domingo, 19 de abril de 2015

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?




(CAPÍTULO LIII)
                  Los instintos de Álvaro se posesionaron en cada desnivel corporal de la joven, con el único designio de permanecer inamovible, por lo menos hasta que la marea regrese nuevamente a su estado natural. Las provocativas carnes de Diana rebosan malsanas intenciones por donde quiera que se le mire. A ella, le importa bien poco que el joven esté al corriente de sus verdaderas intenciones. Se mantendrá firme en sus lujuriosas intenciones por lo menos hasta que el ciclo solar complete su recorrido un par de veces. Y si fuese viable, tomar de sorpresa a la vieja luna, recién levantada, y antes de que se beba su primer café.
                 Alego que ambos amantes se necesitan mutuamente para confirmar su materialidad, porque el uno sin la otra no es más que un leve recuerdo y un frustrado propósito desvanecido ante la llegada de vientos helados. Y la otra sin el uno, dispersos rescoldos en “el país de las sombras largas”.
                 Qué más puede hacer las “ganas” y la “desesperación” que no sea voltear la mirada y entregarse sin condiciones al excéntrico placer que todo lo puede y todo lo sitúa patas arriba cuando mejor le plazca; bien poco se puede hacer. Aunque, en el fondo, en lo más intrincado de las emociones, tanto Diana como Álvaro, desean alargar el encuentro lo más que puedan, para que el instante sea, o al menos lo parezca, perpetuo. Álvaro es consciente que si se introduce de lleno en las profundidades marinas de Diana, no sería capaz de responder de sus actos, terminaría eyaculando. Eyacularía hasta que la última gota de semen fecundase al último grano de arena perdido en cualquier cobijo de la dilatada playa. Y Diana, un tanto de lo mismo, pondría al servicio del amado la totalidad de su morfología, para que la mesa estuviese íntegramente servida, de “punta a rabo”, sin faltarle el más elemental de los detalles. Varios platos a escoger, pan, vino, y por supuesto, los almibarados postres y licores para la sobremesa.
                 Es lo que tiene el amor carnal, que las sensaciones se hallan por encima de la razón, y que los instintos a fin de cuenta son los que gobiernan el orden cívico de las cosas, haciendo que nos coloquemos en una delicada perspectiva ante la establecida y caducada moralidad. Nuestras propias imperfecciones nos sitúan en una posición ambigua, contradictoria pero sublime si somos capaces de trocar esos múltiples y acumulados errores en conocimientos, en erudiciones para ser utilizadas en cualquier momento. Hacer de lo imposible una virtud. Por ello no dejaríamos de ser humanos, todo lo contrario, escalaríamos una posición más, colocándonos por encima del bien y del mal; ¡pero……!, no estamos preparados, somos débiles en esencia, dependemos de reglas establecidas. Cual corderos, nos dejamos conducir al matadero, no con los ojos cerrados, abiertos, pero drogados, atiborrados de frases, consignas, y reglas, que nos acompañan a todo lo largo y ancho de nuestra ilusoria existencia. Eso es lo que hay, y si deseamos otra cosa, ¿qué estamos esperando para comenzar?    

                 El pene erecto y, la mirada plegada en el surco que brota entre las nalgas de Diana. Las mejores intenciones. Y por supuesto, el inconfundible mar. Un propósito. Un objetivo: cambiar lo constituido, o la propia “constitución”, de las cosas, si es preciso.      

Continuará.......................................................

lunes, 13 de abril de 2015

"FINISTERRE"


                
                  ¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

(CAPÍTULO LII)
                 ¡Esto ya es otra cosa! Afirmó Álvaro apoltronado encima de las nalgas de Diana. El panorama es bien diferente. Ahora es poseedor del más valioso de los tesoros. Entre sus piernas se haya la esencia misma del universo, el principio y el fin. La armónica conjunción de lo que pudo haber sido el comienzo de la creación o de lo que tantos otros describen con cierta razón como la conclusión, el término, la ineludible esencia.
                 A mí me gusta llamarlo finis terrae, o lo que es más apropiado, Finisterre, el fin del camino o de la tierra dentro de un concreto espacio. Finisterre para unos, o Finisterra para el resto, es uno de los lugares más seductores de este mutante planeta. Específicamente fuera de las nalgas de Diana lo podemos hallar justo en A Coruña, Galicia, el terruño, la patria de mis queridos abuelos, que seguramente, al menos uno de ellos, ronda todavía por esos lares.
                 Les confesaré a todos aquellos que aún no se han enterado en susurro y con voz grave para acentuar únicamente mi ego, que la cala, el fragmento de refugio que los amantes de esta historia reivindican en cada momento, se encuentra justo en Finisterra, por el cabo de Finisterra, donde termina la tierra y comienza el perpetuo mar; esa porción de tierra que no merece la pena ser comparada con otra, porque si lo hiciésemos, indubitablemente blasfemaríamos en la primera frase. Pecaríamos, y aunque suplicásemos, no habría opción de misericordia para nuestra alma. Finisterra es simplemente ella, una dúctil mujer dispuesta a ser fecundada, pero no por cualquiera, ¡no! , exclusivamente por el creador de vírgenes apologías o por el forjador de bienhechoras intenciones. Finisterra es el principio y comienzo de lo palpable, pero también de lo intangible. Es la tierra donde las ilusiones descansan al emerger la luna detrás de un hechicero pensamiento, un pensamiento que se materializa en el mar, sobre esas espumosas olas que no soportan la quietud, que son enemigas declaradas de la pereza, porque saben que el amanecer, ese resurgir de la vida, llega sin avisar y con proliferas intenciones dejando sus huellas en cada uno de sus arrecifes. Es simple y llanamente la tierra prometida.    
                 Las onduladas nalgas de Diana son estas sólidas tierras en la que cualquiera de nosotros desearíamos recalar después de un intempestivo naufragio para reposar los huesos hasta la llegada de la hora de la inevitable partida. Se puede decir que los amantes inconscientemente han hecho un viaje astral, antes de pisar físicamente la cala están cerca de experimentar sus bendiciones con el sencillo hecho de disfrutar de las carnes. Ella la de él, y él la de ella.
                 En lo alto del cabo de Finisterra el turgente vigía se dispone a asediar las limítrofes tierras. Esta vez Diana no tendrá escapatoria posible. 

