sábado, 13 de diciembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


                  (CAPÍTULO XLI)


                Pero Álvaro no introdujo su lengua, era más que capaz, pero no lo hizo. Quiso tomarse algo de tiempo. Y entonces, sin esperárselo, la sabía, la fluida sabía de su amada, se dispersó al exterior sin rubor por su amplio y desnudo torso. Ella mantuvo sus piernas a horcajadas, para que de su monte eterno se despeñase en cascada los fluidos.
                 Sin apenas moverse, Álvaro topó con el verdadero salto del ángel, con el monumental requiebro rompiendo sobre su cara.
__ ¡Los sabores los tengo intactos, pero aún más la visión de tus imperecederas piernas que se confabularon para terminar en lo alto del vértice! ¡Un volcán de tierna lava me llega a mis ojos y no sé si podré sobrevivir porque me vulneras la lógica! ¡…….! ¡Te amo Diana, y lo peligroso de estos encuentros, es que no sabría cómo continuar con mi vida si tú no formas parte de ella! ¡…….! ¡Te necesito para alimentar mis mañanas y mis atardeceres, para volar rozando el mar y, no caer a las profundidades de mis lamentos y perderme en el olvido!
                 Álvaro sin darse apenas cuenta se apoderó de cada palabra pronunciada como un versado improvisador. Las acentuaba a su complacencia. Las desplegaba una por una y sin restricciones, a gran escala, hasta permitir que los jugos perfumados de su amada se esparciesen por su pecho.
                 Comenzó por las manos y, terminó implicando cada una de sus articulaciones.
__ ¡Te veo por los años, y en las imágenes que están por venir! ¡Tú figura calma mi vehemencia! Hoy tengo tu silueta, no deseo nada más. ¡Miro al horizonte y pienso que ha dejado de ser infinito! ¡El amplio océano lo he sentido hoy entre tus piernas!
                Álvaro continuó en su universo amatorio donde exclusivamente Diana podía penetrar.
                 Las olas comenzaron a romper en la orilla con mayor poderío y los cuerpos de los amantes bailaban al ritmo del mar que negaba la calma.  El estarse quieto es un imposible.
                 No por disfrutar de los aromas y de la poesía, el enamorado Álvaro dejó de mirar la vulva de su amada que se había dilatado algunos centímetros más.
                 ¡Él permaneció fiel a su promesa!
               Una ola intensa desplazó a los enamorados unos metros. Diana cayó por su peso sobre la parte izquierda de Álvaro, y este al estar boca arriba, le llegó un torrente de agua salada mezclada con arena.
                 Quedaron desorientados, pero uno al lado del otro. Y para no perder la costumbre, Diana se aferró a la verga de su chico. De esta manera evitaría ser arrastrada por la corriente.
__ ¡Perdón, pensé que había alcanzado un madero a la deriva! --le dijo Diana sonriendo.
                Esto fue un halago para Álvaro, que por el enviste del mar, su potencia comenzaba a menguar.
__ ¿Creo que tiene vida? --y para afirmarlo fehacientemente, comenzó agitarlo con perseverancia debajo del agua.
                Diana poseía soltura en las manos, arte en los dedos, y voluntad en las articulaciones. Su muñeca repercutía con los intervalos precisos para lograr su designio. Si por ella fuese, sacaría agua de las mismísimas piedras.

CONTINUARÁ………………………….


¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



                                               (CAPÍTULO XL)
                 

                 La luz comenzaba a disminuir en la apacible playa que descansaba sin la menor ansiedad. Los aletargados amantes prolongaban sus juegos amatorios sin prisas, dejando sus reflejos intactos, a la benevolencia de las olas y a las triquiñuelas del propio viento.
                 Diana dejó escapar su intenso amor por sus partes dúctiles, y entre gotas espesas de placer y orgasmo, la cara de Álvaro se rebosó de fantasías aromáticas y jugosos caldos.
                 ¡Por los ojos, la nariz, las orejas, la boca, el pelo, y la cara en general del joven, discurrió el delicado ungüento de poderes milagrosos!
                Ella se inclinó aún más, y él debilitó su boca para que el caldo cayese en su garganta y no se olvidase sobre la blanca arena.
                 ¡La última gota se deslizo con la ayuda de los dedos de Diana que oprimió su vagina para dejar el menor resto posible en su interior! ¡Ella estaba feliz porque su amado degustaba con embriaguez lo que nunca antes había brotado de su interior! ¡Lo único con anterioridad expulsado por su orificio había sido fue pis; pero en esta ocasión los bálsamos y los almíbares se fundieron sobre el rostro de Álvaro que disfrutaba como un infante ante una dulcería!
__ ¡Tiene un esplendido sabor agridulce! --afirmó Álvaro mirando desde su posición la vagina de su amada que aún destilaba restos de fluidos-- ¡Sobre mi lengua siento una mezcla de canela y esencias de espliego que fortalecen mis dudas! ¡Sí! ¡Estoy seguro, es una consistencia muy parecida al azúcar cuando comienza su caramelización! ¡Esto es extraordinario!
                 El joven tragó en seco la abundante porción que guardaba en su lengua y cerró los ojos para no equivocarse. Respiró, y esperó que le llegasen las sensaciones
__ ¡Es delicado como el almíbar pero intenso y espeso como los mejores aceites de olivas del mediterráneo! ¡No es amargo, más bien con un punto picante y salado que me recuerda el fruto del mamoncillo! ¡Detrás de los sabores más cálidos siento el fluir de una variedad suprema de avellanas que la degusto con pasión! ¡En mi garganta se quedó el profundo mar y la plácida pradera repleta de percepciones nuevas y turbadoras!
__ ¿Qué haces, no sigas? –Diana se retorcía de gusto sobre la cara de Álvaro que no dejaba de expulsar melosas palabras. Cuando pensaba que el fluir había terminado, una marea de bebidas ambiguas salió de sus animados labios al exterior-- ¿Por qué……………..? ¡Ahora saboréalo con todo tu ser mi amor!
                Le dijo Diana, y esperó que la lengua de Álvaro una vez más entrase por la puerta sin avisar.

