domingo, 24 de febrero de 2013

EPISODIOS DEL 21 AL 33


            

                       
            "LA VIDA SECRETA E ÍNTIMA DE AGAPITO MORALES"
                                                   EPISODIO
                                                     -- 21 --
                 Dulce Ángel de Morales quedó ante el orificio de la pared con su voluntad lacerada sin saber qué hacer. Si los milagros existían, hace unos segundos había presenciado uno al escuchar la voz de Fornicio.
                 Con el tiempo percibí muchos de los secretos de mi madre y comprendí que a pesar de todo, era y sigue siendo una persona excepcional. Posee una sensibilidad fuera de lo común y sus sentidos  se crearon para producir placer y alimentarse de las cosas trascendentales. ¡La voz que le llegó a sus oídos la transportó al edén que había soñado!
                  ¿Qué pudo haber pasado por la garganta del rústico Fornicio? --¡De sus cuerdas vocales se escapó la mejor armonía engendrada de todos los tiempo!—Así habló mi madre con la mirada perdida más allá de la pared. La crema corporal cayó al suelo porque los dedos de Ángel se perdieron en la duda. Desde este instante su ser experimentó un cambio absoluto. Intentó pegar su cuerpo a la pared para escuchar la respiración de Fornicio, pero sus empinados pezones se lo impidieron. Desde la totalidad de su amplia cabellera hasta el más ínfimo bello púbico, su materia contorsionó de puro placer.
                 Los poros de la piel de la delicada Ángel, estaban dilatados en espera de una onda sonora salida de la garganta de Fornicio, y lo único que deseaba era sentir su aliento penetrándola sin compasión. Desde la llegada a la comarca de Bumel mi madre, la señorita Dulce Ángel de Morales no había practicado el sexo en ninguna de sus variantes, y esta demostración vocal del hijo de la señora Adolfina alertó sus conexiones nerviosas y lubricó su mente.
                Permanecía desnuda ante el orificio que momentos antes provocó con sus movimientos e insinuaciones; pero la voz no se dejó escuchar.
__ ¿Estás ahí Fornicio? –Ella pregunto como una adolescente insegura-- ¡Sé que me estabas mirando mientras me bañaba! ¡Quiero escuchar tu voz nuevamente! ¡Lo que me pidas lo haré!
                Estas palabras de mi madre no fueron muy acertadas de su parte. Había jurado que nunca más se pondría al servicio de un hombre. Que si alguien se debía arrodillar serían ellos y no ella; pero su voluntad, al igual que sus rodillas se doblegaron y se derrumbó al suelo para suplicar aunque sea un humilde verbo.
__ ¡Escúcheme, he puesto mis oídos a la pared para saber si estás ahí! – El silencio continuó-- ¡Ahora acercaré mi boca para que no me olvides!

                                             EPISODIO
                                                -- 22 –
                La voz de Fornicio y su persona, al parecer se esfumaron de la habitación contigua. Mi madre pensó por un momento que había salido corriendo porque la vergüenza le dominaba los instintos. Ella permanecía desnuda y de rodillas frente al orificio de la pared. Hasta este segundo todos sus planes estaban a punto de evaporarse al igual que sus ideas; pero no se rindió, muchos recursos coleccionaba en su interior.
__ ¡Fornicio estoy dispuesta hacer un trato contigo! –Pegó los labios completamente al orificio de la pared, para que sus palabras penetraran en la habitación con mayor fuerza-- ¡Primero quiero escuchar tu voz hasta que te lo pida, y después deseo saber si estás de mi lado para que el negocio de “La pequeña Bumel” salga a flote! ¡Te reclame lo que te reclame! –La voz de Fornicio continuaba sin escucharse-- ¡A cambio le daré un masaje a ese objeto hermoso que llevas entre las piernas! –Entonces se escuchó un suspiro profundo desde el otro lado-- ¡Se lo daré con mi boca, mis labios, y mi lengua! ¡Solamente tienes que darme la confirmación del trato!
                Con la velocidad de la luz, Fornicio respondió introduciendo su gruesa y larga verga por el hueco de la pared. ¡Esa era su respuesta! Estaba dispuesto a todo con tal de sentir los placeres que hasta ahora le fueron negados por imposición del destino. Todo estaba muy bien, pero mi madre deseaba una respuesta sonora y se la exigió con hechos.
__ ¡Dímelo con tu voz o no hay trato! –Se lo ordenó.
__ ¡Estaré a tu lado hasta levantar “La pequeña Bumel”, y mientras me lo pidas, hablaré aunque me quede sin palabras!
                Era lo que ansiaba escuchar Ángel. Nuevamente el control estaba de su parte. A sus oídos llegaron las cálidas palabras de Fornicio que con cada pausa la sorprendía como la primera vez. El tono grave de algunos hombres le producía un goce fuera del alcance de sus dominios. ¡Había logrado la promesa que tanto deseaba, y había logrado una sorpresa inesperada! Del orificio de la pared, sobresalía un trozo considerable de “músculo penial” que para nada dejó indiferente a la versada Dulce Ángel. Al menos veinte centímetros en erección de fibra venosa, se balanceaba de arriba a bajo intentando ser escuchado. En este instante y después de mucho tiempo mi madre debía poner en práctica sus dotes de hábil terapeuta de penes solitarios.
__ ¡Dime palabras aunque no tengan sentido! ¡Yo me ocuparé de ordenarlas en mi cabeza! –Así le dijo mi madre mientras miraba con gusto el flamante tronco que brotó del tabique-- ¡Te prometo que este masaje no lo olvidaras en lo que te queda por vivir! ¡Cuando quieras puedes comenzar! ¡Te escucho!
                Fornicio comenzó murmurando sonidos incoherentes, peor cuando sintió unas gotas de una sustancia templada y viscosa sobre su pene, las sílabas por sí mismas comenzaron a reordenarse.
 __ ¡Mejor es lo que paso me está! ¡Es hora lo mejor que me ha...............! –La palabra articulada no pudo continuar su evolución, pero de su garganta brotó la más cristalina de las resonancias graves. A la habitación donde se encontraba Ángel, llegó el eco profundo de un sincero lamento.

                                        EPISODIO
                                           -- 23 –
                Durante el tiempo que Ángel intentó la domesticación de la verga de Fornicio las palabras de él continuaron perdidas en la incongruencia. Él solamente gemía y se retorcía de embriaguez contra los tablones del maltrecho tabique, dificultando la experimentada labor de mi madre que utilizó su mejor técnica para dilatar el placer de su cliente a la vez que mostraba una amplia gama de sus dones. No era un simple hecho de felación, el conocimiento empleado por mi madre estaba basado en principios terapéuticos de antiguas civilizaciones del medio oriente.
                 Mi madre conocía al detalle las artes amatorias y se consideraba una profesional en extinción.  Estaba entrenada para superar cualquier punto frágil que dificultara su labor. ¡Esto que les cuento es la pura verdad! ¡La señorita Dulce Ángel de Morales cuenta con estudios profundos en esta materia! Buscando alguna pista que me condujera a mi padre, encontré entre las cosas de mi madre unos escritos guardados con mucho celo. En ellos estaban los conocimientos adquiridos, y los servicios realizados en La pequeña Bumel. Aparecían cada uno de los clientes que desfilaron por el negocio de mi madre, incluyendo el primer encuentro con el “señor” Fornicio, porque después de estas demostraciones vocales alcanzó la total madurez.                
                 Esta potencia de voz dejó el pulso y las ideas de Ángel al descubierto. El rudo Fornicio no articulaba palabras coherentes pero si rugía como un poseído con su frecuencia extremadamente grave. El sonido se apoderó de ambas habitaciones con la pujanza de un ser sobrenatural, dejando al descubierto cualquier duda sobre el hombre que confiaba su voluntad y su miembro a unas manos desconocidas. Ángel no contaba con esta posibilidad. Sabía que Fornicio disponía de algo especial que la hacía vulnerable y por encima de todo debía mantener el control. ¡La voz del hijo de la señora Adolfina era extremadamente grave, y Ángel sintió miedo, porque esta gravidez se podía convertir en su punto débil!     
                 La pequeña Bumel se había puesto en marcha. Fornicio no sabía que con su episodio puso los pilares del negocio, y a la vez entró en la lista como “primer cliente del versátil local”. Lo que pasó entre mi madre y el hombre de la voz profunda,  con el tiempo dejó de ser un secreto para los habitantes de la atrayente Bumel. Este comienzo entre Ángel y Fornicio sentó las bases para una profunda relación que fue madurando con el tiempo, aunque pudiéramos decir que incomparables matices se le fueron sumando día tras día.
                 La primera cara que recuerdo mirándome con ojos saltones desde mi cuna fue la del rudo Fornicio intentando desprender una sonrisa de mi rostro. Una vez le llamé papá. Mi madre llegaba con su poderosa razón y me decía.
__ ¡Fornicio no puede ser tu padre porque tu no llevas el mismo apellido! ¡Tú eres Morales, él no! ¡Agapito Morales, no lo olvides!
                 Con el tiempo le pregunté a Fornicio si era mi padre pero siempre me lo negó. ¡Les voy a confesar un secreto! Cuando mi madre trabajaba en La pequeña Bumel, la mayoría de las veces me quedaba con Fornicio, y en muchas ocasiones por ingenuidad le llamaba papá, en esta intimidad él me lo permitía todo. Esto fue a mayor cuando comencé en la escuela. Mis amigos tenían padre y madre, al igual que dos apellidos. Sin consultar con nadie nombré a Fornicio padre y utilicé su apellido; de esta manera  para mí y mis compañeros de clase fue mi padre, hasta el día en que llegó a oídos de mi madre que su hijo  Agapito no era Morales y Morales. ¡Fue cuando tomé la imperiosa decisión de mantener una estrecha investigación sobre mi vida y mis orígenes! Por los papeles de mi madre comenzó la búsqueda para llegar a una posible respuesta. ¡Solamente necesito tiempo, y que mi madre no sospeche!