CONTINUARÁ................................... 


sábado, 11 de abril de 2015

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


  (CAPÍTULO LI)

                 Esos dúplex ojos, los atolondrados ojos de Álvaro, que no llegaron a desprenderse ni por un segundo de la silueta de Diana, ahora permanecían quietos, sedados ante las voluminosas carnes de la joven que brillaba inerte en el margen de la playa. La espalda de Diana refulgía en todo su esplendor, y sus piernas semi-abiertas, mostraban un entramado de matices que si no fuese por esta perspectiva, serían imposibles de apreciar en todos sus detalles. Ante Álvaro, en estos transcendentales momentos, las nalgas de Diana parecían diferentes, no mejores o peores, pero sí con una extensión desbordante que provocaba malsanas intenciones.
                 Para apreciar el sublime efecto, se debía contemplar a Diana en todo su conjunto. Tendida sobre la arena. Con el cuerpo boca abajo. Recto. Aunque mantenía las piernas elevadas a la altura de las rodillas en un ángulo de noventa grados; y los pies, con sus respectivos dedos, apuntaban al cielo como puntiagudas flechas de avispados cazadores. Los codos permanecían ligeramente enterrados, apoyándose con los antebrazos. La espalda, qué puede decir Álvaro de la espalda de su amada, un sublime tobogán que se enmaraña justo en el nacimiento de las nalgas, cuando se supone que concluye la columna vertebral y da comienzo a una resplandeciente serranía con desniveles y hábitat incluida. Y aquí es donde deseaban llegar los desorbitados ojos de Álvaro, para posarse en lo más alto y pernoctar hasta el mismísimo amanecer.
                 La perspectiva del joven se puede decir que es digna de admirar. Se colocó a un costado de la amada. Primero el horizonte, a continuación: el mar, la playa y sus olas; después, el cuerpo de Diana, y por último, Álvaro, en posición de eterno pecador, como si estuviese orándole al rosáceo culo de Diana.  
__ ¡Eres irresponsablemente hermosa! --dijo Álvaro rosando con el envés de su mano una de las nalgas de la amada.
__ ¿Eso te parece? ¡No! ¡Yo creo que soy una revoltosa……., y maligna! –contestó Diana balanceando las piernas.
__ ¡Creo que eres revoltosa para mis ojos, y maligna para……., para mi constancia! --la mano de Álvaro se detuvo donde la tierra se divide y las aguas confluyen en una vertiginosa caída.
__ ¡No quiero esperar hasta llegar a la cala, quiero que me hagas el amor ahora!
                 Y las piernas de Diana, cual fortificado dique, se distanciaron una de la otra hasta que se lo permitió su benevolente elasticidad. Las pupilas del joven Álvaro se dilataron, y los párpados, se plegaron como cubierta de descapotable en pleno verano caribeño. Ella sabía muy bien lo que hacía. Esta apertura duró tan sólo un instante, porque sin esperar nuevas y espontáneas reacciones, las cerró de golpe, para que el mirar del amado no le penetrase más allá de la piel.
                 Cuando Álvaro se dispuso a cambiar el peso del cuerpo para no continuar atormentando las rodillas, Diana, súbitamente, comenzó a dibujar con sus piernas ángeles sobre la arena. Las abría y las cerraba como calibrado compás en un día de arduo trabajo.
__ ¡No está bien lo que haces con este pobre ser!
                 Le dijo Álvaro levantándose. Diana, bien sabe él, que es una infinita provocadora, y como demasiadas veces lo ha comentado, es uno de los detalles que más le cautiva de esta indescifrable mujer.
__ ¡Verás ahora…….!
                 Ella continuaba con su composición, sin importarle la arena desplazada, pero siempre con un acompasado ritmo.
                 De un extremo a otro las piernas de Diana continuaban moviéndose, se movían, se movían, se movían……., se movieron hasta que……, como caído del cielo, la pelvis de Álvaro se incrustó al fin a esas entrenadas y difusas nalgas que no han dejado de atormentarlo con toda intención.   