Continuará……………………………

viernes, 12 de diciembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XXXIX)


                Con toda intención y rompiendo su promesa, Álvaro dejó que su lengua rozase la parte más prominente del clítoris de Diana. Para ella esto fue sin duda una cálida sorpresa. Él le había prometido que únicamente la gozaría con la mirada; pero ya se sabe por incontables hechos en la historia de la humanidad que la mayoría de las palabras confesadas están expresadas, o escritas, con la oculta intención de incumplirlas en algún momento.
__ ¡Por favor no! --le rogó Diana cerrando los ojos-- ¡Ahora estoy viajando entre las flores! ¡Me siento que estoy flotando! ¡Soy como una libélula que busca amparo en la nada! ¿Por qué me has tocado con tu lengua? ¡Ahora……., quiero más! ¡Quítame la libertad para quedarme por siempre en tus brazos!
                 Los pensamientos de Diana incidieron sobre los sentidos de Álvaro que estaba muy cerca de perder completamente el control.
                 Ella continuaba viajando entre la verde vegetación mientras la lengua de Álvaro vibraba de fruición entre las paredes vulvarias de su amada.
__ ¡Te he prometido comerte con la mirada, pero la presencia de tus carnes sonrosadas sobre mi cara me ha hecho dudar! ¡Estas aguas inquietas destruyen mi paciencia! ¡Estoy perdido entre tu ser y por instantes me siento que no soy nada en la inmensidad de tu fuente!
__ ¡No digas más mi amor, que voy a perder las emociones entre tu lengua y la arena! ¡Mírame, entra con todo lo que tengas y puedas en mi mundo, y, no me abandones jamás!
                Los amantes divagaban sobre la orilla de la playa mientras los recuerdos y las sensaciones golpeaban con insistencia sus zonas más sensibles.
__ ¡Ahora estoy viendo el aleteo de una mariposa sobre mi cara! --Álvaro no se quería perder detalle del sorprendente mundo que hasta ahora ocultaba Diana entre sus piernas-- ¡Mira, tienes granos de arena, granos de arena que se han adherido en toda la sima de tu grieta! ¡Voy a unirlos con los dedos hasta formar un abalorio, para que rueden por tu vagina!
__ ¡No……., por favor……., no! --le suplicaba, Diana le suplicaba con gritos de placer.
__ ¿Lo que no se si agruparlos con mis dedos o con mi boca? ¡Tengo muchas dudas!
__ ¡Haz lo que desees……., pero rá…….pido, que me voy acorrer sobre tus ojos!
__ ¡Siento el aroma de perfúmenes salados en el airé mezclados con espigas de lavanda esparcida por tus carnes, y se me antoja que es un delicioso bollo bañado con melazas naturales!
                Diana no se podía permitir abrir los ojos, pero si el alma, y también sus goces.

                 Sin darse a penas cuenta, sintió que un fluido azucarado se escapaba de sus íntimas partes, y convulsionó.  

CONTINUARÁ.................................... 

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XXXVIII)


                Los dedos de Álvaro continuaron con sus definidas huellas deslizándose con arte sobre el terreno abrupto de la prolongada vagina de su amada. En algunos espacios palpó el leve florecimiento del vello púbico, en otros, los dejó simplemente a que se humedeciesen por efecto de invernadero, y abrigó directamente la piel de su amada, sin pelos ni señales. Álvaro no le dio importancia. Él sabía que la noche anterior ella había tomado una decisión, un nuevo corte de pelo, o lo que no es lo mismo, un artístico rasurado en toda su expresión, y, esto le excitó. Desde que decidieron llevar a cabo el encuentro en la ventana, muchas cosas habían cambiado, y todas para bien. Sus ojos brillaban de goce ante el resplandor que se reflejaba en sus caras proyectándose con los rayos del sol.
                En su nada discreta exploración el amado descubrió en el cachete izquierdo del labio interior, un lunar ovalado, de un intenso color negro, para más detalles, azabache. Lo primero que le vino a la mente fue mordisquearlo.
__ ¡No! ¡Me has prometido que solamente mirarás! --fueron las palabras de Diana.
__ ¡Tienes razón, pero tengo sed! --le contestó Álvaro con una profunda sonrisa y la lengua a medio blandir.
__ ¡Si me lo comes terminaremos rodando por la arena y al menos hoy no llegaremos a la cala!
__ ¡El tiempo no existe! ¡Olvídalo! ¡Puede ser que toda una vida me lleve el contemplar tu abertura! -el joven le habló con un hilo de voz.
__ ¿Sabes una cosa? ¡Estoy a punto de tener un orgasmo y aún no me has penetrado con los dedos!
                 Diana aprovechó este instante para acomodarse aún más. Hincó las rodillas sobre la arena, despejó todo lo que pudo sus piernas, y arrimó su vulva a la cara de su amado
__ ¿Qué te parece esta perspectiva? –le preguntó con desparpajo.
__  ¡Dios mío! ¡Ahora es inmensa! ¡Una infinita cordillera montañosa me impide ver el horizonte! ¡Es como si volase sobre las elevaciones para caer por sorpresa sobre la cima de una de sus crestas! –La impresión de Álvaro no era errada. Sus ojos querían dominar todos los ángulos posibles hasta encontrar el talismán de sus sueños-- ¡Los matices son más personales! ¡Creo que lo que buscaba……., lo he encontrado!
__ ¡Te quiero! ¡No te detengas mi amor, ábrelo todo, y deja que la luz y tus ojos penetren en mi interior para sentir la vida en mis entrañas! ¡Te amo, y por nada del mundo dejaré que otras manos, otros ojos, otras bocas, y otra verga me posean! ¡Antes dejaré que las aguas del mar se lleven mi cuerpo!
__ ¡No será necesario porque siempre estaré dentro de ti!
                Le dijo el joven, y con lágrimas en los ojos, le fue imposible cumplir con su promesa.