                                     EPISODIO
                                         -- 24 –
                 Desde el día señalado Fornicio fue otro. Su forma de actuar cambió al igual que su manera de vestir. Al caminar por la plaza de Bumel dejaba tras de sí un hálito de seguridad, y muchas, pero muchas miradas indiscretas se quedaban estancadas en el desconcierto sin saber cómo reaccionar. Las mujeres de la comarca torcían el cuello para ver a Fornicio alejarse calle abajo con su camiseta ceñida al cuerpo y sus botas de piel. Un nuevo hombre nació y la culpable de todo era mi madre.
                 Está demás referirme que a la mañana siguiente de la acción terapéutica de Ángel sobre el falo de Fornicio, los obstáculos que impedían la continuación de las obras de La pequeña Bumel desaparecieron. ¡Las puertas se abrieron de par en par para el negocio de mi madre! El ahora tangible Fornicio tomó las riendas de la situación y se enfrentó con trabajo y capital a la labor. Los ahorros de toda una vida los puso en manos de mi madre. Desde que era niño guardó con pasión una tras otra las monedas que su padre le lanzaba cuando estaba borracho para que hiciera alguna payasada. Al poner sobre la mesa de La pequeña Bumel la caja con el dinero le vino a la memoria todas las vejaciones que tuvo que soportar en su niñez y su juventud. Lo único positivo de esta etapa de su vida estaba ahora sobre la mesa. Muchas veces, cuando la borrachera de su padre no era tan concluyente, al otro día el desgraciado le reclamaba a golpe de cinturón, que le devolviera su mísera moneda. ¡Los recuerdos regresaron al presente y el entrecejo del bueno de Fornicio se frunció melancólicamente! Fue cuando la señorita Dulce Ángel de Morales le acarició su cara y lo beso profundamente.
__ ¡No vale la pena Fornicio! ¡Olvídalo! ¡Ahora se abre una nueva vida para ti! ¡Te prometo que siempre estarás en mi corazón!
                 Fornicio dio la espalda para que Ángel no viera que una lágrima corría por su mejilla para perderse en la nada. El rudo Fornicio guardaba un corazoncito sensible, y mi madre estaba dispuesta a corresponderle con su entrega incondicional. Los dos se miraron y en un abrazo enérgico sellaron su pacto. Esto me lo contó la señora Adolfina, que desde el comienzo de la conversación atisbaba detrás de la puerta.
__ ¡Creo que algo huelo en el ambiente! –Sentenció desde su escondrijo.
__ ¿Qué haces mamá? –Le dijo fornicio saliéndole al paso.
__ ¡Nada, nada hijo! ¡Simplemente digo que he puesto el guiso al fuego! –Contestó Adolfina-- ¡Hoy hace un día maravilloso! ¿No es verdad Ángel?
__ ¡Claro que sí señora Adolfina! ¡Hoy es un día único, y como es un día único le quiero pedir a su hijo que me acompañe a dar un paseo!
__ ¡No podemos, la obra………!
__ ¡Qué obra ni que niño muerto, la señorita Ángel te esta pidiendo que la acompañes a dar un paseo! ¡Venga hijo mio, que cuando lleguen les tendré un buen plato de caldo caliente para recuperar lo que………!
__ ¡Mamá nos vamos de paseo!
                 Fornicio tomó de la mano a la señorita Ángel y a toda marcha bajaron las escaleras de La pequeña Bumel. La señora Adolfina se les quedó mirándole con una sonrisa de satisfacción en toda la cara.
__ ¡Mi hijo se ha hecho todo un hombre!
                 Suspiró profundamente y sus recuerdos partieron muy lejos de allí.  

                                      EPISODIO
                                         -- 25 –
                 La señorita Ángel y el señor Fornicio llegaron del paseo completamente desconocido. Mi madre con una flor plantada en el pelo y Fornicio con una melodía en los labios. Para sus años la adolescencia les quedaba muy distante pero no les importó. ¡En sus caras había algo más que una razón para llegar con los pies distantes de la tierra! Yo no lo puedo afirmar porque mi vida aún no estaba confirmada (no formaba parte ni de un proyecto futuro), pero por el comentario del pastor Romualdo que los vio desde la otra orilla del lago, nada de hacer el amor sobre la hierba, lo que hicieron fue un pacto. Las palabras de Romualdo fueron precisas cuando la señora Adolfina lo convenció con una comida a solas.
                 El pastor Romualdo siempre estuvo enamorado de la señora Adolfina, pero ella tomó la peor decisión de su vida al contraer nupcias con el hombre equivocado. En el amor no existen las reglas, ni primero pruebas y después veremos, no, es un dictamen que puede acarrear trágicas conclusiones, y recuperar la inocencia robada es casi imposible. Adolfina se casó por amor, y por amor perdió el candor entre golpes y borracheras. Entre las innumerables noches de vigilia en espera de su marido que al llegar traía consigo sorpresas. ¡Golpes y más golpes propinaba sobre el cuerpo de Adolfina que pedía clemencia! – ¡El amor es así!—Decía Adolfina para sus adentros.
                 Las cosas comenzaron cambiar cuando una madrugada el marido le confesó que venía de fornicarse a una puta porque ella no le complacía plenamente. Esto de “plenamente” o “complacer” no se lo expresó con estas palabras, más bien se lo vomitó en la cara profiriéndole los mayores insultos que su indecente boca podía articular. Adolfina estuvo llorando sin lágrimas y en silencio durante ocho largos años, hasta el momento justo en que el pequeño Fornicio tuvo consciencia de lo que estaba pasando, y su beodo padre le asestó una bofetada que lo lanzó por los aíres. ¡Adolfina apartó sus lágrimas, su fiel amor, y le plantó cara al demonio! ¡Se dijo que nunca más le pondría la mano a ella y a su hijo, y así fue!   
                 Con el tiempo supe que en ese placido paseo por las afueras del pueblo mi madre y Fornicio no hicieron el amor, entre los dos surgió algo especial que hasta estos días se mantiene. Romualdo vio en las manos de Fornicio un papel, pero hasta este momento no puedo dar fe de ello. Estoy seguro que mis indagaciones tarde o temprano darán su fruto. Esa misma tarde las obras se reanudaron, y con el amparo del bueno de Fornicio estaría lista para su inauguración lo antes posible.

                                        EPISODIO
                                           -- 26 –
                 Adolfina para saber la verdad de primera mano invitó al señor Romualdo a una suculenta comida. Ella preparaba unos guisos especiales cocidos con leña del monte. En una marmita enorme depositaba todas las sustancias y los variados componentes alimenticios para fabricar el milagro. ¡La señora Adolfina poseía manos extraordinarias que hacía posible la transformación de una común patata en un sofisticado plato! Esto lo sabía el cabrero y en los dos sentidos se aprovechó de la buena de Adolfina. ¡En llenar la tripa y en estar toda una tarde a solas con ella! Aunque el tiempo dejó sus huellas en el cabrero y la señora Adolfina, él no perdió la esperanza de algún día conquistar el fraguado corazoncito de la benévola de Adolfina. Cuando mi madre llegó a Bumel Adolfina le confesó que de hombres nada más quería saber para “darles un hasta nunca”, pero de una cosa la mayoría de los pobladores del pequeño pueblo se dieron cuenta. Cuando el pastor aparecía con sus cabras por la calle de la señora Adolfina, ella siempre estaba frente a su ventana quitando el polvo. ¡Una continúa y extraña coincidencia!
                  Romualdo le contó a la señora Adolfina que desde la orilla en que él se encontraba con sus cabras, vio como un prolongado papel fue puesto sobre una sobresaliente piedra. Con insistencia mi madre y Fornicio, señalaban con el dedo hacia el mismo como si les fuera la vida. La señora Adolfina de tanto reír vertió un poco del caldo de su cocido sobre el mantel.
__ ¡Señor Romualdo, seguramente se referían a la obra con toda seguridad! –Le comentó la señora Adolfina llenándole el plato hasta el borde.
__ ¡Que no, que no señora Adolfina, estoy bien seguro que era un problema más gordo! –Afirmó Romualdo mientras desintegraba con la cuchara un trozo de calabaza.
__ ¿Dónde estaba usted? –Le preguntó Adolfina.
__ ¡En la otra orilla! –Contestó con la boca llena.
__ ¡Es lo que le digo! ¡Usted está algo mayor señor Romualdo y ve cosas que no son! –Terminó de servir los platos y se sentó en la mesa frente al cabrero. Y con delicadeza, comenzó por el borde para no quemarse, a ingerir el sustancioso caldo.
__ ¡Que no! ¡Ella sacó un carboncillo y él firmó!—Dijo Romualdo entre mordiscos.
__ ¿Un qué? –Preguntó Adolfina.
__ ¡Un carboncillo! ¡Carbón……….un lápiz! ¿Comprende usted?
__ ¡Sí, si, comprendo señor Romualdo! ¿Decía qué mi hijo firmó en el papel? –Preguntó Adolfina soltando la cuchara.
__ ¡De esto le puedo hablar con toda seguridad porque dejé las cabras……….!—A la vez que hablaba se debatía con un trozo de chorizo en la boca--- ¡La niña, mi cabra madre la amarré al árbol y fui hasta……!—No podía hacer dos cosas a la vez, luchar contra las morcillas y el tocino, y contar con cierta lógica su narración-- ¡La dejé en el árbol y con cuidado llegué hasta……………!
__ ¡Señor Romualdo le pido por favor que se concentre en la historia y dejé los chorizos para más tarde! –Le increpó la señora Adolfina con los ojos más grandes que sus órbitas.
__ ¡Perdón Señora Adolfina, pero este cocido está para morirse en las profundidades de su caldo! –Cuando lo deseaba se le escapaba el poeta oculto en su interior.
__ ¡Al grano señor Romualdo! –Inquirió Adolfina.
__ ¡Fui por el agua hasta la orilla donde estaba la señorita Ángel y su hijo, y sin que se dieran cuenta……….!
__ ¡Es usted un poco indiscreto señor Romualdo! –Le dijo Adolfina recuperando su cuchara.
__ ¡Si no fuera por mi indiscreción no estaría usted ahora preguntándome señora Adolfina! –Y sin decir nada más, recuperó el pedazo de chorizo que navegaba sin rumbo por el plato-- ¿No es así señora Adolfina?