CONTINUARÁ...........................

viernes, 10 de abril de 2015

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO L)

                  Y cuando todo se daba por hecho. Cuando las entrañas de Álvaro se disponían a salivar de continúo porque su retenido fluido vería en un santiamén la luz de día, la joven Diana soltó amarras y decidió poner pies en polvorosa. Echó a correr. Su delicado cuerpo se puso en marcha en una milésima de segundo.
                 Con cada pisada sobre la arena las nalgas de Diana botaban. En un sentido botaba una nalga, y la otra, la segunda nalga, en el sentido contrario, continuaba el movimiento, como si las mismas quisiesen escapar de la prisión a la que han sido sometidas hasta el presente.
                 Álvaro se quedó boquiabierto, con la expresión congelada contemplando el cuerpo desnudo de su amada alejarse por toda la orilla en dirección al recodo norte.
                 Él, que no contemplaba el consumar la fornicación hasta que no estuviesen relajados en la cala, hacía un buen puñado de minutos que sus planes se habían truncado. Al facilitarle de lleno el juego a Diana, no tuvo en cuenta las consecuencias y cedió, entregándose a las pretensiones y lujurias de la amada. Su tenso musculo se disponía a eyacular, cuando de repente, sin esperárselo, ella se puso a correr. Álvaro la vio alejarse sin poder hacer nada. Lo que él no sabía, hasta que nuevamente el fluido de su cuerpo alcanzó su temperatura habitual, era, que esa repentina reacción de Diana, le gustó, tan terriblemente le cautivó, que la trocó inmediatamente por un irresistible deseo de poseerla con mayor avidez cuando la llegase a alcanzar, aunque no hubiesen llegado a la cala.  
                 Fue entonces cuando se incorporó de un salto y se dispuso a galopar. Sus músculos se tensaron de inmediato. Los que no lo estaban lo hicieron, y el ya tenso, en su angustiada espera, se dilató hasta la extenuación. Esto para nada le importó al joven, que sabía muy bien lo que tenía entre……., manos, para no versionar el proverbio. Él con una leve mirada a las turgentes líneas de su amada, es capaz de levantar en un instante la moral de todo un país si se lo plantease. Y no es que Álvaro fuese un superdotado en estas lides, ¡no!, es simple y llanamente que Diana lo desquicia, lo encumbra milagrosamente hasta la más alta de las cimas, o lo sepulta en el más remoto de los abismos con su sola presencia. Esta mujer es la profecía que anduvo buscando durante tantos años, la intencionada elucubradora de momentos ocultos, la deseada amante que cualquier mortal pretende conservar por si en algún instante de nuestra corta vida dejamos de ser lo que somos y nos perdemos irremediablemente en la torpeza o la irracionalidad de este iracundo presente; ella es, para el joven Álvaro, la consistencia de su sangre.  
                 Persiguió por toda la arena la silueta de Diana con un único objetivo, el de derribarla lo antes posible y hacerle el amor hasta el agotamiento, sin importarle la cercanía de la cala. Ahora se sentía un resplandeciente hombre en busca de lo primordial, de la solidez de sus convicciones.

              Corrió como un galgo con el pecho al viento en busca de la libertad. ¡Álvaro corrió, corrió y la alcanzó! Saltó como un felino sobre ella y se prendió deliberadamente a esas ondulantes nalgas que con su constancia a lo largo de la playa hicieron que el mirar de Álvaro se hiciese indefinido, atormentado, dúplex en su máxima expresión, como los ojos de mi tía abuela que en toda mi juventud no se mantuvieron quietos ni por un instante.   

CONTINUARÁ..........................................

jueves, 9 de abril de 2015

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


(CAPÍTULO XLIX)

                 Lo deseó Diana, y lo consiguió. Degustar la verga de su amado sin control aparente. Simplemente expandió la mandíbula y sin miramientos colocó el musculo en todo lo alto del paladar para así demostrarle a él, que le pertenecía por siempre; al igual que toda su errante parafernalia. En el interior de la boca de la joven yacía lo elemental, lo significativo, la rabia contenida, el ínfimo detalle de un todo, o lo que es lo mismo, el principio y el fin del hombre al que ama. Ahora es, sin lugar a dudas, la poseedora de las empedernidas inquietudes, y nada ni nadie será capaz de arrebatarte este espiritual momento.
                 A pesar de los personales motivos de Diana, Álvaro no estaba dispuesto a entregarse así por así, él tenía un plan, y consistía en llegar primero a la cala prometida, y después, cuando fuese necesario, ceder plenamente al amoroso vendaval; pero una cosa piensa el capitán y otra el marinero. El falo de Álvaro reclamaba venganza, se encontraba muy cerca de perder la noción del tiempo; lo que significaba, que si el mismo permanecía un segundo más dentro de la boca de Diana, podría desatarse el diluvio universal.  
                 Toda acción provoca una reacción, y no siempre se está en condiciones de sostener un argumento por más que el filosofar esté de nuestra parte. Naturalmente, esto lo percibía Álvaro, pero una cosa es la teoría, y otra bien distinta la práctica. Y este hombre se hallaba demasiado cercano al desfallecimiento muscular, y por muy poderosa que sea su musculatura, torres más poderosas se han visto caer.
                 El mar, cómplice de muchas cosas, y abastecedor de múltiples imaginerías, ese día, y en ese amatorio instante, se detuvo, dejó de agitarse de continuo, para que las constantes olas reposasen sobre la arena, para que sus aguas dejasen de retornar en su infinita andadura, y para que los amantes, pudiesen fundirse de una vez y por todas en el templado mar de los delirios. Uno dentro de la otra, o la otra dentro del uno, es igual, el orden de los factores no altera el porvenir. Hasta la inconstante naturaleza quiso apostar por ellos, poniéndose al servicio de ajenos afectos.  
                 Ella se mantenía firme, con la boca repleta de sensaciones, y él, angustiado por cada segundo transcurrido, y en el que presentía que el aliento se escapaba de su interior para no regresar jamás. Dentro de la cabeza de Álvaro navegaban dos disyuntivas: la primera, mantenerse impoluto, pero con cierta comezón carcomiéndose las venas; y la segunda, dejarse llevar hasta relajarse y esparcir sin ninguna compasión sus lamentos dentro de la boca de Diana.