Continuará…………………….    

domingo, 30 de noviembre de 2014

"EN LA INTIMIDAD"

                                      

                                             CAPÍTULO 10

                 Mi amigo Fernando y la señora Asunción, sentados en la mesa de la cocina bebían sendos vasos de tequila, y por supuesto, la botella se mantenía junto a ellos. Al parecer el mundo de dejó de existir para los dos. Una risa tras otra y, un trago a continuación del siguiente para motivar el instante.
__ ¿Se divierten? –fue una pregunta tonta y fuera de lugar, pero la rabia carcomía mi interior.
__ ¡Nos estamos tomando unos tragos! –dijo entre risas Fernando.
__ ¡Has llegado en buen momento entra! --afirmó la señora Asunción con el vaso de tequila en la mano-- ¡Justo ahora le iba a contar al joven Fernando mi vida íntima!
                 ¿Su vida íntima? ¿Qué tenía pensado contarle a Fernando de su vida íntima? ¿Qué le estaba sucediendo esta noche a la señora Asunción? De sólo pensarlo me tiemblan las piernas.
__ ¿No quiere beber algo vecino?
                 Con el desparpajo más grande la señora Asunción sin esperar mi respuesta se levantó de la silla y fue en busca de un vaso.
Lo llenó de tequila, y me lo brindó.
__ ¡Toma, bebe, lo necesitarás, esta noche escucharás mis secretos mejores guardados joven vecino!
                 Dios mío, qué le está ocurriendo hoy, ¿habrá luna llena para que influya de esta manera en el comportamiento de mis invitados?, no lo sé, pero del modo en que me ha llamado “vecino” me hace pensar en demasiadas cosas a la vez, y ninguna de ellas buenas.
__ ¡Pero ven, siéntate a nuestro lado para que no te pierdas el más mínimo detalle mi vecino querido!
                 Nuevamente vecino, pero en esta ocasión acompañado de la palabra querido, “mi vecino querido”, esto no está bien, naturalmente que no. ¿Hasta dónde pretende llegar? ¿Hasta la relajación total? ¡Y de la manera en que bebe poco le faltará! Yo diría que la voz de la señora Asunción ha hecho una modulación bastante sospechosa, o al menos comprometedora a mí entender. Irremediablemente esta noche los duendes y las musas, se hallan del lado de la sensual Asunción. ¡Hasta mencionar su nombre me produce un placer incuestionable!
__ ¡Señora Asunción, perdóneme, pero lo que está bebiendo no es agua!
__ ¡No se me ha olvidado mi “vecino querido”, por esta razón necesito beber algunas copas para contar mi historia!
                 Esta mujer se empeña en contar su historia, ¿qué necesidad tiene para ello?, ¡un momento!, hasta este instante quería saber más de su vida íntima, hasta el punto de espiarla, naturalmente, siempre por motivos profesionales, el estudio de “mirador unificador” del que les he hablado, pero, ya no sé qué decir.
__ ¡Tiene toda la razón señora Asunción, o, perdón, siempre lo olvido, Asunción! --y Fernando la miró con carnívoros ojos. Entonces, sorpresivamente se levantó, se acercó a ella hasta inclinar el torso sobre la mesa, tomó la mano de Asunción que aún sostenía el vaso, y por unos segundos la mantuvo unida a la suya.-- ¡Déjeme llenarle el vaso! ¡Asunción! --mi amigo se estaba metiendo en camisa de once varas.
__ ¡Muchas gracias joven, o, perdón, Fernando, mi querido y amable Fernando!
                 Esto se estaba pasando de castaño oscuro. Estos dos si continúan así terminarán……., mejor me callo la boca para no alebrestar a los demonios ocultos.
__ ¡Si les parece bien podemos ir hasta el salón con los demás! --lo dije para intentar cambiar el rumbo de la situación.
__ ¡No! ¡No, aquí estamos a gusto! --y Asunción de un golpe, bebió nuevamente el contenido de su vaso.
__ ¡Sí, es verdad, aquí estamos a gusto, pero si tú lo deseas puedes ir con ellos, nosotros tenemos mucho de qué hablar! –no era el mismo, naturalmente que no lo era, Fernando se había desenfrenado, estaba ligero, libre, como nunca antes lo percibí.
__ ¡Está bien, nos quedamos……..! --y Fernando no me dejó terminar la frase.
__ ¡Pero si tú quieres puedes ir……..! --y yo, por motivos lógicos, no pude ser menos.
__ ¡No, me quedo, con vosotros! --y sentenciando con rotundidad, me bebí de un golpe, como la señora Asunción, el vaso de tequila, y me serví otro, y para dentro, hasta la última gota.
__ ¡Ese es mi niño!
                 “¡Ese es mi niño!” ¿Qué dice? ¿Cómo me puede decir que soy su niño? ¡Soy un hombre, hecho y derecho! ¡Miren ustedes que soy tan hombre que la espío a todas horas! Bueno, a todas horas no, solamente cuando mis obligaciones me lo permiten, que es en realidad......., bueno, es igual, da lo mismo, soy un hombre, el  vecino mirón, quiero decir, el estudioso vecino, el “mirador unificado”, el que la observa para cotejar parámetros y profundizar en el examen de......., a la mierda con los conceptos. ¡Sí, la miro, la escudriño, la analizo, de arriba abajo, sin perderme un detalle! ¡Y cuando ella no se desnuda, yo lo hago, la desnudo más allá de la piel, hasta desearla con todas mis fuerzas, hasta la extenuación, hasta la locura, y “hasta el infinito…….!” ¿Qué estoy diciendo dios mío? ¡Esta mujer me está volviendo loco! ¡Pero es verdad, no puedo cerrar mis ojos sin que la imagen de la señora Asunción, de mi amada Asunción, no aparezca en mi memoria!
__ ¡Lléname el vaso Fernando! --la cara de Fernando representaba una cara de pocos amigos.
__ ¡Y a mí también por fa…….! --Asunción como agua para chocolate, se desparramó sobre la mesa.
__ ¡Un momento, voy al baño y, vengo rápido! --me salió del alma la frase.
__ ¡Te puedes demorar todo lo que quieras! --señaló Fernando.
__ ¡Eres malo, muy malo jovencito! --y los pechos de Asunción con extrema ligereza poseyeron con voluptuosidad la mesa.
__ ¡En un plis plas estoy aquí! --dije.
                 Y diciéndolo, salí por la puerta como alma que se lleva el diablo.
__ “…….¡bésame, bésame mucho, como si fuese esta noche la última vez……., pero, bésame…….!”
                 Desde el pasillo escuché cantar a mi vecina Asunción, y sentí que el cielo tocaba la tierra. ¡No, mi intención no era ir al baño! Tenía que llegar al salón cuanto antes para comprobar por mis propios ojos el estado en que se hallaba el señor Mariano. Asunción llevaba algunas copas de más, si él llevase la misma cantidad con el mismo efecto, no habría que lamentarse, los dos bebían como cosacos; pero sino, sería sumamente peligroso que de repente el señor Mariano se presentase en la cocina y viese a su mujer en un descontrolado y rimbombante desahogo.