                                          EPISODIO
                                             -- 27 --
                 El pastor terminó de comerse el guiso con sus respectivos chorizos, morcillas, y tocinos. En esta ocasión la señora Adolfina no quiso interrumpirlo para que las viandas se posesionaran bien en su estómago. Ella sabía lo que hacía. Un hombre enamorado y con el estómago lleno es capaz de entonar cualquier melodía sin ser presionado. ¡En esta situación se encontraba el señor Romualdo que no podía llevarse a la boca un alimento más! Un hombre que vive solo se alimenta muy mal y esto bien lo sabe la avispada de Adolfina. Dejó al pastor fuera de combate para controlar la situación. Ella era capaza de cambiar el rumbo de una conversación
__ ¿Señor Romualdo desea ahora una taza recién hecha de café? –Se lo dijo con un pie en la cocina-- ¿Sí o no? –No esperó respuesta para tomar su propia decisión-- ¡Creo que mejor nos vendrá un licor de avellana de los que tanto le gusta!
__ ¡Señora Adolfina usted conoce muy bien mis gustos! –Le contestó el señor Romualdo.
__ ¡Pero solamente nos beberemos una sola copa! ¡Sabe usted que no puedo con………! –Salió de la cocina con una bandeja y las copas con el licor.
__ ¡No me tiene que explicar! ¡Usted sabe señora Adolfina que únicamente tomo una copa de licor de avellana, y no siempre! – Él sabía el trasfondo de las palabras de Adolfina.
__ ¡Lo sé señor Romualdo! –Sin hacer pausa le interrogó-- ¿Por casualidad me estaba hablando  de mi hijo? ¡Ya, recuerdo! ¡Me decía que Ángel le dio un papel y mi hijo!
__ ¡Su hijo firmó en el mismo, pero antes se dieron un beso en los labios!
__ ¿Un beso en los labios? –Preguntó Adolfina.
__ ¡Sí señora, un beso en la boca! ¡Su hijo la tomó por los hombros y le dijo que podía contar con él para toda la vida!
__ ¿Qué más pasó señor Romualdo?
__ ¡Ahora es usted señora Adolfina la que le come la curiosidad!
__ ¡Olvídelo y vayamos al centro del asunto! –Adolfina tomó la copa de licor y se la bebió de un sorbo.
__ ¡Su hijo Fornicio después de besarla tomó la hoja de papel y firmó sobre ella! ¡Mientras la señorita Ángel le acariciaba el pelo!
__ ¿Qué más? ¡No se detenga señor Romualdo! ¡Siga!
__ ¡Entonces la señorita Ángel firmó el papel después de Fornicio! ¡Lo dobló y se lo guardó entre sus pechos!
__ ¿Y?
__ ¡Fornicio le dijo que podían comenzar con la obra!
__ ¡Se lo dije señor Romualdo! ¡Estaban hablando de La pequeña Bumel, el negocio……….!
__ ¡Sí, está bien, pero la señorita Ángel le dejó bien claro a Fornicio que si no cumplía con su palabra sacaría a la luz el documento que habían firmado!
__ ¿No me diga?
__ ¡Le digo señora Adolfina! –En un último sorbo terminó su copa de licor-- ¡Entonces su hijo le dijo que era hombre de palabra y que podía confiar en él! ¡Este documento será un sólido testimonio y lo dejaremos para las futuras familias!
__ ¿Las futuras familias? ¿Qué familia señor Romualdo?
__ ¡No lo sé señora Adolfina porque una de las cabras comenzó a balar, caí al agua y la parejita se marchó sin mirar atrás!
__ ¿Si estaba allí cómo no se entero de todo señor Romualdo?
__ ¡Me quedé en el agua para que no me vieran! ¡De cualquier manera la respuesta está en el documento!
__ ¿Cómo llegó hasta él señor Romualdo?
__ ¡No lo sé señora Adolfina pero hay que tener cuidado con usted! –Le dijo Romualdo mirándole a la cara.
__ ¡Es una broma, si deseo saber lo que ha pasado con preguntarle a mi hijo tengo señor Romualdo! –Le contestó Adolfina saliendo del apuro.
__ ¡Pero recuerde que yo no le he contado nada! –Le suplicó el señor Romualdo.
__ ¡Soy una tapia señor Romualdo! –Le contestó la señora Adolfina.
                 Al parecer mi madre y Fornicio llegaron a una especie de pacto o contrato el día en que Romualdo los estuvo observando con sus cabras. A la señora Adolfina y al señor Romualdo les roía la curiosidad por saber el contenido del mismo. Al nacer y tener conciencia de la existencia del mismo me sumé al bando de los curiosos.
                                  
                                        EPISODIO
                                           -- 28--
                 Las obras después del encuentro en el río entre la señorita Ángel y el señor Fornicio se reanudaron con la celeridad necesaria para concluirla lo antes posible. Fornicio se encargó de todo lo relacionado con la reforma en general. La contratación de los obreros, el material, la supervisión, y cualquier elemento a pie de obra. Esto fue muy importante para que el proyecto de inauguración se acelerara. En realidad la reforma no era demasiado complicada. La complicación recaía en el tipo negocio. El establecimiento requería de ciertas variaciones y especificaciones que para un comercio normal no eran necesarias, pero este en concreto demandaba de unas transformaciones concretas.
                 Algunos cambios de tabiques, ampliaciones de habitaciones, orificios en determinados lugares definidos de las paredes, baños romanos, la construcción de un escenario en el centro del inmueble, cuartos secretos, la preparación de todos los techos para ser utilizados como referentes, en fin, el mundo que había soñado la señorita Ángel y que al parecer ahora se le estaba haciendo realidad. Fornicio no era un desconocido  en estos menesteres, tenía cierta experiencia en la construcción de viviendas sin alcanzar el título de maestro de obras, pero de cualquier manera se defendía notablemente; trabajador y entregado en cuerpo y alma. Lo que no llegaba a comprender eran los cambios excéntricos que pretendía mi madre en el local. En una gruesa libreta estaba especificado con detalles todo el interior y el exterior de “La pequeña Bumel”. Un diseño realizado íntegramente por mi madre. La señorita Ángel le entregó a Fornicio el cuadernillo y le pidió que por favor no se saliera del mismo por nada en la vida. Si tenía dudas que la consultara. --¡Los detalles hacen grandes obras!-- Le dijo mi madre con voz firme dejándolo pensativo con la libreta en la mano.
                  Mientras tanto mi madre se debía ocupar de la contratación del personal que trabajarían en “La pequeña Bumel”. Según Fornicio en menos de cuatro semanas terminarían las obras y todo estaría listo para comenzar con la decoración y la ubicación del mobiliario. ¡Quedaba poco tiempo! A la señora Adolfina se le ocurrió que mi madre debía mandar a imprimir notas informativas solicitando personal y que lo distribuyera por el pueblo y en las comarcas cercanas. No era mala idea. Pero mi madre fue más allá y le incorporó una amplia y detallada publicidad, y antes que el local abriera sus puertas en muchos kilómetros a la redonda de Bumel esperaban con ansias la próxima abertura del local con los dientes afilados; aunque los detalles del mismo no estaban especificados.
                 El personal que necesitaba mi madre debía ser cualificado o al menos con cierta experiencia. Un personal completamente femenino. No introduciría en su negocio a hombres. Los hombres tendrían nada más el estatus de clientes. El único que podía tener algún privilegio sería Fornicio pero él no entraba en sus propósitos. El trato o pacto que había alcanzado con Fornicio posiblemente iba más allá de “La pequeña Bumel” pero de cualquier manera no es más que una simple especulación.
                 Al siguiente día de colgar los carteles había una discreta cola de mujeres esperando ser atendidas. Mi madre hablo con la señora Adolfina para saber si seguía en pie la oferta de la casona de su amiga. Necesitaba un lugar tranquilo para escoger el personal. Debían pasar un cuestionario y barias pruebas.  Sabiendo mi madre que se encontraba en un pequeño pueblo y que le sería muy difícil descubrir un personal especializado, puso en la solicitud que necesitaba cualquier tipo de mujer dispuesta a instruirse en un complejo y apasionado oficio. No importaba la experiencia, la importancia residía en la entrega. Su reclamo era algo ambiguo pero se debía arriesgar.

                                         EPISODIO
                                            -- 29 --
                Mi madre contaba solamente con su persona para la parte más delicada del negocio, que no era otra cosa que la selección del personal femenino que se en cargaría directamente de la clientela masculina. En poco tiempo debía instruir a las chicas en el manejo de cada una de sus habilidades físicas y mentales. “La pequeña Bumel” funcionaría entre otras cosas como casa de adiestramiento fálico como se había planteado mi madre desde el comienzo.  Ya les había comentado que fue la manera que se le ocurrió a mi querida progenitora para vengarse de todos los hombres del espacio sideral y de más allá de la nada. La venganza retributiva estaba en marcha como ella le llamaba a este negocio.
                Antes de partir al encuentro con las mujeres que esperaban para la entrevista, mi madre hizo su secuencia de entrenamiento a la que estaba acostumbrada para mantener sus habilidades intactas y a flor de piel. Comenzaba por una meditación tántrica que disponía su cuerpo y mente para el trabajo. Seguidamente se realizaba un auto-masaje con esencia que se trajo de uno de sus viajes por la India. Fregaba cada espacio de su cuerpo a consciencia y detalladamente. En su pensamiento habitaba la sorpresa y la dilatación del tiempo. --¡Cada vez que fuéramos a practicar el sexo debíamos ir a por la zona perdida de nuestro cuerpo que necesite ser estimulada sin límite de tiempo!—Decía la dulce señorita Ángel de Morales. Una filosofía que pondría en práctica en su nuevo negocio. Lo del tiempo extendido sería doblemente retribuido. Por el placer ampliamente liberado y por las altas ganancias que esto supondría.
                Ángel de Morales con su cuerpo completamente desnudo fue por una zona menos explorada de su anatomía. Llego al lugar en que confluyen dos órganos fundamentales dentro del conocimiento sexual. ¡La vagina y el ano! Entre la vagina y el ano existe un diminuto espacio que en contadas ocasiones las mujeres no se detienen para estudiar y complacer. Es una delgada línea que si no se marcha con cuidado nos puede conducir a uno de estos caminos ante señalado. En el centro justo está la frontera milagrosa que produce sensaciones orgásmicas y de recogimiento. Ángel en esta ocasión iba por lo segundo. Necesitaba una concentración fundamental para esta decisiva mañana. A este punto había llegado en otras ocasiones y conocía de sus bondades respecto al control, por lo cual sería un gustoso encuentro con el pasado.
                Se colocó sobre la cama boca arriba y en dirección a la ventana para que la luz actuara directamente en sus orificios íntimos. Alzó las piernas hacia el techo, las abrió y pasó sus brazos por delante de las mismas hasta la altura de los codos. El entrenamiento diario mantenía el cuerpo de mi madre con una elasticidad pasmosa, lo cual hacía posible cualquier posición por muy excéntrica y retorcida que esta fuese. Inclinando la cabeza se encontró con su flamante vagina expuesta de par en par, y junto a ella el ovalado ano que se contraía con cada movimiento del cuerpo de mi madre. ¡Ahora nada más debía colocar uno de sus dedos para hacer el viaje por la zona señalada!