                 Y así, como un eterno ciclo, se vislumbraba un ardiente panorama en una de las tantas playas perdidas de este contradictorio pero soberbio planeta. Un paisaje sublime, encantador de amantes dispuestos a perder irracionalmente el tiempo a cambio de fluidos, de palpaciones, de suculentos aromas; pero sobre todo, de constituir una argamasa carnal.

CONTINUARÁ........................................

domingo, 4 de enero de 2015

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPITULO XLVIII)

                 De cintura hacia abajo tanto ella como él, introdujeron sus cuerpos dentro del mar. La sensación de copular como peces le cautivaba plenamente a Diana. Por esta peculiar razón, intentó que su vagina actuase de la misma manera que un animal oceánico, capaz de succionar y expulsar la mayor cantidad de agua por cada uno de sus accesos para desplazarse o alimentarse; pero en el caso de ella esta acción la llegaba a materializar gracias a sus poderosos músculos labiales. Y para completar su labor utilizaba como cómplice la corriente marina.
__ ¡Mírame! ¿Te gusta meterla hasta el final? ¿Se te ha terminado lo que tienes entre las piernas?
                 Diana es irremediablemente una auténtica provocadora, y en el menor descuido del joven, encontraba la vía, o, en este caso, la palabra certera para tensar la situación.
__ ¡Aún no! ¡Toma……., toma, toma y……., toma! --Álvaro se proyectaba con una insistencia pecaminosa sobre Diana-- ¡Esto nada más es el comienzo! ¡Seguramente no tendrás espacio para guardar lo que falta por…….!
                 Dejó de sostenerse en la cintura de Diana y sepultó ambas manos en la arena para continuar taladrando con mayor posibilidad el interior de su amada.
__ ¡Creo sentir algo……., pero……., no,…….ha sido solamente una simple cosquilla! --lo miró directamente a la cara y su blanca sonrisa resplandeció reflejada sobre el cristalino mar-- ¡Si insistes de esta manera……., puede ser que……., pero no te lo puedo confirmar, que……., en algún momento sienta algo dentro de mí!
                 Estas resolutas insinuaciones de Diana partieron directamente al centro de todas las vanidades de Álvaro. ¡Su sangre fermentó instantáneamente! Se puso en pie con la agilidad de un trapecista, tomó su dilatada verga con la mano, se la acercó a la cara con actitud desafiante a la joven, y esperó, solamente esperó. El sólido músculo vertía agua como dragón de Komodo con síntoma de rabia y, se agitaba cual pez fuera de su medio intentando una pronta evasión para regresar a la oscura y protectora oquedad que segundos antes lo acogía.
__ ¡Esto es todo lo que tengo! --y blandió su verga sobre los ojos de Diana como gentil caballero que otorga su bendición al imberbe escudero-- ¡Si no te conformas con esto, tendrás que ir en busca de un mejor y, experimento ejemplar!
 __ ¡Déjame ver…….! ¿Así…….? ¿Puede……….ser? –Diana se apoderó del manojo de nervios de su amado sin previo aviso-- ¡Mirándolo de cerca………., no……., está del todo……., mal, pero me parece poco!
                 Álvaro siempre disfrutó de las bromas de su amada, pero en esta ocasión, por algún motivo no confeso, no se sentía con el ánimo de continuar el juego. De repente le llegó un pensamiento, de esos que denominan inconscientemente “sueños”, y, por qué no, soñó despierto. En sus oníricas reflexiones visualizó una descomunal verga, deseó tener una igual, o mayor, sin caer en lo esperpéntico, para que las palabras de su amada y ella misma, perdiesen sentido con la sola presencia del poderoso ejemplar.
                 Álvaro portaba un falo de entre quince y dieciocho centímetros, dependiendo de la humedad ambiente. Esta insignificante variación la llevaba con orgullo. Aproximadamente tres centímetros más o menos. Tres.
Únicamente tres. Aunque para él no fuese nada, para muchos, dicha diferencia simboliza un infranqueable abismo; por supuesto, para las inestables personalidades de todos aquellos que portan medidas inferiores a estas, es decir, por debajo de quince centímetros. Podría ser denigrante y vergonzoso para incontables hombres. Sin embargo esta cualidad en Álvaro se transformaba en virtud, porque fuera, a la luz del día o a la penumbra de la noche, era una cosa, y dentro, en el interior vaginal, una bien distinta. Quince más tres: Dieciocho. ¡Una camaleónica verga!
__ ¡Más que el tamaño, lo que me obnubila la conciencia es……., su grosor!

                 Diana abrió lo más que pudo su boca y, tragando en seco, no dijo nada más.