                 Mi sorpresa fue mayor. En el salón mis amigos conversaban, bailaban y bebían despreocupadamente, como cualquier joven en una fiesta más; pero el señor Mariano no se hallaba entre ellos. ¿Dónde se habrá metido este hombre?
__ ¿Quieres bailar?
                 Susana, una amiga que desde hace mucho tiempo ronda mis pasos, pero que yo no la tomo en cuenta porque mis asuntos vecinales me ocupan el resto del día, se acercó a mí agitando ampulosamente la cadera.
__ ¡Ahora no, quizás más tarde!
__ ¡Eso dices siempre, ven, vamos a bailar!
__ ¡No, ahora no, de verdad que…….!
__ ¿Cómo que ahora no puedes? ¡Bailarás conmigo sí o sí!
                 Y no alcancé a decir nada más. Cuando me vine a dar cuenta los brazos de Susana rodeaban mi cuello, y sus hábiles pies me condujeron al centro del salón. ¡Roberto Carlos! Gritó Susana. “¡Cama y mesa por favor!” Y una cómplice mano fue hasta el equipo de música y cambió definitivamente el intérprete y el ritmo para complacencia de mi amiga.
__ ¡Esto sí es música para bailar! --y los labios de Susana susurraron en mis oídos.
__ ¡…….! --no pude articular palabra.
__ “¡Cama y mesa!” ¿No te llegan de repente los recuerdos? --y sus diestros dedos se internaron en mi nuca deslizándose con maestría hasta embelesar el final de mis cabellos.
                 ¡Claro que me llegan los recuerdos! ¿Cómo no me van a llegar? Me llegaron nada más al escuchar el nombre de Roberto Carlos. No es de nuestra época el artista, lo descubrimos por nuestros padres, ellos lo escuchaban sin parar, y desde entonces, lo hicimos nuestro. Es el cantante fetiche de la pandilla. ¡Siempre, pero siempre, al terminar una velada, reunión, o fiesta, terminamos bailando o escuchando a Roberto Carlos! Esta afinidad colectiva nos ha unido más. Somos una pandilla amante de letras melosas y, perecederas melodías. No lo sé, pero tengo la sensación que esta actitud hacia este tipo de música, nos ha hecho mejores personas; pero no debo ser yo el que haga estos comentarios.
__ “¡Cama y mesa!” --y mis párpados cayeron de golpe.
                 Simplemente me dejé llevar por el momento.
__ “¡Quiero ser tu canción desde principio a fin, quiero rozarme en tus labios y ser tu carmín. Ser el jabón que te suaviza, el baño que te baña, la toalla que deslizas por tu piel mojada. Yo quiero ser tu almohada, tu edredón de seda, besarte mientras sueñas y verte dormir yo quiero ser el sol que entra y da sobre tu cama, despertarte poco a poco, y hacerte sonreír…….!”
                 Susana mantuvo los dedos de sus manos viajando por mi pelo mientras cantaba a la par con Roberto Carlos. Lánguidamente las letras desarticuladas se iban uniendo hasta conformarse en palabras, hondas palabras que penetraban por mis sentidos hasta conquistarme el cerebro. Y una vez allí, de jedé de ser yo mismo, fui otro, o más bien no fui nada.
__ “¡…….Quiero estar en el más suave toque de tus dedos, entrar en lo más íntimo de tus secretos, quiero ser la cosa buena, liberada o prohibida, ser todo en tu vida…….!”
            Y fue cuando mis dedos dejaron de ser imparciales y removieron su espalda. Las palmas de mis manos se ahogaron entre los pliegues de su vestido y, ya si sentido, me pidieron a gritos hurgar en su piel. Tocarla, sentirla sin disfraces ni intermediarios contactos. Ella y yo. Únicamente los dos.
__ “!…….Todo lo que me quieras dar quiero que me lo des, yo te doy todo lo que un hombre entrega a una mujer, ir más allá de ese cariño que siempre me das, me imagino tantas cosas, quiero siempre más…….!”
                 No deje que cantase, no la dejé. Y me sumé a la voz de mi amigo Roberto Carlos. ¡Canté, cante, no como los ángeles, pero canté! No sabía muy bien cuál era mi verdadera intención, pero esta vez fui yo el que le susurró al oído.
__ “!.......Tú eres mi dulce desayuno, mi pastel perfecto, mi bebida preferida el plato predilecto, yo como y bebo de lo bueno y no tengo hora fija, de mañana, tarde o noche no hago dieta…….!”
                 Los ojos de Susana se desbocaron, irremediablemente se desbocaron, más allá de sus órbitas, de sus contornos y sus raíces. Antes de terminar la frase mis labios ya habían besado el lóbulo de su oreja, su cuello, y su barbilla. Un penetrante beso que terminó por distender los poros de su piel.
__ “!…….Y este amor que alimenta a mi fantasía, es mi sueño, es mi fiesta, es mi alegría, la comida más sabrosa, mi perfume, mi bebida, es todo en mi vida…….!”
                 Susana tomó la iniciativa y volvió a cantar, pero esta vez mirándome a los ojos. Bendita profundidad hallé en ellos. Unos ojos que me calaron las entrañas y las mismas vicisitudes. Unos centímetros, apenas unos pocos centímetros separaban su boca y la mía.
__ “!.......Todo hombre que sabe querer, sabe dar y pedir a la mujer,
lo mejor y hacer de este amor, lo que come, que bebe, que da, que recibe.
                 Y sucedió. Canté una vez más, pero esto no fue lo revelador. Lo revelador fue mi boca, que no se detuvo y, continuó camino hasta llegar a unos montes sinuosos, carnosos como fruta prohibida, y sin previo aviso se adhirieron a los mismos como inquilino de caracol que no ha dejado jamás de pagar su renta.
__ “!.......El hombre que sabe querer, y se apasiona por una mujer, convierte su amor en su vida, su comida y bebida, en la justa medida.
                 Mi lengua y sus manos hicieron de las suyas. Una dentro de su cálida y bucal gruta, y la otra, por el interior de la cremallera de mi pantalón. Juguetonas manos que hacen perder la ubicación en el espacio. Uno, dos, tres, cuatro, infinitos besos que continuaron sin aliento de un lado a otro. Izquierdas y derechas, cuatro manos que no se conformaron con la quietud y exploraron nuevos territorios. El tequila, Roberto Carlos, la candente cercanía, los impulsos, las sensaciones, la soledad, los motivos, las disueltas intenciones, la baja intensidad de la luz……, no sé qué fue, pero no pude más.   
__ “!.......El hombre que sabe querer……., ¿quieres hacer el amor conmigo señora Asunción!”