                                       EPISODIO
                                         -- 30 --
                 En la línea que demarca las dos expuestas opciones íntimas mi madre depositó su dedo índice con toda naturalidad para comenzar con su entrenamiento diario. Lo primero sería presionar la zona insistentemente hasta encontrar una especie de músculo oculto debajo de la piel. Esta acción la había realizado Dulce Ángel de Morales en tantas ocasiones que había alcanzado minúsculos orgasmos de manera reiterada, pero ahora sus  impulsos estaban dirigidos únicamente a la concentración, el estado que necesitaba para enfrentar la extenuante jornada que le esperaba.
                 Apoyó el índice de abajo hacia arriba en dirección a la vagina y comenzó a frotar horizontalmente la estrecha franja. A continuación utilizó el pulgar para clausurar la entrada del ano y eliminar cualquier recepción de aire que pudiera abortar el esperado entrenamiento. Con ambos dedos dispuestos a la frotación buscó la relajación de la columna y de sus espacios internos para dejar que la acción penetrase en profundidad en todos los rincones de su anatomía. Comenzó a sentir que su cuerpo estaba en buenas manos y se dejó llevar por la tracción que sus nobles energías ejercían sobre sus orificios.
                 En esta ocasión Ángel no deseaba ocupar demasiado tiempo porque le esperaba una jornada agotadora. Aplicó una tensión constante sobre la superficie señalada, cerró los ojos, y empezó el mantra acostumbrado. Cinco minutos fueron suficientes para conquistar lo que se proponía. Dejó de presionar la estrecha línea, contempló su vulva con sumo cuidado, percutió con la palma de la mano varias veces sobre la entrada de su ano, y acto seguido regresó a su posición original para envolver su cuerpo en una toalla. Se dirigió al baño y se dio una ducha en profundidad.
                 No tenía más posibilidad mi madre que enfrentarse sola a todas las aspirantes que esperaban por la oferta de trabajo. Teniendo el conocimiento que Bumel es una comarca más bien pequeña, no debía seleccionar demasiadas chicas por el bien del negocio, pero por otra parte mi madre confiaba demasiado en ella  y estaba segura que lo único que necesitaba era tiempo para que la fama de “La pequeña Bumel” sobrepasara las fronteras y atravesara los mares. No le quedaba otra que arriesgarlo todo. En un principio comenzaría con doce chicas. ¡Aconteciera el hecho que aconteciera, podría convocar nuevas plazas en cualquier momento porque estaba segura que encontraría el talento suficiente para una futura ampliación de actividad!

                                          EPISODIO
                                             -- 31 –
                 Un número considerable de aspirantes esperaban a la entrada de la casona para optar por una plaza en el nuevo negocio que abriría sus puertas en Bumel dentro de bien poco. Eran mujeres de una variopinta constitución física y posiblemente de un nivel cultural bastante discutible. Fue lo que apreció Ángel al pasar junto a ellas en esta mañana señalada. Estaban en filas ante la mansión de la amiga de Adolfina y en sus rostros se vislumbraba nerviosismo y curiosidad. No todas eran jóvenes. Había mujeres de edades comprendidas desde los veinte hasta pasados sin ninguna discusión ni dudas los cincuenta años. Mi madre comprendió que tenía una diversidad suficiente para hacer una buena selección de personal. Al pasar junto a ellas a lo largo de la cola y a primera vista, supo que había talento suficiente para manipular estas cualidades.
                 Ángel se detuvo al comienzo de la cola y les habló.
__ ¡Buenos días! ¡Atiendan por favor! ¡Supongo que todas las que están hoy aquí, son conocedora del tipo de negocio que se abrirá y del trabajo que realizaran las que sean seleccionadas! ¿Lo saben? –Preguntó claramente Ángel.
__ ¡Si, si, si, si! –Se escucharon varios “sí”, pero todos con  intenciones muy diferentes.
__ ¿No todas lo saben? –Preguntó mi madre.
__ ¡Sí, para trabajar como putas! –Varias voces se escucharon por el centro de la cola.
__ ¿Es lo que piensan todas? –Nuevamente preguntó mi madre.
__ ¡Claro! –Dijo una.
__ ¡A mí me dijeron que el trabajo sería artístico, por eso estoy aquí! –Contestó una tercera mujer perdida entre la multitud al deshacerse la cola.
__ ¡Debemos trabajar con nuestro cuerpo! –Contestó una de las tantas mujeres.
__ ¡Lo que me importa es que ganaré mucho dinero! –Se escuchó a la mujer del lenguaje descompuesto.
__ ¡Es un trabajo más! –Gritó una mujer que estaba al final de la cola.
__ ¡Sí pero sin llegar a…………puta! ¡Yo estoy dispuesta a trabajar con el cuerpo pero ya saben……………! ¡Eso de ser puta es una putada amiga! –Esta mujer estaba a unos centímetros de Ángel.
__ ¿Me pueden escuchar? –Lanzó la voz mi madre a la multitud para hacerse notar, pero habían olvidado la compostura. Para decir la verdad no todas.
__ ¡Porque bailes ante un grupo de hombres no quiere decir que seas una puta! –Afirmó la mujer de condiciones físicas notable.
__ ¿Y si bailas con las tetas al aire? ¿Qué me dices a eso amiga? –Preguntó la mujer del lenguaje descompuesto y varias carcajadas se escucharon.
__ ¡Pero eso sería si te tocan una teta! –Le contestó la del cuerpo entrenado.
__ ¡Es igual! –Contestó la mujer de la cabellera larga y negra.
__ ¡Mientras me paguen bien no importa si termino en la cama con el cliente! –Dijo la mujer de los ojos penetrantes.
__ ¿Pero qué piensan, que van a bailar con las tetas a fuera, se las van a manosear hasta más no poder y después, tralarí tralarí ojos que no te vi? ¡Si es lo que piensan son unas tontas! ¡Se termina en la cama con el cliente! –Sentenció la mujer del lenguaje descompuesto.
__ ¡¡Silencio por favor!! –Gritó mi madre-- ¡No voy a permitir el caos! ¡Si no están seguras del paso que van a dar será mejor que den la vuelta y se marchen por donde vinieron! ¡Todo lo que hablan no son más que especulaciones y falsas conjeturas! ¡Si alguien les puede dar una explicación seré yo; las habladurías nos puede conducir a desvirtuar la esencia del negocio! ¡La que piense, por los motivos que sean, que este negocio será una casa de putas, está en el lugar equivocado y mejor  que dé la media vuelta y se marche! ¿Me comprenden? –Pero todas permanecieron en silencio-- ¡Esto será un negocio respetable! ¡Un negocio para ofrecer al cliente el mejor servicio de toda la comarca y más allá de sus fronteras! ¡Nos consideraremos especialistas cualificadas en la labor que desempeñemos, y en nuestro campo seremos las mejores! –Se giró hasta encontrarse con la mirada que buscaba y le habló-- ¡Si piensas que no serás otra cosa que una puta, estas demás en este negocio! ¡El concepto prostitución está en la mente, no en el cuerpo! ¡El cuerpo es un instrumento para producir arte y sensaciones sublimes a uno mismo y a los demás! ¡La que en estos momentos piense que su cuerpo es objeto de meretricio, no puede hacer nada porque lleva dentro de sí la humillación! ¡No es otra cosa que un cuerpo contaminado! ¡Necesito a mujeres que sean capaces primero de quererse! ¡Mujeres que no traicionen por influencias externas lo que llevan en su interior, dejando a un lado las mezquindades y los prejuicios! ¡Busco la belleza especializada, la que se debe trabajar para alcanzar objetivos superiores; pero también busco almas sensibles, entrenadas y dispuestas al ritual del amor! ¡Si vosotras no se ven en esta descripción, debo esperar la llegada de nuevas aspirantes! ¡Necesito algunos minutos por favor!
                 Concluyó mi madre. Y dando la espalda, se perdió en el interior de la casona sin dar más explicaciones.
__ ¡Cómo habla esta mujer! –Afirmó la mujer del lenguaje descompuesto.

                                        EPISODIO
                                           -- 32 –
                  Se hizo un silencio y las futuras candidatas a “la pequeña Bumel” se miraron con la intención de encontrar la respuesta en la otra.
__ ¿Entonces qué es prostituirse? –Cuestionó la joven del lenguaje descompuesto-- ¡A mí me da lo mismo pero que no me intenten engañar con palabrejas bonitas!
__ ¡Yo entiendo a la señorita Ángel porque yo trabajo con mi cuerpo! –Opinó la de la constitución física poderosa.
__ ¡Repito lo que dije con anterioridad, mientras paguen bien me da igual la profesión! –Habló la mujer de los ojos penetrantes.
__ ¡Como dice el dicho, la profesión se lleva por dentro! – Afirmó la mujer que decía bailar.
                 Del final del tumulto de mujeres enardecidas una figura delicada pero refinada se acercó al centro de la discusión y con una dulce  pero tangible voz interrumpió.
__ ¿Si no están seguras del paso que van a dar por qué están aquí? ¡Creo que la señora o señorita que ha hablado antes tiene razón! “¡Almas especiales por encima de cualquier prejuicio es lo que necesita!” –Los conceptos se le escapaban con una espontaneidad increíble de los labios de la señorita de la figura delicada-- ¡Yo tengo mis motivos! ¡Siempre he tenido un motivo sólido en mi vida para enfrentarme a la realidad! ¡Nunca me he escondido en lamentos y justificaciones para hacer o no hacer tal cosa porque me estaría engañando a mí misma y eso no lo permitiría! ¡Como vosotras no tengo muy claro hasta dónde me llevará este reclamo, pero si soy seleccionada quiero probar entregándome al máximo! ¡Sí, también creo que todos nos prostituimos constantemente sin comerciar con el cuerpo! ¡Con lo único que no se negocia son con los principios!
__ ¡Por favor, sí usted señorita, pase! –Desde la puerta la señorita Dulce Ángel de Morales se dejó escuchar.
__ ¿Yo? –Preguntó la joven de la figura delicada y la palabra certera.
__ ¡Sí! ¡Usted, pase! –Contestó Ángel.
__ ¡Hay una cola! –Respondió la mujer de la cabellera larga y negra.
__ ¡Sí! ¡Estamos aquí desde hace mucho! –Se escuchó en coro a las mujeres que estaban agrupadas en el centro.
__ ¡Tienen razón, pero la primera prueba la ha pasado esta señorita! –Dijo mi madre-- ¡Está dispuesta, y no hay nada mejor que estar dispuesto para enfrentar un propósito! ¡Un objetivo firme le ha acercado hasta aquí y lo tiene claro en su conciencia! ¡Es lo que necesito! ¿Su nombre por favor?
__ ¡Me llamo Rebeca! ¡Rebeca Arminia! –Le dijo la joven
__ ¡Señorita Arminia pase por favor! –Contestó con un gesto la señorita Ángel-- ¡Cuando termine con ella si están decididas pasaran por el orden de llegada!
                Las mujeres de la tertulia se quedaron con sus bocas a medio cerrar, pero con la posibilidad de reflexionar sobre sus intenciones de permanecer o marcharse por donde vinieron. ¡Ahora la señorita Dulce Ángel de Morales estaba ocupada, y al parecer, sería por un prolongado espacio de tiempo!