CONTINUARÁ.................................


jueves, 1 de enero de 2015

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XLVII)
                 

                 Una convulsa ola elevó el cuerpo de Álvaro por los aires. Lo sacudió desenfadadamente y sin miramientos lo dejó caer. Sobre Diana se desplomó. La inspiradora estructura de la joven recibió agradecida las carnes y los huesos de su amado, que sobre ella terminó relamiéndose de placer. Con las piernas desplegadas de par en par ella esperó al mesías. Una colisión de órganos que desde hacía algunas horas esperaban la mutua materialización para estrecharse sin compasión. La pelvis de Álvaro se empalmó a la cintura de Diana y, esta, se dejó penetrar por gracia del……. espíritu erguido de su amante.
                 El falo de Álvaro prosiguió su curso:…….caminó, caminó y, caminó……., por el delicado sendero sin encontrar obstáculo alguno que le reprimiese las intenciones. Por el interior de la vagina de Diana anduvo, libre como un ave en pleno vuelo y persistente como un experimentado peregrino; como esos aventureros que religiosamente cada año cumplen con su promesa y son capaces de cualquier cosa por llegar al término de su objetivo.
                 A ella le hubiese gustado que la penetrase en la cala, pero sabía que la simiente de su amado hervía en su interior desde que comenzó a lamerle a la orilla del mar. El músculo de su amado no soportaba un consuelo más por mínimo que este fuese. Se hallaba al borde de un espasmódico, irreversible y, profundo coma.
                 Como intentar cualquier acción en contra de lo deseado sería un nefasto despropósito, Diana separó aún más las piernas para que pasase la necesaria y suficiente potencia, y, ¿por qué no?, también los primarios instintos para que la cúpula fuese un éxito rotundo. Él lo comprendió todo cuando sus testículos convergieron en la orilla del perineo de su amada y la cúspide de su prepucio se topó con el lamento de las plañideras deidades.   
                 En ese término, en que los caminos se bifurcan y los deseos se engrandecen, las bocas de los amantes no pueden ser menos, deben hacer méritos para ganarse la confianza de su reverso. Y es cuando las asimétricas líneas de los labios se confabulan para trazar su propio destino. Un extenso mapa de gráficos y contornos se origina de la misma nada. Las bocas se unen, los labios se abrazan, y las intenciones se manifiestan a pesar de las tempestades y los malos augurios. Es cuando los amantes se reafirman. Sus eternas aspiraciones son las de no separarse hasta que ambos lleguen al otro lado de la vida. ¡Hasta que los dos, al unísono, encuentren el orgasmo soñado y sus órganos tiriten en perpetuas enajenaciones!
                 Al menos este es el objetivo de Álvaro, que con cada martillear de su cintura sobre la pelvis de Diana le expresa que no desistirá hasta extraerle la pulpa necesaria para que sus ojos se pierdan de una vez y por todas en la infinita blancura. ¡Unos ojos que se extravían cada vez que Álvaro la posee intensamente y sin límite!
                 El continúo percutir junto a la incontrolada fuerza de la marea propiciaron el desplazamiento de los cuerpos hacia la orilla. Él se aferró como un náufrago a su amada, y ella, ejerció con satisfacción su función de tabla salvadora. Los dos indisolublemente pegados copulaban retando la marejada que golpeaba sus órganos con insistencia, o, ¿con celo?
                 ¡Hacían el amor como si fuese la primera vez, intentando revelar una pequeña posibilidad para hacer del regodeo un universo!
                 Por esta vez al parecer los dos deseaban alcanzar el orgasmo y no dilatarlo un segundo más. Dejarlo a su propia voluntad. Ser sorprendidos. Que llegase en el momento menos esperado.
                 Diana se perdía literalmente cuando apoyaba los pies sobre los hombros de su amado. Con este talante la penetración es más aguda. A él le complacía sentir los tobillos de Diana sobre su torso mientras la dominaba por ambos lados de su cadera.
                 ¡Cada uno de los amantes acertó con la posición ideal para que el espasmo se concretase en un solo sentido, el éxodo al fondo marino!


CONTINUARÁ............................................

domingo, 21 de diciembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XLVI)

                 A lo largo de la playa los amantes continuaron su carrera al infinito y sus intenciones se mantuvieron inalterables ante la posibilidad de una cúpula. Ella dialogaba a través de su cuerpo con posiciones imposibles frente a la mirada de un modesto caracol que no entendía el porqué de tanto exhibicionismo. Sin esperar una reacción del amado y del molusco, redobló el paso, cogió impulso y saltó en dirección al mar. Diana atravesó las aguas saladas y su cuerpo se sumergió entre las rebeldes olas marinas que socorrió su virtud.
                 Desde la orilla el ardiente caballero enfiló su lanza viril hacia el sosegado horizonte. La estrategia de masturbarse con cada cambio de postura de su amada ahora no requería prontitud.
                 ¡Ella permanecía entre la aguas con su desnudez desafiando cada una de las leyes naturales!
__ ¡Así es Diana, una sirena sumamente provocadora!
                 Álvaro introdujo las piernas en el agua hasta la altura de las rodillas. Sus muslos quedaron separados, a cierta distancia el uno del otro para que sus testículos tomasen el suficiente oxígeno y respiro que necesitaban después del constante vaivén al que fueron sometidos.
                 Él estaba seguro que si las cosas continuaban de esta manera, en menos de un suspiro el esperma reparador de paredes uterinas fluiría en desbandada hacia el inmenso mar salado.
__ ¡La culpa de todo la tiene Diana!
                 Se decía Álvaro mientras contemplaba la ondulante anatomía de su amada entre las olas. Diana se proponía con todas sus armas provocar y nuevamente provocar la paciencia del hombre que la complacía en sus más ínfimos desenfrenos. Con sus provocadores movimientos ella intentó imitar el flamear de un delfín en celo.
                 Diana penetraba y salía de entre las aguas dejando una estela de intenciones malsanas para los ojos de Álvaro que amenazaban con salirse de sus órbitas. En uno de los saltos los pechos de Diana quedaron expuestos al viento y la mano de Álvaro acentuó su porfiado ritmo. Cuando el afinado culo de la joven se dividió en dos las intenciones del caballero de la lanza en ristre perdió cualquier contención. El rojizo falo bramía con toda pujanza para que lo dejasen en libertad y poder partir en busca de la espléndida abertura de la amada que le atormentaba los sentido.
                 Diana vio que Álvaro estaba perdiendo el control en la orilla, y no deseaba que las calenturas se sosegaran antes de llegar a la cala. Se introdujo por completo una vez más en el mar con la intención de mojar su melena y para relajar la embriaguez del amado. ¡Con su cuerpo encharcado de los pies a la cabeza fue en busca del joven!
                 Él la esperaba con los brazos abiertos para mostrarle su imponente avidez que amenazaba con conquistar su piel por el espacio menos esperado. Álvaro deseaba penetrarla mirando al presente con los ojos clavados en su apacible vagina de aspecto marino que emergía sin pudor.
__ ¡Te voy a poseer sin esperar nada a cambio! --afirmó reordenando cada una de sus intenciones.
__ ¡Por ahora dejaré mi vida en tus manos, y si quieres, llegaremos a la cala caminando por las aguas!
                 Le contestó Diana a la vez que abría sus piernas en dirección al perpetuo taladrador.