CONTINUARÁ……………………………………….

                 

domingo, 23 de noviembre de 2014

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?

                                             "LA VISIÓN"
                                                 (La playa)
(CAPÍTULO XXXVII)
                Al despejar el camino hacia el interior materno brotó la naturaleza. Una perfecta flor con su variedad de pétalos guardaba Diana en su vagina para que Álvaro la conquistase. ¡Pueden imaginar lo que anhelen, pero cinco pétalos de colores variados sorprendieron la mirada del joven! En algún momento Diana deposito la sorpresa para atrapar a su amado, o quizás siempre estuvo allí, eso no lo llegó a saber el joven Álvaro.
__ ¡Es para ti mi amor! ¡Te mereces mucho más, pero la magia es lo que importa! --dijo Diana.
__ ¡Me has dejado sin palabras! ¡No esperaba artimañas! --le contestó Álvaro --¡Déjame seguir buscando por si encuentro algo más!
                El joven extendió sus manos y despejó sus dedos con la misma habilidad que un prestidigitador. Acto seguido los fue colocando uno a uno, los diez, sobre el misterioso laberinto carnal expuesto ante sus ojos. Posiblemente en el viejo mapa de la isla del tesoro los jeroglíficos no fueron tan complicados como la interminable vagina de su amada. Los dedos los movía con arte sobre la piel incidiendo en cualquier duda. ¡Diana emanaba placer por todos sus contornos!
__ ¡Así mi amor! ¡Busca! ¡El que persiste encuentra! --le imploraba Diana retorciendo las piernas-- ¡Tienes unos dedos como los de un concertista! ¡No! ¡No! ¡No los dejes de mover!
                Las manos de Álvaro viajaban de un lado a otro por toda la geografía vaginal de Diana sin detenerse en ningún espacio. Al llegar al pubis se detenía, pero acto seguido los dedos continuaban en sentido contrario hasta encontrarse con el monumental ano repleto de pliegues armoniosos que invitaba al descanso. Aun así, Álvaro no dejó de deslizar sus manos con arte sobre el maravilloso y carnal teclado.
__ ¡Voy a cerrar los ojos para ver la sinfonía que tocas sobre mí!
                 Y Diana levantó la cabeza hacia el infinito, respiró, y dejó caer sus angostos párpados.
__ ¡Silencio, comienza la ejecución!