                                        EPISODIO
                                           -- 33 --
                  La señorita Arminia portaba una elegancia fuera de lo común para estos menesteres. Joven, delicada, de cuerpo esbelto pero extremadamente delgado; con una incuestionable apariencia frágil que se visualiza desde cualquier punto de su anatomía. Su vestimenta no la acompaña respecto a la calidad de las prendas, pero es lo de menos porque el lánguido encanto que desprende su figura hace olvidar cualquier imperfección por muy marcada que se muestre. Su porte junto a su delicada voz conforma un curioso binomio que da la impresión de quebrarse en cada expresión. Su enflaquecida entonación sinceramente da grima, al igual que su figura; pero aun así mí madre supo ver más allá de la primera impresión y llegó al centro de sus inquietudes.
__ ¿Deseas algo antes de comenzar? –Le preguntó mi madre para romper el hielo.
__ ¡Si me invita a un café con leche bien caliente y algo de pasta, con toda seguridad no me negaré y lo aceptaré con mucho agrado! –Contestó la señorita Rebeca Arminia salivando de solo imaginar que se hiciese realidad su petición.
                 Esta sencilla acción de humedecer los labios y tragar en seco le pareció a la señorita Ángel de Morales un hecho rotundo y concreto para percibir una sensualidad innata en esta joven de belleza enfermiza y rostro noble.
__ ¿Tienes hambre –Le preguntó mi madre esperando una reacción que se pareciese a la anterior.
                 Rebeca no contestó con palabras, su estragado estómago contestó por ella. Se puso una mano en el vientre y la otra la llevó hasta la boca. Con toda intención se mordió los dedos de su mano y a continuación asintió con la cabeza.
__ ¿Cuánto hace que no comes? –Le preguntó mi madre.
__ ¡Días, algunos, creo que muchos, por todo el camino………..! ¡Llevo andando varias semanas para llegar con vida a Bumel, y creo que lo he logrado! ¡Mi último aliento lo he dejado a la entrada para dar mi opinión y defender su idea! ¡Tengo hambre!
                 No pudo continuar. Su organismo se negó a soportar una reflexión más y se vino literalmente abajo. Su cuerpo se desplomó y sus huesos dieron contra el suelo. Mi madre con su potente voz pidió auxilio. No tuvo respuesta. Acto seguido fue directamente hasta uno de sus brazos para descender hasta la muñeca y tomarle el pulso. Comprobó que solamente se había desmayado. Lo que necesitaba Rebeca era alimentarse y descansar. ¿De dónde vendría esta mujer para llegar en estas condiciones?

EPISODIOS DEL 11 AL 20






            "LA VIDA SECRETA E ÍNTIMA DE AGAPITO MORALES"

                                                    EPISODIO
                                                       -- 11 –

                Mi madre era consciente que sus ahorros no cubrían la totalidad de los gastos. Para levantar el negocio que tenía en mente necesitaba mucho efectivo, pero demasiado, para ponerlo en marcha. No había contado con las licencias de rigor, la decoración del interior que amenazaba con ser amplia y variada, fondos para la contratación de las chicas, el personal de limpieza, publicidad, y todo el entramado que requiere “La Pequeña Bumel”. Con los días mi madre se dio cuenta que posiblemente la publicidad no sería necesaria para apoyar la apertura. Los mismos trabajadores que llegaron a la obra movilizaron al pueblo, la voz se fue desplazando como el viento, y en las comarcas más lejanas se hablaba del futuro centro de relajación de los sentidos y el cuerpo, no se de dónde sacaron este nombre, pero a mi madre le benefició y optó por no invertir ni un céntimo en promover su casa de citas.
                El nombre de Dulce Ángel de morales se esparció más de prisa que el fuego, y mi madre se sintió alagada con el cumplido. Decidió reafirmar su postura  y dejó que el pueblo y los visitantes ocasionales, la contemplaran boquiabiertos al verla pasar. ¡No eran solamente los hombres, las mujeres, o los niños los que quedaban desconcertados con su presencia, también los perros movían los rabos y giraban sus cabezas cuando Dulce Ángel de Morales se movía con desparpajo por las calles de Bumel! ¡Esto fue nada más que el comienzo!
                La idea de la señorita Ángel, como le llamaban los allegados en el pueblo, surgió una mañana que caminaba por Bumel con sus vaporosas ropas de verano que más que insinuar, trazaban un plano detallado de su geografía corporal con todas sus porciones y contornos. Los hombres que no habían sido contratados en la obra, los funcionarios de paso, comerciantes, intelectuales, políticos, y todo ser viviente que salivaba al verla caminar, revoloteaban alrededor de la fuente de la plaza esperando por un gesto o una sonrisa de la señorita Dulce Ángel de Morales; pero como sabían que no llegaría, la seguían a cara descubierta por todo Bumel. ¡Fue cuando a mi madre se le ocurrió comenzar con algunos de los servicios que brindaría al abrir el local! ¡Era la solución para recaudar el dinero necesario y culminar con su empresa faraónica!
                Lo que no tenía bien claro cómo se lo comunicaría a sus clientes, y dónde prestaría sus servicios. ¡Fue entonces que pensó en Adolfina y su hijo Fornicio! ¡Serían terapias cortar y masajes concretos, para poner en acción nuevamente sus dones! Llevaba algún tiempo sin ejercer las manos, el verbo, y la mente, y pensó que para engrasar cada parte de su existencia, utilizaría como conejillo de indias a Fornicio, el hombre que la admiró con su ojo verde por la rendija mientras refrescaba su cuerpo en agua. ¡Naturalmente, si él está de acuerdo con la proposición de la señorita Ángel!  




                                            EPISODIO
                                               -- 12 –

__ ¡Señora Adolfina, necesito de usted un favor! –Mi madre la miró y desnudó las palabras directamente.
__ ¡Ya le he dicho señorita Ángel que no me trate de usted!
__ Tiene toda la razón señora, perdone Adolfina. ¡Quería hablarle sobre negocio! Sacando las cuentas sobre la puesta en marcha de “La Pequeña Bumel”, no me llegan los cuartos. ¡Necesito efectivo para miles de cosas por comprar! ¡Deseo abrir lo antes posible, terminando los obreros, en dos días lo organizo todo! –La señorita Ángel soltó su discurso de un solo golpe.
__ ¡Mi hija, a caritativa alma has venido a pedirle capital! ¡Estoy con una mano detrás, y la otra bien delante para ver que se me pega! ¡No se si le conté que cuando mi marido murió, nos dejó millones, pero millones de deudas por todos los pueblos de la comarca, y más allá de las fronteras! Era un borracho perdido, que cuando se calentaba el pico se volvía loco por meter su piltrafa flácida en cualquier hueco perdido...........
__ ¡Adolfina!
__..........por muy apestoso que estuviera. ¡Nunca me quiso! ¡Estuvo a mi lado por la posada que nos dejaba buenos dividendos! ¡................! En alguna noche perdida por el alcohol, me arrastraba hasta ponerme en cuatro patas y me introducía su pellejo...............
__ ¡Señora Adolfina!
__...............asqueroso después de sacarlo de las entrepiernas de cualquiera de las putas con que se acostaba. ¡Nunca hicimos el amor, no se lo que es hacer el amor, supongo que habría que fabricar la expresión nuevamente para sentirlo; pero es igual! ¡Él nunca hizo nada conmigo, porque todo lo tomaba por la fuerza! ¡Me echaba sobre la cama, el sofá, el suelo, cualquier lugar le valía! –La señora Adolfina respiró profundamente perdida en sus recuerdos. A mi madre no le gustaba para nada el rumbo que estaba tomando la conversación, porque la señora Adolfina como siempre, estaba haciendo un monólogo de su vida, pero esta vez con temas muy delicados.
__ ¡Mi amiga Adolfina!
__ ¡Solamente quería quitarse el calentón del cuerpo! ¡No es que le gustara como mujer, no, creo que nunca le gusté, pero para las altas horas, y lo borracho que estaba, la puta más cercana le quedaba a horas de camino! ¡Entonces recurría a la puta doméstica, la que aborrecía pero siempre tenía a mano! ¡A la estúpida que lo aguantó miles de años con la boca cerrada para que mi pequeño no se quedara sin padre! ¡Fue mi error porque después pasaron cosas...................!
__ ¡Mi querida Adolfina! –Ángel le pasó la mano por la cabeza con cariño y muy despacio. La señora Adolfina se quedó con la mirada perdida en la pared. Su rostro desencajado quedó inmóvil, solamente las gotas de sudor se movían libremente desde la raíz del pelo pasando por la frente, hasta caer por su peso al cuello. Mi madre logró con su gesto que las palabras no continuaran y que Adolfina regresara a la realidad.
__ ¿Qué me decías hija mía?
__ ¡Nada Adolfina, mañana se lo contaré! ¿Quiere dar un paseo, la noche amenaza con ser única, y no podemos perdérnosla?
¡Ángel comprendió que no era el momento para pedir favores, más bien, de darle la mano a su amiga Adolfina para tomar, únicamente el aire!
  
                                             EPISODIO
                                                 -- 13 --
                Después del largo viaje que realizó mi madre de Turquía hasta Bumel, a la primera persona que encontró al llegar y le tendió la mano fue la señora Adolfina. Este gesto le valió a mi madre para considerarla una buena persona y llevarla siempre en el lado bueno de los recuerdos; junto a los sentimientos positivos. ¡La señora Adolfina no llevó la vida apacible que había soñado cuando se casó con su marido por amor! Esta acción de unirse a un hombre y entregarle todo lo que poseía, cuerpo y fortuna, la condujo a una existencia nefasta que le acompañó hasta que no pudo más, y tomó una decisión que la recordará hasta el fin de su vida. ¡La señora Adolfina no encontró una mejor salida para ser libre, pero consideró que era la única!
               Mi madre llevaba dentro una inmensa rabia producida por un hombre, y la decisión de viajar y montar un negocio relacionado con el placer de los sentidos y la carne, fue la venganza planeada después de mucho tiempo pensándolo. ¡Ella se sintió como un objeto con fecha de caducidad, y se prometió que ningún macho viril volvería a utilizarla de esta forma! La Historia de la señora Adolfina, cuando mi madre supo de ella, la hizo suya, y comenzó una relación estrecha entre las dos. ¡Con los días la buena de Adolfina terminó relatándole a mi madre las minucias de su vida íntima hasta el ínfimo detalle, que para otra persona hubiera pasado inadvertido, fue reclutado para ser utilizado en la cruzada premeditada por mi madre! ¡Ahora la señorita Ángel sabía letra por letra, el diario de la vida de Adolfina, y viceversa, porque las dos se confesaron  el pasado con un solo objetivo, la vendetta!
                Sin saberlo, posiblemente el destino propició esta unión, y Adolfina y la señorita Ángel se alimentaron la una de la otra y crearon un matriarcado imposible de transgredir. ¡No puedo afirmarlo, porque hasta ahora no tengo pruebas suficientes para demostrarlo, pero estoy casi seguro que el pueblo no está ajeno a esta situación embarazosa, y cuando hablo del pueblo, me refiero únicamente a la población femenina! ¡Algo me dice, que entre ellas, las mujeres, han creado una especie de casta oculta, y los hombres permanecen ajenos a esta situación!      