CONTINUARÁ...........................................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



                                                                                        (CAPÍTULO XLV)

                
                 Sin levantar demasiado las rodillas del suelo para no aturdir a sus reproductores órganos, Álvaro continuó a buen paso detrás de Diana, que cuando se dio cuenta que su amante la seguía a una corta distancia, comenzó la tanda de posturas eróticas-deportivas.
__ ¡El mejor pretexto para echar a andar la imaginación y lubricar el falo! --pensó Álvaro mientras frotaba su verga con el viento en su contra.
                 Diana le proporcionaba diferentes posiciones sin detener la marcha. Y él las recibía suspendiéndolas en la retina para utilizarlas en el momento justo.
                Era la primera vez que se masturbaba corriendo por la orilla del mar. ¡Una experiencia alucinante!
                 Entonces decidió que debía concentrarse en la belleza que se mostraba ante sus ojos, porque Diana con mil piruetas sobre la arena, siempre terminaba con el sexo expandido, abierto, para provocar las tentativas de Álvaro. Demasiado le gustaba la espalda desnuda de su chica, la disfrutaba con fervor, con todo el cabello alborotado retozando al viento a la vez que los cachetes del culo marcaban el compás a cada paso.
                Para nada es cómodo correr y masturbarse. Pero al dispuesto Ángel le cruzó un pensamiento, una teórica idea. Diana retardaba sus movimientos al cambiar de posición para dejar constancia de sus intenciones, intervalos fotográficos. Este fue el instante en que él decidió violentar al máximo la piel de su pene para dejarlo en estremecimiento. La idea sería continuar corriendo y, en el cambio de postura de Diana, utilizar este efecto para tomar la instantánea. ¡En ningún momento se detendría, al igual que Diana!
                 Los testículos de Álvaro caían y rebotaban de un lado a otro al igual que los pechos de Diana. Percutían sin parar, con destreza, con ritmo ancestral marcando el compás de las mejores intenciones. Pero lo más bello de todo, lo más sorprendente, fue la sincronización que se produjo entre los dos sin ponerse de acuerdo. Él enfocaba con su órgano y ella posaba. ¡El fotógrafo y la modelo!
                Álvaro observaba a Diana con cada postura adoptada, con cada determinación del cuerpo. Era el preciso espacio de tiempo para tomar su falo y disparar en dirección al cuerpo de Diana la ráfaga de movimientos continuos sin dejar que el brebaje seminal emergiese al exterior, pero a la vez sin dejar de correr.
                 ¡Diana por su parte hacía lo mismo! Sus piernas, su tronco, sus manos y sus órganos, inventaban el infinito de situaciones comprometedoras sobre la arena. Cualquier bañista presente hubiese alcanzado un orgasmo instantáneo con tan desenfada muestra carnal.

                Cuando los pasos eran constantes Álvaro sentía la fuerza del universo en su prepucio. Llevaba al frente la lanza retadora que con su rígida agudeza rompía el viento a medida que avanzaba. ¡El caballero Álvaro se sentía poderoso con sus pasos sobre la playa! Sus pies se hundían en la arena mojada y en cada caída sentía la constancia de sus músculos en tensión. ¡Su radiante tronco deseaba ensartar las carnes vibratorias de la temeraria dama en fuga! 