CONTINUARÁ..................................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XXXVI)
                                             
                                               "LA VISIÓN"
                                                (LA PLAYA)
                Miró y vio. ¡El que busca encuentra! Fueron los pensamientos de nuestro querido Álvaro, que continuó su exploración y alcanzó a destapar sorpresas por el íntimo y floreado camino que había emprendido. No fue suficiente que los muslos de Diana se abriesen y se cerrasen continuamente, él deseaba una visión más específica y personalizada de su objetivo.
                Acercó el dedo pulgar e índice hasta la vulva de Diana. Se detuvo en la misma y, poco a poco, y gradualmente, la fue dividiendo, del mismo modo en que el telón sube la noche del estreno en un teatro. Una comparación distante, pero afin en referencia al éxtasis y a los ocultos enigmas.
                 Ante sus ojos se hizo la luz para dar paso a la majestuosidad de un mundo que nunca antes había explorado.
                 ¡No es lo mismo penetrar una vagina por simple intuición, que disfrutar con la sensación de saber hasta dónde llegaremos cuando se traspasa el umbral!
                 Esto lo tenía muy claro Álvaro, que a petición y en su propio deleite, se adueñó y asaltó la fortaleza impenetrable que ocultaba entre sus piernas Diana.
                Álvaro podía explorar con la potencia de su falo el interior de la vagina de su chica, pero jamás descubrirla, poseerla en esencia.
                 Era conocedor sus recovecos y sus partes más blandas. Y sabía encontrar la humedad deseada hasta saciar cada uno de los poros de su piel. El eterno laberinto de su amada lo conducía a la perdición que demandaba, y por ello estaba dispuesto a entregarlo todo a cambio de nada, o por lo menos, de una entrega sin marcados finales.
                 Nunca se pudo quejar Álvaro, siempre fue complacido en sus penetraciones; pero ahora él, y ella, deseaban una cúpula de cierta manera más sutil, ligera, imperceptible desde cualquier ángulo.
                En esta ocasión los dos buscaban una penetración visual que fuese capaz de subliminal las anteriores demostraciones directas de afectos. Diana se encontraba a gusto sabiendo que Álvaro disfrutaba con la vista panorámica de su extendido monte sobre la cara. Él se quedó sin palabras al despejar con sus dedos el camino hacia lo recóndito.
                 El mar llegaba con sus olas rompiendo con destreza los cuerpos de los amantes. ¡Posiblemente la verdadera intención sería borrar la más mínima huella de sus acciones; pero los amantes, no estaban dispuestos a renunciar a este privilegio!
                Después de despejar algunas curvaturas, Álvaro tropezó con la primera sorpresa de la detallada mañana. Sus ojos se iluminaron al ver lo que ocultaban los primeros pliegues apartados. ¡Detrás de los mismos se hallaba el milagro!


CONTINUARÁ..............................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XXXV)
                
                 Ella estaba en una posición óptima, pero le faltaba el toque final para acomodar su cuerpo. Fue entonces cuando Álvaro utilizando sus manos de pala, agrupó un montón de arena bajo su cuello, y con arte e intuición creo una sólida almohada para descansar la cabeza sobre la misma. Ahora podía aguantar años observando la vagina de su amada sin que el cansancio hiciese mella en él. Así lo hizo Álvaro y, sin prisa, centró la mirada en el complejo meandro de curvas sinuosas que tanto le apasionaba.
                 ¡Posee la complejidad de un cerebro, infinidades de líneas que conducen a un galimatías de formas! ¡Eso es, líneas, eternas lías! ¡¡Aleluya!! ¡Ahora lo comprendo todo, Diana, al dibujar sobre la arena con los pies me ha querido mostrar el perpetuo mapa que conduce a lo desconocido, al entrañable mundo maternal! ¿Cómo no me he dado cuenta antes? ¡No soy más que un iluso, un tonto que hasta ahora se ha dejado llevar por las falsas apariencias que se colocan ante nuestros ojos! ¡Esas primorosas líneas que me llevan a la perdición! Los sentidos, la voz, y el conjunto de Álvaro no cabían en sí mismo, y deseaba compartir su dicha con su amada.
__ ¿Alguna vez te han dicho que tienes los trazos marcados y firmes como los de la palma de la mano?
__ ¡No sé si es un piropo, pero me han gustan las palabras que he escuchado! ¡Nunca me lo habían dicho! --le contesto Diana con zalamería.
                Álvaro la tomó por la parte externa de sus muslos y la invito a cerrar las piernas. De esta forma Diana se puso casi de pie ante la mirada de su amado.
__ ¿Ves? ¡Ahora es una verdadera concha de mar! -le dijo Álvaro sin perderse el más mínimo detalle-- ¡Primero se hallaba desplegado ante mi cara como un mapa con sus ocultas claves que invitaba a descubrir el fabuloso tesoro! ¡Pero en este momento se ha transformado en un cuenco milagroso! ¡Quiero ver cómo se distribuyen los labios al abrirlos y al cerrarlos!
                Y sin perder un segundo Álvaro obró en sentido contrario, despejando los muslos de Diana. Separó uno del otro. Una, dos, tres, cuatro, y las piernas de la amada se alejaban y se acercaban con un leve movimiento de la mano del joven; como por arte de magia. De esta manera los labios mayores y menores no fueron capaces de hacer el menor comentario al margen.
__ ¡¡T-e-a-m-o!! -le dijo Diana articulando las palabras al mismo ritmo que las contracciones brotaban de su vagina.
__ ¡Sigue no te detengas! ¡He descubierto que tu clítoris toma la forma de un trébol de cuatro hojas! --lo señaló Álvaro con la sutileza de un experto detallista.
__ ¡Tú eres el que me hace transformar! ¡Resiste! ¡Te queda mucho por explorar! ¡Puede que te encuentres con sorpresas por el camino! --al parecer Diana sabía de qué hablaba.
__ ¡Veo la piel que se ahoga en una rugosidad, para continuar en un monte violento y abrupto que no se conforma con la quietud! Tienes unos labios gruesos y potentes que definen tu ingle dándole una continuidad infinita. ¡Me quedaría toda una vida contemplando tu vulva hasta descubrir lo que no me ha dejado ver!

                No es que Álvaro estuviese en la fase final de su contemplación, no, es que las horas y los días serían algo menos que nada para su talento desbordante de inagotable explorador. 

CONTINUARÁ...................................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?