                                           EPISODIO
                                               -- 14 –
                Mi madre después de la conversación última con Adolfina dejó pasar dos días, y le planteó con toda sinceridad el problema de liquides por el que atravesaba para continuar con su empresa.
__ ¡El tiempo es oro y no se puede perder un segundo!-- Lo primero que le dijo mi madre al verla, y fue directo al grano.
__ ¡No me asustes hija mía!—Le respondió Adolfina.
__ ¡Señora Adolfina, usted ha sido sincera conmigo y yo no puedo ser menos! ¡Necesito dinero urgente para que la empresa no se detenga! ¡Sí, se que usted no tiene cuartos, y no es lo que le pido! ¡Simplemente escúcheme!
__ ¡Soy todo oídos mi querida Ángel! –Le respondió Adolfina con curiosidad.
__ ¡Eso está muy bien mi querida amiga, pero solamente oídos! –Mi madre continuó sin hacer pausas.-- ¡Como sabe tenemos muchas cosas en común y lograr que este negocio funcione sería un logro colectivo! ¡Simplemente le pido que me deje su casa hasta sacar lo necesario para poner en pie a La pequeña Bumel! ¡Trabajaré día y noche si fuera necesario para que las obras no se detengan! ¡No se cómo haremos para convivir todos juntos, usted me podrá dar algún consejo!
__ ¿Se refiere a los mismos servicios que brindaría en La pequeña Bumel cuando se ponga en marcha?—Preguntó Adolfina con indudable curiosidad.
__ ¡Los mismos, los mismos, posiblemente no, pero estoy dispuesta a improvisar con cada uno de los clientes! –Contestó mi madre.
__ ¡Por mi parte no hay inconveniente! ¡Cuando la percibí la primera vez sabía que mi vida no sería la misma, y estoy dispuesta a nuevas emociones señorita Ángel! ¡Me gustaría conocer a fondo el negocio que va ha realizar por si puedo echar una mano con los clientes, sabe que por la lengua no hay quién se me ponga delante........!
__ ¡Un momento Adolfina, no se lance que usted es un peligro con las palabras! ¡Si lo desea conocerá a fondo el negocio, pero ahora necesito con urgencia lo que le pido!
__ ¡Está muy bien, pero no sé si mi hijo.......!
__ ¡Su hijo es cosa mía, yo sabré cómo convencerlo! –Le contestó mi madre.
__ ¡Trátemelo bien señorita Ángel, es lo único que me queda en esta vida! ¡Cuando murió el desgraciado de su padre.........!
__ ¡Lo sé, lo sé, está en buenas manos! ¡Le doy mi palabra que seré como una madre para él! –dijo mi madre.
__ ¡No le pido tanto, usted sabe! ¡Mi hijo es más o menos de su edad y hasta este momento no.............!
__ ¡Sí, se lo que me quiere decir! ¿Qué me dice?
__ ¡Trato hecho, pero tengo una posibilidad aún mejor! ¡Una de las amigas del pueblo me debe un favor muy grande, y puede que esta sea la hora de cobrárselo!
__ ¡No señora Adolfina!
__ ¡Yo se lo que hago señorita Ángel! ¡Esta amiga tiene una casa muy amplia al otro lado del pueblo y está cerrada! ¡Sí! ¡Es el lugar ideal para que comience con sus masajes, charlas de ayuda, y................... qué más me dijo que ofrecerá en La pequeña Bumel! –Ingenuamente preguntó Adolfina.
__ ¡Todo lo que tenga que ver con el placer, las sensaciones, y la complacencia de lo sensitivo a través del sexo!
__ ¿Y nada más...............? –preguntó Adolfina.
__ ¡Naturalmente que la fornicación podrá ser experimentada si algún cliente demanda la prestación! ¿Me ha comprendido señora Adolfina?
__ ¡¡Perfectamente hija mía, y no seré yo obstáculo para sus planes!! –Afirmó la señora Adolfina con los ojos inyectados en sangre. -- ¿Cuándo comenzamos?
__ ¡Cuando hable con su amiga!
__ ¡Si me disculpa, me pongo en marcha! ¡En menos de una hora tendrá una respuesta! –Y se marchó Adolfina como una colegiala en dirección a la calle.
__ ¡Mientras tanto hablaré con Fornicio! –Le gritó mi madre, pero Adolfina ya estaba en la calle.
                De esta forma comenzaron los planes de mi madre, con alguna variación, pero el objetivo final era el mismo. Adolfina antes de la hora regresó con la respuesta. La dueña al conocer el motivo de esta necesidad irremediable, afirmó con la cabeza entregándole las llaves de la casona a la señora Adolfina sin pedir nada a cambio. Todas estas conversaciones me las contó mi madre, pero los ínfimos detalles llegaron a mis oídos por la boca de Nana, que no es otra que la señora Adolfina. ¡Desde el primer minuto de mi vida, mi querida Nana no ha dejado de estar a mi lado!

                                        EPISODIO
                                            -- 15 --

                Mi madre debía hablar con Fornicio antes que llegara la señora Adolfina con la respuesta que esperaba. ¡Si no lograba convencer a Fornicio posiblemente todo estaba perdido y su objetivo truncado; pero la señorita Dulce Ángel de Morales contaba con muchas artimañas para llevar agua al desierto si fuera necesario! La mañana había terminado, y en Bumel la costumbre radicaba en dormir una siesta de al menos una hora después de comer, para más tarde continuar con la labor hasta el anochecer.
                La señorita Ángel pensó, que lo mejor sería tomar un baño para enfrentar la tarde con mejor cara. En esta época del año en Bumel la temperatura puede rosar los cuarenta grados, no siempre es así, pero cuando se alcanza, la ropa se prende al cuerpo y los movimientos se hacen lentos y pastosos porque los poros de la piel dejan de transpirar, y los sentidos se desbocan en pensamientos ciertamente pecaminosos. ¡Ángel guardaba la esperanza que estaba vez, con mayor deseo, las paredes tuvieran ojos y que estos fueran verdes!
                Ella sabía que el hijo de la señora Adolfina se encontraba dentro descansando, y que los minutos valían por su peso. Pasó por su habitación y tomó lo necesario para entregarse al baño. ¡Una toalla de algodón de color azul templado, su ropa interior preferida, siempre de color lúcido, crema para la piel, una esponja de mar, y un peine hecho a mano! ¡Nada más necesitaba Ángel para entrar y salir del baño! Estaba dispuesta a prolongar su ablución a cualquiera de las habitaciones de la casa si fuera necesario, y si en una de ellas reposa Fornicio, le demostraría su poder empresarial. ¡Exhibiría ante el señorito de la casa sus condiciones naturales en las artes sensoriales!
                ¡No lo meditó más y continuó hacia su meta! Por este orden apareció el pasillo, el baño, y la habitación del hijo de la señora Adolfina. Ángel se detuvo justo pasando el retrete y colocó su oído en la puerta del dormitorio. El silencio era absoluto. Nada se escuchaba. Esperó unos segundos pero de su interior únicamente brotó el silencio. No le dio importancia y prosiguió con lo que se había propuesto. Llegó al aseo, la única habitación de la casa sin puertas. Por delicadeza hacía la Dulce Ángel, Adolfina y su hijo colocaron una cuerda con una tela, que hacía las funciones de cortina. Al ser de día, la luz penetraba con mayor intensidad por la ventana y por las amplias grietas de las paredes que comenzaban a ser familiares para la Dulce Ángel.
                Todos los accesorios los colocó en un orden establecido por ella desde siempre. La toalla la dobló en dos, y sobre ella extendió el escaso tejido de ropa interior que utilizaba como prenda para tapar su pubis, porque el trasero quedaba exento de reglas arcaicas. A la izquierda,  y por este orden, la esponja de mar, la crema lubricante, y el peine de hueso de lobo gris que le regaló el desaparecido oficial Turco. ¡Del peine hizo el huso que seguramente el oficial Turco nunca esperó! ¡Un instrumento de trabajo!
                Una de las mejores cosas de la maltrecha casa era el tonel de madera que hacía las funciones de tina de baño. Y si este no era su uso, Ángel se encargó que lo fuera las veces que tomaba un baño en él. El agua siempre estaba limpia, como si brotara de un cristalino manantial. ¡Alguien al conocer este hábito de Ángel, se encargó de mantenerlo impecable! Lo importante en este momento era el baño, y captar la atención del posible espectador de ojos verdes. ¡Dulce Ángel de Morales, comenzó a desnudar su cuerpo como si esta vez lo hiciera por primera vez!         

                                        EPISODIO
                                            -- 16 –
                Desde que Dulce Ángel de Morales entró al baño con todos sus complementos, transitó un buen periodo de tiempo. Su objetivo consistía en asegurarse que el observador estaba en su puesto para comenzar a desnudarse. No deseaba fracasar porque el futuro del negocio estaba en una cuerda floja. Ella sabía que los ojos verdes se dilataban algo más de lo normal cuando miraban por la hendidura. Y en honor a la verdad, Ángel sintió curiosidad la primera ocasión que presintió que la observaban, la segunda placer, y ahora, cuando supo quien era el portador de los inmensos ojos claros, deseó desnudar su cuerpo varias veces al día para que Fornicio la descubriera; porque ella, comenzaba a perder la cabeza con los calores fatigosos de la pequeña Bumel, cuando sentía su presencia en el baño. Estaba algo más que dispuesta a mostrar sus encantos y su arte al eterno mirador de hendiduras.
                ¡El espectador llegó silenciosamente y se posesionó en la misma ranura de siempre, la que permanece en el sitio perfecto para contemplar todos los ángulos del desvencijado cuarto de baño! Ángel sabía que era el momento justo para eliminar las ropas de su piel. Su arte no radicaba en un desnudo delicado o sensorial, no, ella desabotonaba las prendas y solas caían al suelo por la fuerza de la gravedad, sin poner sensualidad en el hecho de desnudarse. Simplemente liberaba su cuerpo de las ataduras para rendirle culto a solas o en compañía. El magnetismo de Ángel arrastraba consigo los preceptos morales, y la pujanza de las voluntades más arcaicas hasta doblegarlas a su antojo. Las prendas de vestir en muchas ocasiones conforman las personalidades de sus portadores, la elegancia y la belleza de los mismos; pero en mi madre, era todo lo contrario. ¡La contemplación del cuerpo desnudo de Ángel provocaba la detención del ciclo normal de vida en un cuerpo sano! ¡Creo la arritmia perpetua y con carácter irreversible en los corazones de todos los que la vislumbraban! Mi madre por conciencia, fue una reponedora de órganos olvidados y dormidos.
               ¡Su cuerpo quedó completamente al natural antes que parpadearan los ojos claros! Esto que les voy a relatar, no lo escuché por boca de mi madre. Ella me contó como siempre, hasta donde quiso que yo supiera sobre el pasado; lo demás, lo escuché por boca de Fornicio que pasado el tiempo, aún su voz continúa templando al rememorarlo. Ángel quedó con cada uno de sus encantos manifestándose junto al tonel de madera. Se giró y le dio la espalda a la pared observadora, para que Fornicio se sintiera cómodo desde su posición. Se apoyó en el borde del depósito y metió la cabeza junto con le torso en el agua. Su pecho se sumergió en la frescura del líquido límpido, mientras que sus pies quedaron en el aire a la altura de la mirada secuestrada entre los tablones de madera. ¡Fue cuando aprovecho el momento para dibujar con los dedos de sus pies un corazón!
                Cada una de las nalgas de Ángel se movía llevadas por el impulso de las inclinaciones independientes de sus piernas. ¡Fornicio a su pesar, contuvo la respiración, y las cavidades de sus ojos se pegaron de un golpe al carcomido madero! La señorita Ángel se introdujo algo más en el agua, y entre su trasero brotó una deliciosa fruta carnosa expuesta a los sentidos de Fornicio. En absoluto esplendor los labios vaginales le arrojaron un beso a la pared del eterno mirador. Los músculos de la vagina se dilataron en un estertor de goce, y se contrajeron, en forma de invitación subliminal. ¡Una incitación directa para que el mirar penetre en las profundidades cálidas de lo desconocido! ¡Ella lo abrió todo, si él no intuía este convite, pasaría con las demás armas a un ataque directo!   

