamiento por pendientes peligrosas. Tres manos, eran tres manos las que desde este momento disfrutaban del placer del tocamiento, pero por poco tiempo, porque antes que la mujer profundizara en su liberación, llegaron algunas más que reclamaron algo de territorio para experimentar.
                 Ella había quedado de pie, desnuda como todos, entregada a las alabanzas de ávidas manos que deseaban demostrar la mayor pericia con sus dedos. Esta voluptuosa mujer, de edad comprendida entre la que aparenta y la que está demás investigar, sintió como su figura estaba siendo moldeada en cada punto de su morfología, y para que su ausencia fuese más profunda y grandiosa, optó por dejar caer sus párpados, y se entregó al placer de los frotamientos, que desde la sexta o séptima mano lo venía experimentando. Sus pechos estaban siendo amasados con firmeza. Se levantaban, se desplazaban a un lado, y al otro. Desde la cima de sus pezones una mayoría abrumadora de dedos se deslizaban para franquear la mayor extensión posible de protuberancia mamaria. Las tangibles tetas a estas alturas eran incomparables. La mujer sintió como sus pechos ahora se mostraban firmes ante los elementos naturales, y no puso ningún impedimento para que todas las manos supiesen que se había excitado de tanta fricción, y que sus carnes ahora estaban tensas, sólidas, estables, deseosas de más, de más, y de muchas más manos para que continuasen su recorrido por el apasionante mundo de las guaridas prohibidas. Es que a estas alturas la estimulada mujer de carnes portentosas no se conformaba con sencillas manipulaciones de miembros inquietos, ella deseaba con todas sus fuerzas que las manos penetrasen en las partes más sensitivas y ocultas de su delirante cuerpo. 
      
Continuará.....................   
fOTOGRAFÍA: ara.    

jueves, 21 de marzo de 2013

EN LA INTIMIDAD


                                                   

                                                                 -- 7 --  
__ ¡Por esta razón y no por otra había pensado en usted! ¡Necesitamos su ayuda señor Mariano! ¡Usted bien sabe el poder que tiene la prensa, y para sacar adelante un proyecto nada mejor que esta vía que llega a la poderosa mayoría! –Esperaba una respuesta positiva por parte de mi vecino.
__ ¿Qué es lo que desea en realidad de mí? –Me preguntó con cierto aire de importancia.
__ ¡Queremos de usted primeramente su opinión profesional respecto al proyecto, y si puede, y está en sus manos, que nos ayude de alguna manera a que nuestro propósito se haga realidad! ¿Qué me dice vecino? –Esperaba de Mariano cualquier cosa.
__¡…………….! –Se lo pensó como todo un profesional en la materia de la información-- ¡Acepto! ¿A qué hora estoy en su casa?
__ ¿Pues a las, a las, a las ocho le parece bien? ¡Sí, el sábado a las ocho! –Le dije para salir del paso.
__ ¡Allí estaré! ¡Hasta el fin de semana vecino! –Me dijo y continuó su camino hacia el edificio.
__ ¡Hasta pronto señor Mariano! –Le contesté viéndolo alejarse con su caminar cansado.
                 La maquinaria se había puesto en marcha, y antes del fin de semana debía tener en mis manos un proyecto, una fiesta, y varios invitados para ambientar el escenario en el que involucraría a mi vecino Mariano. Desde mi posición de “mirador unificador” había comenzado mi labor. Desde este momento estaba en contacto con uno de los integrantes del núcleo familiar seleccionado por mí. Por un momento pensé en concentrarme únicamente en el marido, pero pensándolo mejor, podía formar una cadena indirecta para que se produjese una serie de acontecimientos que de manera causal desemboque en el objetivo señalado. Por un lado tengo a este cabeza de familia que hasta donde yo domino experimenta sensaciones con el transformismo, pero nada más puedo afirmar o negar.
                 De esta manera mi próxima persona objeto del miramiento terapéutico será la mujer, la esposa de Mariano, y la observaré, o continuaré observándola para tener una referencia directa antes del encuentro del fin de semana, y si es necesario o posible, la incluiré en el proyecto de este fin de semana invitándola al mismo. Asunción, que es como se hace llamar la mujer de Mariano, mi vecina, es una respetada señora de unos cuarenta y algo de edad, posiblemente pasado los cuarenta y cinco años, pero no lo puedo afirmar rotundamente porque por la apariencia externa le pondría algunos años más.
                   Digo respetada por su manera de vestir, su aptitud ante la sociedad y ante su propia persona en la intimidad. Hasta el momento no la he observado en una “posición” desencajada para sus principios éticos-religiosos. Asunción asiste a misa cada domingo y se comporta como una fiel defensora de los principios cristianos, que no deja un ápice a los pensamientos espontáneos o alegres, por llamarlos de una manera lisonjera para el círculo en que se mueve la mujer de Mariano. Esta respetada señora por lo que he apreciado, jamás se ha desnudado ante el espejo de su habitación. Posiblemente piense que observar directamente su cuerpo es pecado, pero sin embargo la señora Asunción, porque la he observado en más de una ocasión, se auto-complace con presteza y elegancia, pero nada de posiciones desencajadas o impropias para una respetada señora. Cuando nadie la ve se masturba, siendo testigo de su formal adicción Dios, y por supuesto yo.   
               
Continuará...........................
fotos: ara.