(CAPÍTULO XXXIV)
                                            

                                              “LA VISIÓN”
                                                 (La playa)

                Diana quedó sin nada que le cubriese sus preponderantes muslos, su cadera melódica, su culo alborotador, sus tetas anti-misiles, y su espiritual oquedad. Pensó que mejor sería echar a volar el pareo que rodeaba su pecho para sentir de golpe la brisa en cada uno de los poros de su piel. Y no se equivocó. ¡El aura sublime llegó y en un despliegue de autoridad descontroló toda la parte inferior de su anatomía! ¡La superior perdió el control cuando él con la punta de sus gafas le rozó el clítoris!
                 ¡Sintió que por sus partes más blandas penetraba una revolución de frenesí! ¡Sus pezones erectaron desafiando cualquier admisible lógica!
                Ella sabía que Álvaro se la estaba comiendo con la mirada, y para continuar provocándolo se alejó unos metros de él y, comenzó a dibujar con el dedo gordo de su pie sobre la arena. Su cuerpo jadeaba placer. Una delicia que exponía mediante el contoneo de sus carnes para que su amante ardiese antes de llegar al infierno angelical de sus humedecidas entrepiernas.
                 De esta forma excitaba al joven, y de esta forma también se excitaba ella. ¡Estaba espléndida a contraluz! Una provocadora silueta que de sólo contemplarla provocaba.
                Álvaro se incorporó y no intentó nada más. Antes le había confirmado que deseaba observarla desde cada ángulo con paciencia y malicia. Y ella estaba de acuerdo. Apoyó su antebrazo sobre la arena y dejó que sus pupilas siguieran el movimiento constante de su amada. Diana no dejaba de trazar irreflexivas líneas sobre la arena. De vez en cuando el agua del mar llegaba a sus pies y se llevaba parte de sus líneas; entonces volvía a esbozar con los pies su dibujo hasta dejarlo impecable.
                Algunos minutos que para Álvaro parecieron una eternidad, estuvo Diana dibujando sobre la arena, al terminar fue hasta el agua y se inclino para mojarse las manos. Las piernas abiertas y rectas. El torso doblado a la altura de las rodillas. ¡Era la imagen que andaba buscando Álvaro! Al término de la raja de las nalgas de Diana sobresalía un mundo de sensaciones y volúmenes. Con toda intención desplegó su arsenal, el jugoso laberinto vaginal.
                 A la memoria de Álvaro llegó una de las frutas que había probado en uno de los tantos viajes realizados. Una fruta tropical. ¡El Mamey! Todas las sensaciones se agolparon en sus sentidos. El meloso aroma y el aterciopelado contorno. La intensidad de sus formas que armonizaba con la estructura perfecta que llegaba a sus ojos. Y por último, el sentir delicado y consistente del mejor bocado desplegado sobre el paladar.
                 ¡Así era la vagina de Diana, un apetitoso mamey despejado por la mitad!
                Él, descubrió en esta ocasión, la simbología del alfabeto Morse. El clítoris de su amada comenzó a lanzar señales de socorro desde la orilla. Cada contracción él la interpreto como un S.O.S y no esperó más. Fue hasta ella y se colocó entre sus piernas para estar seguro del mensaje que estaba recibiendo. ¡No quería errar! Tomó cada porción de nalgas con sus manos y delicadamente las fue apartando en sentido contrario hasta que el fragmento del apetecible Mamey quedó expuesto ante sus ojos.
                 De cerca impresionaba. Un diseño irrepetible. ¡En nada se parecía a lo que le había contado su pene! Su pene le dijo que era cálido, húmedo, e infinito. Pero se equivocaba, el Mamey de Diana es contradictorio, laberíntico, y profético. ¡Esas son las sutilezas de las que un pene no es capaz de percibir con su arrogante y lacónico rozamiento! ¡Hay que verlo con el tercer ojo, el que se oculta más allá de la visión! Álvaro lo tenía muy claro, demasiado claro y, por tanto, deseaba redimir cada una de sus anteriores faltas.
                ¡Estoy ante la octava maravilla del planeta! Y sus pulmones lanzaron sus palabras a los cuatro vientos, a cada uno de los elementos de la tabla periódica, a las pandemias, a los cincuenta y siete mares, y las colisiones frontales de los enemigos de la paz.
                 No es que la vagina de Diana fuese categórica o especial, no, todo lo contrario; pero era la primera vez que Álvaro contempla a la luz del día y a menos que nada, la fruta que muchas veces paladeó sin observarla de antemano. Para el joven la vagina de su amada era un prodigio, una “ventana” hacia lo desconocido, que no estaba dispuesto a perderse por más que las malas lenguas se empeñen.
                Deseaba examinar cuanto antes su delicado sabor, pero antes, le pidió a Diana paciencia. ¡Sus ojos serían los primeros que degustarían los recuerdos y el cálido presente!
                 Se acomodó, y para no perderse en conjeturas, comenzó por el lado menos pensado de la amplia estructura vaginal. ¡Partiendo del vello siguió hacia delante, hasta encontrarse primeramente con la tersa piel!


¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


(CAPÍTULO XXXIII)

LA VISIÓN: LA PLAYA.