                                         EPISODIO
                                           -- 17 –

¡El cuerpo desnudo de la señorita Ángel comenzó hacer estragos  del otro lado de la pared de madera! Una liberal y prodigiosa vagina se le interpuso en los ojos de Fornicio. El hombre de actitud tímida, posiblemente nunca antes había tenido tan de cerca el fruto carnoso que oculta una bella mujer entre las piernas. Los sudores y las tensiones se reflejaron en cada uno de los órganos del fornido Fornicio.
                ¡El agua se fue deslizando en diminutas gotas por cada rincón de la piel de Ángel! ¡Su propósito lo había alcanzado! ¡Los amplios ojos verdes estaban concentrados en la anatomía generosa de mi madre! El siguiente paso y el más importante, lograr mantener la atención en el lugar hasta finalizar el baño. Para Ángel nada era imposible, lo complicado residía en alcanzar un nivel mayor en cada demostración, sin que decayera el interés. ¡Agotador pero no imposible!
                Entre la pared y la cuba con agua no existía obstáculo alguno. Una línea recta que no dejaba a la imaginación actuar, porque todo, absolutamente todo se podía contemplar. Una voluptuosa mujer que en cada movimiento mostraba un ángulo mejor para ser observada. ¡Del otro lado la respiración comenzó a entrecortarse! Fornicio jadeaba en variados intervalos, y de su frente las gotas de sudores comenzaron a caer sobre sus ojos mirones.
                Desde la posición del observador, las carnes de Ángel se iluminaban con el reflejo del agua. Él pensaba que ella no era conciente que la estaban observando, y desde su perspectiva privilegiada, acomodó la cara, las manos, y su miembro, que amenazaba con prolongar la expansión dentro de sus calzoncillos hasta  chocar contra la pared. ¡Fornicio se confió, y Dulce Ángel de Morales exhibió todas sus armas!
                Sobre su espalda el cabello mojado chorreaba, y el agua continuaba su rumbo por las nalgas firmes hasta alcanzar la hendidura de las mismas y perderse en la oscuridad de su ano. Ella continuaba balanceándose en el borde del tonel, y las piernas al aíre insinuaban, mostraban, y ocultaban un mundo profundo por escrutar. Su culo contrastaba con la carnosidad rosada de sus labios vaginales, que se mostraban soberbios cuando las piernas regresaban a su posición para complacer la mirada. Se inclinó aún más sobre la  inmensa cuba. Dejó las piernas en el suelo en un ángulo de cuarenta grados, y tomó la esponja a la vez que contraía y relajaba el esfínter.

                                     EPISODIO
                                         --18—
                El orificio de la pared no fue suficiente para que Fornicio disfrutara del espectáculo. Sus ansias se hicieron enormes, las pupilas se dilataron, y su pene brotó por uno de los botones del pantalón en busca de algo más que la luz. Experimentó un fuego interno que se desplazaba por su cuerpo hasta abrazarle la piel y los órganos; fue entonces cuando sintió un deseo imperioso por masturbarse. El hijo de la señora Adolfina nunca fue ducho en amores, y de sus relaciones íntimas no se puede hablar con seguridad. Las habladurías sobrepasaban la comarca, y se afirmaba que aún seguía siendo señorito.
                Ángel utilizó la esponja para empapar de jabón su contoneante vagina. Esta vez decidió girar el cuerpo y ponerse de frente al orificio de la pared. ¡Ahora las dos rendijas se verían las caras! Toda ella estaba húmeda. La esponja llegó en el momento justo en que Fornicio estrangulaba con su mano la cabeza de su miembro. Esto siempre lo hacía para detener la eyaculación. Afirmaba que una vez que el semen corre por su mano, poco queda para el placer. El espacio de estar a punto de experimentar el fluir de la leche al exterior indudablemente era irrepetible; por todo esto, aguantaba como un héroe para no desperdiciar la vanidosa infusión. 
                Hacía un buen rato que el hijo de Adolfina se  masajeaba con insistencia su verga. De vez en cuando, y de forma involuntaria, su mano chocaba con fuerza contra la pared de madera. Del otro lado mi madre conciente de su dominio, expandía sus encantos desnudos por toda la habitación. Ella quería sentir con mayor intensidad la respiración de Fornicio. Se detenía en cada movimiento y lo dilataba al extremo para esperar una respuesta del señorito Fornicio.
                Decidió que era el instante justo para bañar su vulva. Con precisión pasó la esponja desde el monte de Venus hasta el laberinto del minotauro. ¡Todo muy lentamente para que los pliegues hicieran su recorrido de un lado a otro sin influir en su forma! ¡Cambió de perfil, se distorsionó y se esparció de una manera descomunal por sus entrepiernas! ¡La rica y poderosa abertura del “dulce ángel” hizo entrar en taquicardia a la inmutable pared! Ella esperaba que de un momento a otro el contenido chorro de semen humedeciera su piel.

                                         EPISODIO
                                             --19--
                La esponja entraba y salía por las piernas de Dulce Ángel sin encontrar un motivo para detenerse. Su clítoris sobresalía de forma descomunal entre sus voluminosos labios. ¡La afortunada esponja con su constante insistencia ruborizó cada detalle de la formidable fisonomía del apetecible coño de la señorita Ángel! A estas alturas a la agotada esponja de mar no se le podía pedir más. En muy corto espacio de tiempo recorrió los relieves del llamativo monte de Venus de mi madre sin dejar un solo rincón sin explorar.
                La pared desde hacía algunos minutos había dejado la prudencia para sumarse al ritmo contagioso de la mano de Fornicio. ¡El pobre hombre marcaba cada vez con más intensidad los nudillos de su mano en la vieja madera! Se masturbaba sin conciencia y sin medida. Sin llegar a esperar como en otras ocasiones a que la imagen de Ángel cambiara de posición ante su agujero. Perdió todo el sentido de la cordura y del compás; porque la métrica dejó de ser agradable para transformarse en un caótico concierto de ejecutores disléxicos. ¡Su mano golpeaba sin orden sobre la pared que amenazaba con venirse abajo!
                Mi madre pensó que era la hora de cambiar de estrategia o Fornicio podía perder los sentidos. Dejó la esponja de mar sobre la silla y se introdujo en la cuba para aclarar su cuerpo. Metió completamente la cabeza en el agua para que el jabón desapareciera por completo de su piel. Todo lo hizo en pocos segundos para no perder tiempo. Atrapó la toalla pero inmediatamente la soltó para ir en busca de la crema lubricante. --¡Será lo mejor!—Pensó mi madre porque sabía que poco tiempo le quedaba. Fornicio había dejado de bufar y podía ser un mal síntoma. ¡Si eyaculaba todo estaría perdido!
                En la pared se desencadeno la calma. Dulce Ángel acabó por salir de la cuba, y sin terminar de asentar el segundo pies en el suelo, comenzó a chorrear de crema su cuerpo. Con destreza y gracia fue esparciendo desde este momento el ungüento muy lentamente por sus brazos, por los codos, por los hombros hasta llegar al cuello y continuar en sus pechos que aún vertían agua. El agua transparente y clara que no deseaba marcharse de sus pezones sin dejar una gota de recuerdo. En este instante se escuchó a una garganta tragar en seco, y acto seguido el monótono golpeteo sobre la madera. ¡Fornicio había regresado a su labor manual!   

                                     EPISODIO
                                        -- 20 –
                El tiempo que había ganado Dulce Ángel al dejar la esponja sobre la silla y tomar la crema corporal, estaba a punto de perderlo. Fornicio con su destreza habitual puso mano a su falo y comenzó a friccionárselo con la certeza de que algo sacaría en claro de su reiterada acción. Ella dispersó por todo el baño un repertorio de objetos para apoyar con hechos concretos su petición mercantil. La duda en Ángel estaba descartada porque poseía en las venas el arte de la seducción. Mi madre después de su mayor fracaso amatorio acarreó con las riendas de sus sentimientos. Se dijo así misma que desde ahora y por siempre, las bridas las llevaría para que el amante nunca se desbocara. ¡Sabía que debía utilizar la crema a la par que sus argumentos!
                Con una mirada de reojo confirmó que Fornicio se estaba masturbando sin despegar el ojo del agujero. Por una parte esto era una buena señal, porque el hombre intentaba consolarse con cierto control sobre sus impulsos. Si Fornicio después de disfrutar del cuerpo desnudo de mi madre en todas sus posiciones, continúa su labor con los ojos cerrados, el semen llegaría más de prisa que las aguas de mayo a la maltrecha pared. ¡Las masturbaciones sin mirar se deslizan como las ideas incómodas por la cabeza, buscando la salida más cercana al exterior!
                No lo pensó más, y sin dudarlo, fue en dirección a la pared del consagrado orificio y acercó su boca al mismo. El jadeo y el sonido seco sobre la madera desaparecieron. Tenía clara sus intenciones, pero antes debía hacerle la pregunta al hijo de la señora Adolfina, porque el tiempo es oro.
__ ¡Fornicio! –Su voz pasó por el orificio como el viento por una caña perforada-- ¡For-ni-cio! –Volvió a insistir—¡¡F-o-r-n-i-c-i-o-s-é-q-u-e-e-s-t-á-s-d-e-l-o-t-r-o-l-a-d-o!! –Sus palabras al parecer no llevaban sonido-- ¡Muy bien, entonces escúchame! –Le dijo mi madre sin rodeos-- ¡El negocio está muy atrasado y necesito dinero para pagarle a los oficiales, y para terminar de comprar lo necesario, que no es poco! ¡Tu madre me dijo que consultara contigo si..........!
__ ¿Cuánto necesitas?
                A mi madre le pareció que era la primera vez que escuchaba la voz de Fornicio. Quedó perpleja, y su cuerpo perdió el sentido y el movimiento. Desde los tiempos del oficial Turco, el temblor no había aparecido por su vida. Estas dos palabras la dejaron sin piel, ahora se sentía completamente desnuda ante una voz que la hizo vibrar. Ante una frecuencia armónica que turbó sus puntos más sensibles dejando sus órganos en estado catatónico. Ahora ella deseaba correr por la pared y fundirse al aliento de las mágicas palabras que llegaron a sus oídos desde la habitación del hijo de la señora Adolfina.