CONTINUARÁ................................................

sábado, 20 de diciembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



                                        (CAPÍTULO XLIV)
                

                 Un beso. Un sencillo y dulce beso que les hizo recordar los primeros instantes de su relación. El contacto. El milimétrico contacto que termina por simplificar las cosas. Los labios de Álvaro y de Diana se unieron simplemente sin buscar la complicidad de cualquier otro elemento de sus cuerpos. ¡Un suficiente beso de ambos para que de sus ojos las lágrimas rodasen hasta abatir el vacío! El impulso de él era inagotable, al igual que la entrega de ella. Desde la primera vez hasta ahora, una eternidad había pasado por sus cuerpos y sus emociones, y aún, se sentían simples iniciados en estos menesteres.
                 Las allegadas caricias enlazaban los diminutos lugares y las furtivas zonas en la que los amantes se entregaban desaforadamente, con vehemencia incontrolada, variadas armas, o, jugosos pensamientos; pero sobre todo, sin el lastrante del “pasado”. Para él, y para ella, en sus encuentros el “pasado” no es más que una relación espacio tiempo, que no viene a cuentas porque si se le permite su entrada termina por condicionar el presente y, entonces, su desprendida relación terminaría dañada.
                 El “pasado” debe permanecer lejos, donde se encuentra, en su justo pretérito. Y si fuese necesario consultarlo, se traería al presente para enmendarlo, para ordenar los recuerdos y, abastecer las necesarias lágrimas; pero luego, a su merecido espacio gramatical.   
__ ¡No hemos llegado a la cala! --le dijo Álvaro con la intención de arrastrar a su amada al espacio deseado.
__ ¿Vamos? --con inocencia preguntó ella.
__ ¡Está bien! --contestó él.
                Diana tomó las escasas ropas difuminadas por toda la arena y las lanzó al mar.
__ ¡Es hora de partir hacia la cala! --dijo a su amado.
                Con las carnes al poniente los dos, se alejaron en dirección a su retiro inescrutable.
                 Diana, con un pellizco provocó a su chico, y a la mayor velocidad de sus piernas, se alejó por todo el litoral. ¡Ella sabía que Álvaro disfrutaba con la contemplación de su cuerpo desnudo saltando sobre la playa! Las carnes concentradas en las nalgas de Diana, son sólidas, como las inquietas olas que retornan a su lugar de origen después de recorrer el extenso arenal. Posee una perfecta y tallada silueta, perfilada como un laberinto sibilino en el cual nunca se llega a su fin. Su lúcido busto es como el incansable horizonte que mientras más se reclama menos se alcanza.
                 ¡Diana trotando desnuda es como una tempestad que pasa pero que jamás llega a olvidarse, porque en algún rincón perdido, deja como recuerdo los estragos!
                Álvaro para no terminar perdiéndola de vista se puso a correr. Mientras la seguía, sus deseos se hicieron más latentes y, el vaivén de su verga sobre cada uno de sus muslos, primero en el izquierdo y a continuación en el derecho, disparó la maquinaria del ímpetu, y en unos segundos la erección se consumó. Ahora su pene marchaba al frente, con la poderosa intención de ser el primero en llegar a la meta, que no podía ser otra que las nalgas de Diana; pero desde la frustrada felación, Álvaro tenía un hervidero de hormigas bravas dentro de las arterias. Y se le ocurrió que lo mejor para liberar tensiones no podía ser otra cosa que masturbarse mirando a Diana correr.
                 ¡De esta manera comenzó para él una nueva experiencia cono toques salados! 


CONTINUARÁ........................................

domingo, 14 de diciembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



                                            (CAPÍTULO XLIII)