                 Flexionó aún más las rodillas y, por un extremo de su insuficiente ropa interior, se escapó el cachete izquierdo de sus apetecibles labios vaginales. Completamente desplegada, con todo su contorno y sus pliegues, la media concha vulvaria quedó a una altura aproximada de unos siete centímetros sobre la nariz de Álvaro. ¡Si liberaba la lengua de su boca, podía saborear la apetecible papaya de su amor, que se mostraba desafiante ante la gravedad! Lo pensó Álvaro, pero no llegó a acometerlo porque sabía que no se conformaría con una simple tajada.
                 Él, con una de las patas de sus gafas de sol, apartó el exiguo bañador que cubría las medias vergüenzas de ella, hasta dejar ante sus ojos la apetitosa fruta, completamente al descubierto. ¡Fue entonces cuando se dispuso a disfrutar sin presión de los elementos del exquisito manjar! Ella inclinó aún más la pelvis, y el mapa difuso del laberinto de su rendija se mostró con todo esplendor y lozanía sobre la cara de Álvaro.
                 Podía comenzar cuando le apeteciera a disfrutar de la golosina de sus sueños. Su amada estaba dispuesta y con sus atributos al viento para que él hiciera y desasiera a su gusto. ¡Álvaro se lo pensó! ¿Cuál sería la primera y mejor acción para comenzar el convite? ¡Lo importante permanecía ante sus ojos y en unos segundos sería únicamente suyo!
                  Ella, previsora, apartó con sumo cuidado parte del vello púbico que cubría su clítoris, y toda la belleza oculta quedó al descubierto para que él la apreciase como experto analista.
                 Las olas marinas comenzaron a romper con destreza y con fuerza sobre los cuerpos de los amantes. Álvaro sintió en la arena el agua salada que invadía su trasero y su espalda. ¡Ella lo intentó y no pudo! El mar terminó por hurtarle el equilibrio y calló a horcajadas sobre el cuello del joven. El destino propició que la deliciosa fruta rosase la boca del goloso amante.
                 ¡No era la intención de Diana, pero por culpa del mar, dejó en bandeja salada su rosada vagina cerca de los labios de Álvaro!
__ ¡Antes de comérmelo del todo, lo voy a disfrutar contemplándolo hasta el cansancio! --fue lo que sintió Álvaro, y de esta manera se lo hizo saber a Diana.
__ ¡Espera un momento! --y sin decirle nada más, se levantó, y se quitó del todo el bañador que antes él había apartado con las gafas-- ¡Es toda tuya! ¡Puedes hacer con ella lo que quieras, siempre y cuando me hagas sentir que floto sobre las aguas de este mar!
__ ¡No te defraudaré! ¡Solo te pido paciencia para poder disfrutarla hasta que la luz del sol se apague!
__ ¡Siento que estoy ardiendo! --y con la otra mano terminó de apartar los restantes vellos de su magnífica vulva.


Continuará..........................

¿CÓMO HACER EL AMOR EN UN SITIO INCÓMODO?


(CAPÍTULO XXXII)
                                          

                                                       “LA PLAYA”

__ ¿Te gusta mi amor? –le preguntó ella a la vez que apartaba con su pies izquierdo parte del pareo del amado.
__ ¡Estoy perdido y no sé cuándo voy a regresar!  
                 Las palabras de Álvaro se fueron alargando, extendiéndose como goma de mascar al mismo tiempo que su falo iba quedando al descubierto. A sus labios llegó la reminiscencia del Tequila, el penetrante y definido aroma del licor que le hace estremecer los sentidos hasta desbocarse las partes más carnosas de su anatomía. ¡Es una delicia! Afirmó para su interior.
__ ¡Si quieres te puedes quedar en tus sueños, yo me comunicaré con tu amigo! –le respondió ella con una sonrisa maliciosa.
                 Y Diana enmudeció. Dejó de hablar para poner con cuidado la planta de su pie sobre la remolona verga de su amor. ¡Estaba flácida, pero no había expirado del todo! Su grosor doblaba la normalidad, sin llegar a su potencia habitual. Con toda seguridad, se dijo, es un pene que desea reflexionar sobre las cosas mundanas y el libre comercio.
__ ¡Tengo mi polla, mi pinga, mi tranca, mi pico, mi tolete, mi morronga, mi pija, mi rabo, mi verga, etcétera, etcétera, y etcétera, en estado de busca y captura!
                 Las referencias de Álvaro respecto a su órgano sexual, al principio, pero sólo al principio, le provocaron a Diana una sonrisa; pero en unos segundos más, su mente la traicionó y comenzó a imaginarse miles de historias con el miembro de su amado. Por su mente se deslizó una fantasía que pondría en práctica cuando alcanzasen la cala.
                 Las papilas gustativas de ella comenzaron a funcionar, y por debajo de la traslúcida tela de su pareo, los retoñados pezones hicieron acto de presencia frente al mar y se expandieron como ejército napoleónico por las difusas praderas de Europa.
                Con el dedo pulgar, pero esta vez de su pie derecho, apartó del todo el pareo de su chico, y el boquiabierto pene se deslizó sobre uno de los muslos fijando la mirada en el extendido horizonte. Al igual que Álvaro, su compañero penial, soñaba con placeres desconocidos que lo estremeciese para mostrarle a Diana la verdadera cara del amor.
__ ¡No lo perderé de vista para que sienta la vergüenza en su propia carne y me mire directamente a la cara! --así le habló Diana al pene, pero mirándole fijamente a los ojos.
__ ¡Si me dejas ver lo que me gusta, lo templaré especialmente para ti! ¡Tienes que adivinar lo que es! --afirmó Álvaro.
                 Segura no estaba, pero sabía que jugaba con ventaja. Cualquier cosa que hiciese ella, él, se perdería por sus huesos, porque en la ventana comprendió que el joven la amaba por encima de cualquier inconveniente.
                 No lo pensó más y se colocó de pie sobre su amado. Puso a cada lado de la cabeza una pierna, cerca de cada oído. Las gafas ahora han perdido todo su sentido, se dijo Álvaro y, se las quitó, decidió apreciar la realidad en cada irregularidad de la misma.

                 La luz, entró de golpe por los ojos de Álvaro, hasta que Diana encontró el punto exacto de sombra entre su cuerpo y el sol, para que él, disfrutase de las mejores vistas que ella le estaba brindando. ¡Dobló las rodillas, se posesionó directamente sobre su cara y, le mostró parte de sus encantos desde una nueva óptica!