"LA VIDA SECRETA E ÍNTIMA DE AGAPITO MORALES"


   
                                         


                                                      EPISODIO
                                                         -- 34 --
                   Rebeca descansó todo el día y la señorita Ángel decidió no hacerla pasar por la agotadora prueba hasta que no estuviese recuperada del todo. Esta mujer le demostró a mi madre que es capaz de sobreponerse a las dificultades para alcanzar un proyecto determinado, y esto es válido y suficiente para los objetivos de mi madre. No se lo expresó, pero con toda seguridad la señorita Rebeca formaría parte del selecto elenco de La Pequeña Bumel.
                 Para no perder el día, y no hacer esperar demasiado a las demás aspirantes que se amontonaban en la entrada de la residencia que la amiga de la señora Adolfina había cedido con mucho gusto, la señorita Ángel tomo la certera decisión de comenzar por una de las pruebas colectivas. Aprovechando que el señor Fornicio se presentó en la residencia para trasladar algunas cosas que le había solicitado mi madre desde bien temprano en la mañana, lo retuvo para preguntarle si estaba dispuesto en colaborar con ella.
__ ¿A qué se refiere en concreto? –Preguntó Fornicio con cierta duda.
__ ¡Por ejemplo, para comenzar y no perder tiempo necesito que le tomes el nombre y los demás datos a cada una de las mujeres que esperan fuera! ¡Las llamarás por orden y una por una, y en este cuaderno dejarás las reseñas de cada una de ella, lo harás tú solo en una de las habitaciones de la casa, por ejemplo en uno de los dormitorios! ¿Te parece bien?
                 Le preguntó mi madre sabiendo que Fornicio por el simple hecho de mantenerse el mayor tiempo posible lo más cercano a ella, aceptaría la proposición.
__ ¿No sé si valgo para esto? ¿En el dormitorio? –Fornicio temblaba nada más pensar en lo que le había propuesto mi madre.
__ ¡Sí en el dormitorio! –Le contestó mi madre-- ¡Naturalmente que vales para esto y para muchas cosas más! –Las palabras de mi madre lo ruborizaron.
__ ¿Es lo único que tengo que hacer? –Preguntó una vez más Fornicio.
__ ¡Por ahora sí y es suficiente! ¡Recuerda una por una y la entrevista la harás en el dormitorio!
                 Fornicio aceptó pero algunas dudas no fueron despejadas por mi madre, pero acepto que era lo que andaba buscando la suspicaz señorita Dulce Ángel de Morales. Dejó a Fornicio solo frente a la multitud de mujeres que no esperaban esta sorpresa. Fornicio se presentó ante la puerta exterior con un lápiz en la mano derecha, y en la izquierda el cuaderno que le entregó mi madre.
_ ¿Quién es al, digo la pri….mera en la, la que sigue en….la co…la? ¡Qué pase! –La última frase fue la única que le salió fluida.
                 La señorita Ángel hizo pasar de una vez a diez mujeres y las colocó en el centro de la habitación.
__ ¡Comenzarán haciendo un círculo, se moverán en la dirección que estimen oportuna, pero siempre en el propio círculo, sin salir de él! ¡Podrán improvisar lo que se les ocurra el tiempo que necesiten, pero al final deben quedar completamente desnudas alrededor del círculo! ¡Por último, no deben hablar ni ponerse de acuerdo en nada, aunque se podrán relacionar entre sí sin ninguna limitación! ¡Recuerden, en el círculo, actuando, sin hablar, y desnudas! ¿Entienden?
                 No hubo preguntas. Naturalmente que no entendieron nada, pero después de presentarse para un trabajo nada particular, y conocer a una mujer nada particular que se hace llamar señorita Dulce Ángel de Morales, cualquier cosa podían esperar de la pasmosa mañana las aspirantes a La Pequeña Bumel.     

Continuará........................
DISEÑO GRÁFICO: MANDY BLUEE.
                 

                       

lunes, 18 de febrero de 2013

¿CÓMO PODEMOS TENER CONFIANZA EN NOSOTROS MISMOS?








LA EVOLUCIÓN ILUSTRADA (I).

                                                    -- CINCO --
                 Lo importante es tener claro cada etapa y saberla diferenciar. En un principio nos basamos en la pura imitación. Es el período en que tomamos de aquí y de allí sin hacer menosprecio de nada, aun sabiendo  que puede estar mal, o que el resultado nos conduce a un final desastroso. Esto debe ocurrir normalmente en la infancia donde vamos captando todo lo que nos rodea para fortalecer el espíritu y la consciencia. ¡Está bien! ¡Hay que probar siempre para hacer una selección de las cosas que serán válidas en nuestra vida! Pero esto será como dije anteriormente, una etapa, y como etapa debemos concluirla y dar paso a la siguiente para entrar en el círculo reducido de la evolución ilustrada.
                 Hay dos maneras fundamentales de alcanzar una evolución ilustrada. La primera pero no por ello la más legítima es apoyarnos en algún estudio que nos pueda allanar el camino. La pregunta nos la debemos hacer, es fundamental, qué estudiar para pasar a la siguiente etapa. No importa lo que se estudie, la simple razón de tomar esta decisión significa que no lo hicimos del todo mal en la infancia, imitamos hasta encontrar lo que buscamos, y de esta manera estamos en disposición de obtener un logro. El segundo modo o manera sería profesionalizarnos directamente a través del trabajo, aunque no sea por la vía de la enseñanza superior. Aquí llegamos a ser especialista de nuestra materia porque lo logramos con el aprendizaje directo. Es otra vía y está muy bien.
                 De cualquiera de las dos maneras no significa que hemos logrado la ilustración. Esto es nada más la base para saber o ser consecuente de que no debemos someternos al tiempo y a los presentes hechos. Desde este instante, al terminar una carrero o al elegir una profesión nos abrimos hacia nuevas posibilidades en nuestro entorno. Es la etapa de la inconformidad para no caer en la rutina de que mi vida ha concluido con la etapa del conocimiento y ahora sólo me queda poner en práctica lo aprendido, no es así, desde este instante comienza lo mejor; si estamos dispuestos entraremos en la evolución que nos puede llevar a la ilustración.
                 En estos tiempos el ser ilustrado es un factor a tener en cuenta cuando la sociedad nos conduce a la inercia, a la aceptación de cualquier contrato para que estemos lo más estáticos posible, porque una persona que solamente se dedica a un pensamiento fijo, es un ser que no da problemas y es el que necesita el sistema para continuar con su maquinaria demoledora. Ser ilustrado nos coloca en una nueva etapa en la que no todos entramos porque se nos ha educado que después de un “cierto” aprendizaje no debemos continuar intentándolo, porque más allá del conocimiento no hay nada, solamente simples especulaciones de cabezas pensantes que rompen con el sentir de la colectividad, y más que actores somos colocados en la platea para ser simples espectadores de nuestra realidad. El inconformismo está mal visto para algunos ojos que nos pretenden guiar.                    
     
Continuará……………

jueves, 7 de febrero de 2013

"CELIBATO"


                                              

                                                             -- 7 -- 
                 Es el instante de entrar en una nueva etapa. Saldré a la calle con la intención de provocar a mi pulcro celibato. Con toda finalidad me incorporaré al fluir cotidiano en cualquiera de sus vertientes. Para este tipo de comprobación debo alcanzar un grado eminente de provocación. Y esto me lo proporciona indudablemente un contacto directo con el entorno que me rodea. No quiero decir que desde el primer momento en que comencé con mi celibato he vivido apartado del mundo, no, es que la relación que he podido mantener hasta ahora no ha sido más que la justa y necesaria en estos menesteres; me incorporo a la calle para obtener lo que necesito y nada más. Por estas razones personales debo ir en busca de la provocación y mantenerme como es lógico célibe para merecer esta distinción que me he planteado por propia voluntad.
                 Las tentaciones andan sueltas en cada minuto por la ciudad o el campo. En mi caso me entregaré al fluir de la urbe que con solo meditar me induce a un goce peligrosamente grato. Dentro de una ciudad, independientemente de si es capital o no, y en referencia a su escasa o proporcionada población, reside la variedad necesaria de elementos que ando buscando para mi experimento. Deben recordar que seré un célibe activo en el sentido de no permanecer enclaustrado y alejado de la más mínima tentación. Seré yo el que incite, estimule, y hurgue en cada una de mis emociones y de las ajenas, para desafiar buenamente a la lujuria que llevo en mi interior; pero únicamente sin traspasar la frontera de la castidad.
                 Hoy será el día. Comenzaré por poner mi pie izquierdo en la calle, simplemente eso, sin llegar a plantearme grandes metas. Me dejaré llevar por cualquier casualidad o peripecia que me induzca al centro de los empeños que ando buscando. Un simple paseo me conducirá al fondo de mis finalidades. ¡Nada más!
                 Son las 8:00 a.m y he dado mi primer paso. Estoy en la puerta de mi casa que da a la calle. Salgo. La mañana está fresca. Solamente una ajustada camiseta resguarda mi torso. Siento el viento sobre mis músculos. Una corriente persistente golpea mi piel y deja cada uno de mis bellos corporales en una dilatada erección. La brisa penetra por mis poros. ¡Ha sido inevitable este cortejo! La frescura junto con el rocío invade mis evidentes orificios sin dar a penas explicación. No le doy la mayor importancia y comienzo a caminar. Desde la acera la gran avenida me provoca los sentidos con su extenuante cúmulo de información visual y no puedo dejar de ser indiferente; aun así no me detengo y continuó calle abajo dejando que la pura realidad intervenga razonablemente en mis afectos. A partir de comenzar con mi experimento me quedé desprovisto de impresiones fuertes que fuesen capaces de activar los poderosos latidos de mi corazón. Los excesos fueron totalmente eliminados de mi vida diaria.
                 ¡Es suficiente! ¡No deseo por el momento ir más allá! La ciudad despierta y como uno más me incorporo a ella sin la mayor trascendencia. Los autobuses con su estentóreo rugir dejan sus huellas sobre el asfalto y siento la brama entre mis huesos.       

Continuará............................
fOTOS:ara.