__ ¡Ahora me toca a mí! --confesó Diana entre susurro-- ¡Voy a comérmelo con la mirada!
__ ¡…….! ¡…….! ¡…….! ¡…….! ¡Un……., poco más por favor! --Álvaro le suplicaba que continuase por el rumbo que había tomado con anterioridad. Deseaba sentir la boca de su amada reclamándole los pensamientos.
__ ¡Mis ojos serán testigos de este tiempo y mis expresiones acariciaran a este hermoso vigía para que por su orificio expulse el jugo que tanto me embelesa!
                 Y lo tomó, y tanto que lo hizo. El centinela falo de Álvaro quedó perplejo, atento a cada movimiento de Diana que lo mantuvo en ascuas. Una guerra de mirada, un desafío de intenciones, un relamer de motivos, de ojos, de pieles, de músculos, de venas, y como es de suponer, de destilados salivares que estigmatizaron el litoral.
                  Una pequeña pausa. Necesaria. La justa para humedecer el ambiente. Ella, lo abrigó. Él, no pudo más, y mirándole fijamente a la cara le soltó sus pensamientos.
__ ¡Puedes hacer con él lo que quieras pero no lo abandones!
                 El ardiente amante continuaba restregando su culo sobre la arena al compás del movimiento de su cadera.
__ ¡Lo besaré nuevamente, será el último baño, por ahora!
                 Y sin esperar a que su amado reaccionase, se lo introdujo en la boca hasta llevarlo justo al término de su faringe. Cuando lo tuvo en este espacio, cerró su boca, y sus labios con firmeza aprisionaron al inquieto visitante que cual párvulo infante, no deseaba otra cosa que jugar.
                 Esperó, Diana esperó, esperó con la boca repleta de tentaciones a que su amplia garganta se colmase de saliva para inundar al eterno compañero consolador de bajas pasiones.
                 ¡La verga complaciente de su traviesa vagina!
__ ¡¡Hunnm.......hunnm.......hummmm!! –reclamaba sin parar el encendido amante.
                Cuando el dique llegó al máximo de sus capacidades, ligeramente dilató los labios, y con un leve y constante retroceso, fue exhumando de su boca el anchuroso pene de su amado.
__ ¡Hummmm……..,hunm……., está delicioso! –afirmó Diana.
__ ¿Qué……., haces? ¡No, no, no…….., por favor! ¡¡Espera, espera!! ¡¡...............!! ¡¡¡¡No, no……., te muevas!!!!
                 Álvaro paralizó cada una de sus articulaciones, y su cuerpo quedó entumecido sobre la arena.
__ ¡¡Sí continúas……. así, llegará, a tu boca el diluvio universal!!
                  Diana lo obedeció y se detuvo.
__ ¡¡Así, eso es, no te muevas, sí……., creo que ha pasado!!
                 Los dos se mantuvieron inmóviles, esperando el regreso de la sensatez
__ ¡Sí, ha pasado! –respiró aliviado Álvaro.
__ ¡¡Hunmmm.........................!!          
                 Lo saboreó, y con sumo cuidado dejó caer su mandíbula inferior, pero no lo liberó, lo mantuvo dentro de su boca. Ahora deseaba sopesarlo, calibrarlo, calcular el valor adecuado que podría tener la musculatura de su amado. Y lo consiguió, para ella, valía más que todo el pasado junto, con los lamentos, las incertidumbres, y algunos buenos recuerdos. Así pensaba Diana.
                 Sin darle oportunidad a una nueva batalla, retiró sorpresivamente la cabeza, cayendo al vacío el amor de sus entrepiernas. Y este, blandiendo, permaneció en el aire.
__ ¡Estuve muy cerca de libar tu néctar! –maliciosamente apuntó Diana.
__ ¡No continúes con esas expresiones que la tormenta aún puede retornar!
                 Álvaro inclinó su cuerpo para buscar otra postura, pero también para distraer los impulsos malévolos que deseaban escapar por la oquedad de su glande.
__ ¡Eres impresionante! ¡Siempre me sorprendes! –y llenó los pulmones de aire-- ¡Te quiero decir……., que, sin ti no sabría vivir!
__ ¡Seguramente esto se lo has dicho a muchas chicas! –Diana buscó la mejor manera de relajar tensiones, pero no pudo.
__ ¡Decir, decir! ¡Se pueden decir muchas cosas, pero sentirlas es otro concepto! –El joven se había recuperado y sus impulsos retenidos afloraron nuevamente a su conciencia-- ¡Cuando te digo que no sabría vivir sin ti, no me refiero únicamente al sexo, hablo de la Diana ente, de la Diana ser, de la Diana entrega, de la Diana fidelidad y respeto! ¡Todo esto eres para mí! ¡Eres mi amor!
                 Los ojos de Diana se nublaron, y una cascada de lágrimas se desprendió desde el comienzo de sus párpados
__ ¡No sé cuántas veces te he dicho que te amo! ¡En cada espacio de mi existencia en la que tú estás, todo se me hace menos complicado! ¿Alguna vez te he preguntado si quisieras envejecer conmigo?
__ ¡Muchas mi amor! --le contestó Diana con un nudo en la garganta.
__ ¿Cuántas veces?
__ ¡Las suficientes para seguir sabiendo que tú también seguirás a mi lado aunque el destino nos sea adverso!
                 Fue entonces, sin esperarlo ninguno de los dos, se tomaron de las manos
__ ¡Quiero saber qué se esconde después de este paso por la tierra, pero quiero que tú me acompañes durante todo el viaje! ¿Estás dispuesto?
                 Diana lo miró fijamente, y los dedos de las manos de ambos se envolvieron fuertemente.
__ ¡Sabes que sí! ¡Si lo deseas lo podemos esperar mirando el infinito en esta hermosa playa! –le contestó Álvaro besándola en la mejilla.
__ ¡Como quieras! --respondió Diana, y, los dos, sonrieron, con el semblante fijo en el horizonte. -- ¿Pero si uno de los dos se marcha primero?
__ ¿Por qué me haces esa pregunta? --Álvaro quedó desconcertado.
__ ¡Contéstame! ¿Si uno de los dos se marcha primero?
__ ¡No, siempre estaremos juntos! ¡No quiero responder esa pregunta -- afirmó Álvaro con cierta confusión.
__ ¡Tú no eres dueño del destino! --expresó Diana mirándole a la cara.
__ ¡Tienes razón, pero un mismo deseo cuando lleva la fuerza de los involucrados, si ellos lo desean, se hará realidad! ¡Yo quiero estar ahora, mañana, y siempre, a tu lado! ¡Nada ni nadie nos podrá separar!
__ ¡Tengo miedo! --contestó Diana.
__ ¿A qué le temes? ¿A la muerte?
__ ¡A que nos dejemos de amar! ¡Esto que estamos sintiendo es tan intenso que me da miedo que de repente explote en nuestros pechos! --sus dedos se aferraron con fuerza a los dedos de Álvaro-- ¡Pude ser que mañana.............!
__ ¡Siiiii......! ¡Mañana no existe! ¡Lo que importa es que tenemos la eternidad atrapada en nuestros cuerpos y si nuestras energías van encaminadas en una misma dirección, será imposible su división! ¿Y sabes por qué? ¡Porque seremos un sólo ser! ¡El tiempo, las tentaciones, la monotonía y, la misma distancia, serán nuestras justificaciones para continuar amándonos!
__ ¡Gracias mi amor! ¡No sabes cuánto de amo!
__ ¿Sabes qué deseo ahora? --preguntó Álvaro con la mayor naturalidad posible.
__ ¡Me lo imagino! --y los ojos de Diana alcanzaron un brillo voluptuoso.
__ ¡.......................!
__ ¡Es lo que yo también deseo!
__ ¡.................¡ --Álvaro respondió con un movimiento afirmativo de su cabeza.
                Entonces, sin mediar un simple ademán, sus bocas se fundieron en un perdurable beso.


CONTINUARÁ.........................................